El dirigente político y diputado Edgard Raúl Leoni analiza las razones que justifican la celebración de unos comicios de gran alcance

Si algo ha estado en la mesa de debate durante las últimas semanas es la idea de un proceso de megaelecciones regionales. Varios son los puntos que se ventilan y uno de ellos es la aún trasnochada idea de participar o no.

Otra realidad que va cobrando fuerzas es la forma de cómo incorporar a quienes tardíamente tuvieron la epifanía y ahora sí creen que deben participar. Va a ser muy interesante el desenvolvimiento de estas posturas en los proximos días, más aún cuando se nombre a las nuevas autoridades del CNE por la Asamblea Nacional e inmediatamente dictaminen la fecha, forma y tipo de elecciones que vamos a tener este año.

Precisamente ahí es donde dirigimos la mirada con el presente artículo, ya que algunos autores y analistas, muchos de los cuales me merecen gran respeto, han manifestado la conveniencia o no de que el próximo proceso electoral regional sea solo para elegir gobernadores o que incluya a todas las autoridades regionales, como lo serían alcaldías y consejos legislativos.

Lo que pareciera indiscutble hoy en día, es que la mayoría de esos actores políticos está de acuerdo con la participación. Quienes discrepan de una megalección esgrimen que ir de forma conjunta implicaría una entrega absoluta del país y que el proceso debería ser de forma separada. Su fundamento radica en los resultados y el comportamiento del votante el 6D en las elecciones parlamentarias. 

Sobre lo anterior me gustaría hacer las siguientes reflexiones:

1. Momentum.  Hay aquí dos situaciones que debemos analizar.  En primer lugar, la diferencia en los tiempos respecto a hacer dos procesos de forma separada no es significativa, apenas unos meses.  Ir primero a un proceso de elección de gobernadores y luego a uno de alcaldes, no necesariamente va el primero a dinamizar al segundo.  Por el contrario, pareciera más factible que se produzca un resultado adverso en las elecciones de Gobernadores y eso puede traducirse en desestimular la participación en los comicios para elección de alcaldes.

Sobre el timing, no podemos perder de vista algunas experiencias, entre ellas, la más recientes fue sin duda el efecto Guaidó, en los meses siguientes a su elección como Presidente de la anterior Asamblea Nacional en enero 2019.

Si recordamos bien, la figura de este señor era prácticamente desconocida al momento de su designación, y en poco tiempo logró acumular mas del 60% de apoyo popular, convirtiéndose en un verdadero problema para el Gobierno.

Lo que hizo el guadosismo con todo ese capital político es otra historia, pero sin duda no se puede negar que en muy poco logró aglutinar un apoyo importante que de haber sido bien manejado, con toda seguridad estuvieramos en otras circunstancias políticas y económicas en el país.

En conclusión, sobre el momentum es que con respeto debo disentir de la opinión que las megaelecciones pueden ser un evento que lleve a desaparecer a la oposición o que son inconvenientes.

Si se consolida una unidad, si se le habla claro al país, si se corrigen los errores que han desestimulado y desmovilizado a la gran mayoría de los venezolanos que queremos un cambio de gobierno, pero sobre todo, si se le explica al país el porque la ruta democrática y participativa es la única vía posible que puede generar cambios tangibles y sacar a Venezuela del zanjón donde nos metieron, podemos repetir el fenomeno de acumulación de fuerzas y convertirnos en un contendor importante al Gobierno en las proximas elecciones regionales, y por consiguiente, prepararnos para unas eventuales elecciones presidenciales.

2. Recursos Financieros.  Dividir las elecciones regionales en dos procesos, sin duda le pone a la oposición una carga adicional de difícil cumplimiento.  Contar con los recursos económicos para abordar está campaña es sin duda el segundo gran reto.  Aún cuando el aparato del Gobierno ha venido sufriendo mermas importantes en su popularidad y evidentemnte en sus finanzas, aún cuando los programas sociales utilizados de forma proselitísta son cada vez de peor calidad y menos, no es menos cierto que el Gobierno es un gigante, tienen actualmente la mayoría de las regiones controladas, por lo que poseen una ventaja en recursos y eso es evidente.

Nuestra mejor opción es sin duda un solo proceso electoral para elegir a alcaldes y gobernadores, pues da la oportunidad de sumar esfuerzos, cautivar nuevamente el voto, apoyandose y cuidandonos los votos entre todos.  Donde en unidad, los candidatos a alcaldes y consejales suscriban a sus gobernadores y viceversa.  Donde en definitiva se sume.

3. Actores.  No es lo mismo ir a un proceso de elección de gobernadores en donde una veintena de aspirantes llamen a participar y trabajen para conquistar nuevamente a esa masa crítica necesaria para obtener una victoria, a que se sumen a ese llamado otros trescientos treinta y cinco aspirantes adicionales, más los candidatos a consejos legislativos y legislaturas estadales.

Sin duda esto convertiría a ese proceso electoral en un llamado mucho más global, donde todos esos actores aspirantes saldrían a patear la calle y convencer a sus respectivos electores de la necesidad y conveniencia de participar.  Por eso es que me inclino a que el proceso electoral de elección, sea lo más global posible.

Por último, si nos convertimos en la tormenta perfecta contra el Gobierno, es decir, vamos en unidad, en el momento preciso, con recursos escasos pero suficientes para estar a la altura del compromiso, con todos los actores que optamos por la vía democrática y en la que diariamente somos más, podemos contrarestar cualquier intento de boycot de quienes llaman a la abstención y al rechazo de la vía electoral.  Podemos desvirtuar nuevas consultas como las del 12D, que lo único que trajeron fue el abandono de la ruta que nos queda en la oposición, y de la cual nunca debimos salir, el voto!