Las acciones militares de Estados Unidos (EEUU) en Caracas en la madrugada del pasado 3 de enero, que condujeron a sacar por la fuerza del país al mandatario Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, han sido estudiadas por políticos, militares, opinadores y analistas. El diario Tal Cual divulgó un trabajo en el cual se plantea explicar las razones por las cuales fueron atacados determinados lugares.
En el portal defensa.com, el experto militar Juan Ángel López Díaz comparte su visión sobre lo sucedido.
«La incursión llevada a cabo durante la madrugada del 3 de enero de 2026 fue el resultado de una operación multi-dominio, cuidadosamente planeada, en la que la superioridad aérea, como en cualquier operación anfibia, fue condición sine qua non frente a un adversario que, contaba con una defensa considerable. La Operación Absolute Resolve, para efectuar una hot extraction del ex Presidente Maduro y su mujer, combinó superioridad aérea, ISR persistente, guerra electrónica, ciberespacio y una inserción quirúrgica de fuerzas especiales en su bunker de Caracas», aseveró el coronel retirado y miembro de la Asociación Española de Militares Escritores.
Según su visión, «la operación debe entenderse como el capítulo final de una larga campaña de erosión técnica y de inteligencia que provoco que las defensas venezolanas actuasen en un vacío informativo total. La misión tuvo éxito, no tanto por la precisión y velocidad de las fuerzas sobre el terreno, que también, sino porque el entorno operativo fue modificado para que cualquier resistencia resultara, técnica y tácticamente, improbable».
El militar evalúa que, para enero de 2026, «Caracas estaba protegida por una defensa aérea multicapa que incluía:
- S-300VM Antey-2500, como vector de negación de área de largo alcance.
- Buk-M2E y S-125 Pechora-2M, cubriendo capas media y baja.
- Sistemas de guerra electrónica de origen chino, orientados a interferencia radar y enlaces de datos.
- Su-30MK2, asignados a la defensa aérea de área y punto.
- Drones de origen iraní ensamblados localmente, empleados para vigilancia y disuasión.
Su diseño «resultó insuficiente para detener la Incursión Anfibia de Estados Unidos, con un volumen de medios, adiestramiento, y capacidad de ISR que muy pocos países pueden tener«.
De acuerdo con López Díaz, la fase aérea inicial se desarrolló durante las primeras horas del 2 al 3 de enero. «En menos de 30 minutos, el Componente Aéreo Conjunto ejecutó una campaña SEAD/DEAD de alta densidad, para eliminar cualquier riesgo operativo para la inserción y extracción del Grupo Aero-táctico que desplegó a las unidades para llevar a cabo la incursión. Pero para ello colaboraron, además de los buques de la US Navy, más de 150 aeronaves, basadas en la mar y en bases terrestres:
F-22 Raptor y F-35A/B Lightning II, en misiones de penetración stealth.
EA-18G Growler, degradando sensores, radares y comunicaciones.
F/A-18E/F Super Hornet y B-1B Lancer, empleando municiones de precisión.
E-2D Hawkeye, E-3G Sentry y nodos BACN, gestionando el espacio aéreo.
Drones ISR y armados, confirmando daños y redirigiendo fuegos en tiempo casi real».
El F22 es descrito como un avión caza de quinta generación:

El EA-18G Growler es presentado por medios de comunicación como «el avión de guerra electrónica de Estados Unidos especializado en “cegar” radares y comunicaciones»:

El F/A-18E/F Super Hornet se considera un caza-bombardero de mayor movilidad, mientras el B-1B Lancer se describe como un bombardero pesado.

Los Super Hornet ya habían ingresado a Venezuela en diciembre pasado, como lo registraron medios de comunicación y analistas.
E-2D Hawkeye, E-3G Sentry y nodos BACN son presentados como plataformas de control y comunicación.

Los drones ISR se emplean para inteligencia, vigilancia y reconocimiento.

Las defensas aéreas habrían intentado responder, «pero al parecer lo hicieron de forma fragmentada y sin coordinación efectiva, por lo que quedaron rápidamente fuera de combate o desconectadas del sistema de mando. Ataques contra infraestructuras, de energía y comunicaciones aceleraron el colapso funcional de la red defensiva».
Con la red Surface to Air Missile (SAM) degradada, afirmó, «el siguiente paso fue impedir cualquier reacción desde el aire. Se neutralizaron pistas, hangares y nodos logísticos, mediante misiles de crucero lanzados desde plataformas navales, que impidió intervenir a los Su-30MK2. Por ello no hubo combates aire-aire y la superioridad aérea estadounidense fue total. Una vez garantizada la neutralización de la defensa antiaérea, comenzó la operación de extracción. Helicópteros MH-47G y MH-60M del 160th Special Operations Aviation Regiment (Airbone) (SOAR) se infiltraron a muy baja cota desde el Caribe, protegidos por una burbuja aérea de cazas, drones armados y plataformas ISR. En la aproximación final y durante la extracción se registraron combates, incluidos impactos a uno de los helicópteros, que no alteraron los planes de la ejecución, lo que confirma que la defensa aérea venezolana ya no operaba como sistema, sino en focos aislados».
Con base en la información disponible por los bombardeos estadounidenses fallecieron 21 militares venezolanos, 32 funcionarios de seguridad cubanos y al menos dos civiles.






