La reciente publicación en Italia de la antología La casa triste dei cieli (1984-2025), bajo el sello renovado de la editorial Anteo y con una nota crítica de Anika Persiani, devuelve al debate cultural europeo la trayectoria completa de Tarek William Saab, uno de los intelectuales venezolanos más prolíficos y debatidos de las últimas décadas. Poeta, ensayista y actual Fiscal General de la República, Saab ha construido una obra literaria que dialoga de manera constante con su compromiso político y social.
Con 17 libros publicados y traducidos a varios idiomas, Saab se define —como lo anuncia su página oficial— como el “poeta de la revolución”. Desde sus primeros escritos surgidos en las luchas estudiantiles de los años setenta hasta su actual rol institucional, su producción literaria ha transitado una búsqueda ontológica que combina la herencia estética de la Beat Generation con una defensa férrea de la dignidad del Estado y de los derechos humanos.
La antología recoge poemas escritos a lo largo de más de cuarenta años, entre ellos textos emblemáticos como Mudanza (Los ríos de la ira, 1987), donde el autor explora la identidad, la herida y la persistencia como motores de la acción vital. En su obra no hay resignación ni derrota, sino una constante regeneración del origen a través del compromiso.
Esa misma urgencia poética marcó libros como Los niños del infortunio (2006), escrito tras un viaje a Pakistán luego del devastador terremoto de 2005, al que Saab asistió por invitación de Fidel Castro. En ese volumen, el poeta documenta el dolor social desde una mirada de “ternura cruda”, cercana —según críticos— a la sensibilidad de Pier Paolo Pasolini, elevando el sufrimiento colectivo a una dimensión casi sagrada.
Críticos literarios han catalogado su escritura en verso libre como “postmodernista”, destacando su ritmo interior y su capacidad para indagar en las zonas más oscuras de la experiencia humana. En su libro más reciente, Un tren viaja al cielo de la medianoche, Saab vuelve sobre la idea del desplazamiento, la resistencia y la búsqueda, como lo expresa en versos que evocan “la fuerza de los nómadas”.
El poeta Luis Alberto Crespo, al comentar La casa triste dei cieli, señala que en esta obra se reconoce “la búsqueda de una tierra prometida”, entendida como la síntesis entre el poeta y el justiciero, una dualidad que atraviesa toda la producción de Saab. Para el autor, la ley solo adquiere sentido cuando protege al más vulnerable; de lo contrario, se convierte en una abstracción opresiva.
Esa tensión entre el creador lírico y el funcionario público —comparado por algunos analistas con un moderno Saint-Just— constituye uno de los ejes centrales de su figura. Saab ha insistido en que no existe verdadera revolución sin una revolución del lenguaje y de la sensibilidad, transformando la palabra en una herramienta de defensa política y cultural.
Su obra lo inscribe en la tradición latinoamericana de los poetas militantes, en diálogo con figuras como Roque Dalton, José Martí y César Vallejo, para quienes la poesía no era un adorno estético, sino una forma de acción. Como Dalton, Saab concibe la escritura como un acto de fidelidad a su pueblo y a su tierra.Multipremiado dentro y fuera de Venezuela, Tarek William Saab emerge en esta antología como un intelectual que rompe el molde del funcionario convencional: un creador que ha hecho de la lírica una trinchera simbólica y de la memoria un derecho irrenunciable. En un contexto de fuertes tensiones políticas y presiones externas sobre el país, su poesía se presenta como un espacio de resistencia y afirmación identitaria.






