El supuesto plan piloto que se probó el 12 de septiembre no llegó a nada concreto. Los operadores siguen a la espera de buenas noticias. Mientras tanto, los bañistas ingresan a algunas playas y aprovechan la arena y el mar hasta que funcionarios de Polivargas los hacen salir. La infectóloga Patricia Valenzuela llama a organizar la reapertura con las debidas medidas, como control de aforo, uso de mascarilla, agua y jabón y delimitación clara de espacios

La mejor muestra de que es posible el distanciamiento físico en una playa venezolana la dio, este sábado 26 de septiembre, la gente que estacionó su cuerpo en playa Los Cocos, en Caraballeda. Arena ardiente y agua clara recibieron a las pocas personas que aprovecharon la jornada de flexibilización de la cuarentena para disfrutar de una actividad todavía no permitida.


Desde el inicio del confinamiento, en marzo pasado, se prohibió ir a las playas. Un intento de plan piloto -cómo lo reportó el periodista Arnaldo Espinoza- el 12 de septiembre terminó sin decisiones. De la reunión entre el ministro de Turismo y Comercio Exterior, Félix Plasencia, y algunos prestadores de servicios playeros nada se supo oficialmente. Pero los caraqueños tienen en La Guaira su lugar de esparcimiento, y esa andanada de gente que quiere mar solo se ha contenido por la escasez de gasolina y las alcabalas policiales y militares.

En playa Los Cocos una muchacha se bañaba con su hijo, de unos tres años, y tanta sonrisa como sol alumbraba este sábado. Venía de más lejos de Caracas, y no había visto playa desde hace seis meses. Estaba tan feliz, que ni el hecho de que su marido estuviera “retenido” por la policía (por estacionar el carro en el lugar) la hacía perder un minuto de baño.

Ese detalle revela una de las realidades de La Guaira con playas pero en flexibilización de cuarentena: si vas a pie, a lo mejor te puedes dar un chapuzón. Si intentas ingresar con tu vehículo, muy difícil que pises la arena siquiera. Alguna de las policías te detiene, te pide los documentos. Como lo hacía un funcionario cerca del balneario Alí Babá, que este 26 de septiembre pedía “cédula y los papeles del carro” a quien se acercara. Las playas formalmente siguen cerradas por la COVID-19.

¿Qué se necesita para abrirlas otra vez? La doctora Patricia Valenzuela, médica infectóloga, indica que la reapertura de playas implica una logística compleja: “No es solamente permitir el acceso a la playa; la cuestión es que toda actividad que fomente que se aglomeren o se reúnan personas facilita la transmisión del virus, y más en el contexto de Venezuela”.

Valenzuela puntualiza que en el país “seguimos estando en un crecimiento exponencial” aun cuando los reportes diarios hablan de 700 o 1.000 casos. “Seguimos estando en un crecimiento exponencial, en un crecimiento que ha sido sostenido y que siempre va a ser un riesgo, porque sigues teniendo transmisión comunitaria y condiciones que no son las ideales para retomar algunas actividades”.

Tira y encoge

“En este estado vivimos del puerto, el aeropuerto y las playas y todo está cerrado. Vamos llevando el bulto”, refiere Asdrúbal, uno de los operadores playeros de La Guaira. Se ilusionó con el ensayo del 12 de septiembre, pero se molestó mucho cuando vio que no hay fecha para el regreso a la normalidad y advierte que usará la herramienta que tiene a mano: abstenerse en las elecciones parlamentarias. Ha soportado estos meses -según su cuenta son siete y no seis, porque su ahogo comenzó al terminar la temporada del Carnaval- sin trabajo, sin ayuda y sin ingreso, con un paquete de arroz que le consiguen, unos bolívares que le deposita un hermano, algún encargo. Explica que el CLAP no llega desde hace más de dos meses, y que en el puerto no se descarga nada (“aquí sabemos todo lo que pasa”).

Bibiana se bañaba con su primo en una de las playas de La Guaira. Su cumpleaños número 13 la agarró ya con la cuarentena, y sus papás decidieron que este fin de semana de flexibilización le darían el regalo que esperaba: tres días de mar. Llegó el jueves a casa de una persona cercana -en Venezuela somos comadres y compadres y esos lazos no se desatan con el tiempo- y tenía previsto regresar el domingo. El coronavirus no la asusta. Tampoco cree que debe usar el tapabocas en la playa.

“Esa gente sí se puede haber contagiado”, afirma Bibiana. “Esa gente” es un grupo de personas que se amontonó debajo de un techo de paja para esperar que funcionarios policiales se marcharan y ellos retornar al agua (se juntaron cerquita y sin máscara). En ese balneario los funcionarios de Polivargas intentaban dialogar con los bañistas, hicieron salir los carros, pero apenas se retiraban, las personas volvían de nuevo. Así fue por varias horas.

Con un plan claro

La infectóloga Patricia Valenzuela, que entiende que la gente lleva mucho tiempo encerrada y necesita un respiro, señala que lo que no se debe hacer es “abrir las playas y no tenerlas acondicionadas; debe ser al revés, debes prepararte para abrir tu servicio turístico, y eso implica un protocolo”. Las normas ineludibles: distanciamiento físico, agua y jabón para que la gente se lave las manos, uso de mascarilla (no para el baño), horarios, límite de entrada, pequeños grupos. “Son muchos detalles que debes tomar en consideración”.

La doctora insiste en que, si se reabre, que sea con un plan claro, en vez de abrir y luego elaborar el plan. Lo que se ha hecho en otras naciones es un ejemplo a estudiar, por la delimitación de espacios, la restricción en el número de usuarios.

La Sociedad Venezolana de Infectología y sus especialistas están a la orden para asesorar ese retorno, mas -como lo expone Valenzuela- no han sido contactados por las autoridades.

Asdrúbal ha visto morir por covid-19 a médicos cubanos, ha visto enfermar a vecinos, lo han robado, ha pasado hambre. Compara la epidemia con una plaga bíblica: “En las noches pienso que todavía faltan seis”. Él se entiende con su mar. Pero no logra comprender las razones por las cuales las playas siguen cerradas.