«Vamos bien, pero podemos ir mejor». Esta es la frase que Hiram Gaviria, presidente del Partido Unión y Entendimiento (Puente), utiliza para describir el momento actual.
«Este momento de un nuevo rumbo, aun cuando al frente de los destinos del poder ejecutivo estén gobernantes que vienen del viejo régimen», señala. «Se han producido hechos que son inocultables. Ha habido una liberación significativa de prisioneros políticos, la Ley de Amnistía, el lenguaje de del gobierno es menos pugna. Se ha abierto la economía con la Ley de Hidrocarburos, la Ley de Minas. Nos hemos reinsertado en los organismos financieros internacionales y nos hemos reinsertado también en la comunidad internacional, empezando por los Estados Unidos. Eso apunta en la buena dirección, pero eso no es suficiente», subraya.


Gaviria, quien aclara que este reconocimiento que hace Puente no debe confundirse con complacencia, indica que se debe liberar a todos los presos políticos, civiles y militares. «Existen las vías establecidas en la Constitución, como el indulto, que en el pasado se utilizaron. Se utilizaron, por ejemplo, en 1994 con quienes se rebelaron contra un gobierno constitucional como el de Carlos Andrés Pérez; allí se produjo un sobreseimiento, más que un indulto. Un sobreseimiento porque los juristas dicen que el sobreseimiento va sobre el hecho, sobre el delito, mientras que el indulto va sobre la persona. Hoy podemos, por la vía legislativa o la vía del poder ejecutivo, o incluso el poder judicial, terminar de liberar a los presos políticos y darle garantías plenas a quienes han sido excarcelados».
El dirigente político suma a las demandas la plena libertad de expresión y propone un paso más. «Tenemos que ir a un pacto de Estado en el cual los actores políticos, económicos y sociales se den garantías y se haga lo que se ha hecho antes aquí en Venezuela, lo que se ha hecho en el exterior: un pacto para asegurar el futuro».
Gaviria recuerda que algo similar se hizo en 1958, luego de la salida de Marcos Pérez Jiménez. También lo adelantó el presidente Rafael Caldera al final de la década de 1960 con la política de pacificación. «Ese pacto no puede ser un pacto de élites. Nosotros concebimos ese pacto como un pacto en el que participen actores políticos, académicos, sindicatos, jóvenes, iglesias, credos religiosos. Que en la Carta Magna, en la Constitución se establezcan esas garantías para que en un proceso electoral, que es inevitable, quienes no tengan el favor mayoritario puedan seguir subsistiendo, ejerciendo sus derechos políticos, económicos, familiares y sociales».


El pacto «puede ser negociado entre actores principales: los gremios empresariales, los gremios sindicales, los partidos políticos, los representantes de las iglesias, los sindicatos, y luego que sea el pueblo soberano, a través de un referéndum, el que valide ese pacto. Validado el pacto de Estado, un pacto de garantías, podemos ir al proceso electoral», evalúa.
Sin embargo, para que ese pacto pueda ser validado, «tenemos que cambiar previamente poderes constituidos. Por ejemplo, ya comenzó un proceso. Cambiar el poder judicial significa revisar la ley orgánica del Tribunal Supremo de Justicia y la composición del Tribunal Supremo de Justicia, los magistrados. Pero hay que cambiar el poder electoral. El poder electoral no puede quedar al final de estos cambios. Al mismo tiempo que estamos cambiando el poder judicial, debemos cambiar el poder electoral. No solo cambiar los rectores del CNE, sino también un proceso que lleve a la revisión del Registro Electoral, la apertura para que nuevos votantes se inscriban, garantizar el voto de los venezolanos en el exterior, levantar las inhabilitaciones políticas de partidos y de personas».
Puente, por ejemplo, es un partido inhabilitado, al igual que lo está el propio Gaviria. ¿Cómo se habilita? «Un poder electoral conforme a la Constitución y a las leyes con rectores independientes, equilibrados, que le den garantía a la población», replica.
Para el presidente de Puente es perentorio trabajar en una enmienda constitucional para «eliminar la reelección indefinida, que ha sido perniciosa en este periodo y en toda la historia de Venezuela» porque ha impedido la emergencia de un nuevo liderazgo. «Nosotros tenemos que ir a un país sin reelección indefinida, acortar el periodo residencial para que la gestión sea más ágil y más eficiente y regresar a la bicameralidad. El Senado es importante, porque el Senado es representativo de las regiones, de los estados y de las minorías.
Todo debería trabajarse al mismo tiempo, sugiere Gaviria. Es decir, un pacto de Estado avalado por un referéndum, reinstitucionalización y enmienda constitucional. «No se trata de adelantar los acontecimientos y particularmente enarbolar la bandera, muy justa, de elecciones ya. Se trata de asegurar esas elecciones, porque votar no es suficiente. Tenemos que elegir con la confianza de que el resultado va a ser reconocido por las partes, que no suceda lo del 28 de julio de 2024».





