Al menos 9 millones de personas necesitan apoyo nutricional. El diputado y médico José Trujillo pide que no se politice la presencia del PMA en el país. El Programa Mundial de Alimentos no funciona como los CLAP, sujetos a manipulación política, aclara el consultor Phil Gunson. “Que venga un actor de la fuerza y del tamaño del PMA, y que no esté bajo control, debe ser un factor de temor para Maduro”

La mamá, con un niño abrazado a sus piernas, dejó atrás los montones de basura en la avenida Solano de Caracas, en Sabana Grande; se acercó a la señora que venía de recibir la bolsa con los productos CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) y le pidió ayuda. Deme lo que pueda, le rogó. La señora le entregó un paquete de harina de maíz. Esta noche te hago arepitas, le prometió la mamá al niño.

En el rompecabezas de la crisis venezolana hay un eje transversal: el hambre. El hambre que hizo que Esteban, un trabajador de clase media, comiera ocasionalmente de la basura en el año 2018. El hambre que empuja al vigilante de un edificio a pedir cada mañana una tacita de café para amortiguar el reclamo del estómago. Es a ese país de salario mínimo de menos de un dólar al que ayudará formalmente el Programa Mundial de Alimentos (PMA), una vez que la administración de Nicolás Maduro aceptó la cooperación.

Más que llevarse los reconocimientos, el médico y diputado José Trujillo celebra que el gobierno de Maduro haya aceptado la presencia formal del PMA, que es igual a admitir que no puede garantizar algo tan básico como la alimentación de su población.

En febrero de 2020, el PMA concluyó que más de 9 millones de personas no pueden acceder a los alimentos. Es decir, una de cada tres personas “tiene dificultades para llevar comida a la mesa y consumir los mínimos nutricionales necesarios”. “Antes de que empezara la pandemia aquí había una crisis humanitaria”, recuerda Phil Gunson, consultor para Venezuela y América Latina de Crisis Group. La presencia en el país de David Beasley, director ejecutivo del programa, es “extremadamente importante. Ojalá que eso dé frutos”.

Todo indica que sí. El PMA notificó la firma de un memorando de entendimiento para el inicio de la operación humanitaria, este 19 de abril, para proporcionar alimentos a niñas y niños en educación preescolar. La meta es llegar progresivamente a 1,5 millones de infantes. “Creemos que la escuela es la plataforma más apropiada para que el WFP llegue a las comunidades de manera independiente”, dijo Beasley.

https://es.wfp.org/noticias/el-programa-mundial-de-alimentos-proporcionara-comidas-escolares-en-venezuela

Gunson recuerda que ha habido negociaciones directas “entre el gobierno de Maduro y el Programa Mundial de Alimentos”, aunque “han tardado mucho en producir resultados” y “el tema del hambre es demasiado importante para que no haya un acuerdo”.

José Trujillo aplaude la presencia del PMA y pide que no se politice. “Una de las cosas que a nosotros nos llenan de satisfacción es que no hemos arado en el mar. Los organismos internacionales tardan, pero no olvidan. Nosotros estamos detrás de la FAO y el PMA desde hace aproximadamente tres años. Mi persona y Miguel Pizarro tenemos tres años detrás de la FAO para que vinieran aquí, para que ellos constataran en el sitio la situación”, detalla.

David Beasley “viene con un informe, sabe las zonas donde van a actuar” y qué necesitan, sentencia. Trujillo espera que su presencia ayude “a destrabar las sanciones del gobierno de Maduro contra las ayudas internacionales” y a permitir que ingrese nuevamente la ayuda, “porque la ayuda fue suspendida por los ataques del régimen”.

“Tiene que ser un acuerdo grande”, enfatiza Gunson, y asevera que el PMA “es un organismo que trabaja a una escala impresionante; realmente es capaz, no de resolver el problema en un país del tamaño de Venezuela, pero sí podría aliviar muchísimo el hambre en Venezuela. Creo que hay un problema de metodología y de temor, por parte del gobierno de Maduro, de que pierda control sobre la atención al público”.

En este momento, resalta el analista y consultor, “la respuesta del gobierno al hambre tiene que ver fundamentalmente con el sistema de los CLAP, y ha sido muy criticado porque discrimina. No es que sea exclusivo para el mundo chavista, pero tienes que cuidarte para recibir tu CLAP. Si participas en alguna protesta corres el riesgo de perder tu comida o los beneficios que da el gobierno”.

Obviamente, precisa, “el Programa Mundial de Alimentos no va a funcionar de esa manera. Y en la medida en que la comida y otros aspectos del sistema de bienestar están sujetos a manipulación política, y ese es un tema sensible para el gobierno, que venga un actor de la fuerza y del tamaño del PMA, y que no esté bajo control, debe ser un factor de temor para el gobierno de Maduro”.

Por su parte, José Trujillo teme que la administración de Maduro eche para atrás cualquier acuerdo con el PMA si no lo beneficia políticamente.

“Yo no sé si hay alguna reunión con ellos o si ellos nos van a pedir algunos recursos”, explica. “¿Qué va a ser el gobierno? Lo mismo que nos hizo a nosotros en la mesa técnica. Nos sentamos, firmamos un acuerdo y ahora Maduro dice que los reales los sacó él. Uno tiene que quedarse callado”, subrayó. Pero, agrega, “nosotros tenemos que quedarnos callados porque nos convienen los programas de Naciones Unidas para ayuda humanitaria porque todos los programas están suspendidos para Venezuela, y están suspendidos porque el régimen ha atacado esos programas”.

Remarca que la ayuda la pueden asumir algunas ONG. “O si el régimen está descontento, que lo haga el régimen; no somos exquisitos. Que lo hagan, pero que lo hagan sin proselitismo político y sin control social”.

El daño causado durante más de un lustro no se va a subsanar en dos días. La presencia del PMA, estima Trujillo, se necesitará por varios años.