El Gobierno de Estados Unidos ha comenzado a retirar de forma gradual las sanciones económicas impuestas a Venezuela para permitir la venta y el transporte de crudo hacia los mercados internacionales, en lo que la administración Trump ha calificado como un “acuerdo energético histórico”, reseñó Europa Press.
La medida llega tras la intervención militar que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, un giro que ha reconfigurado por completo el tablero político y económico del país caribeño.
Un giro estratégico tras años de presión económica
Washington confirmó que la flexibilización será “selectiva” y estará centrada en el sector petrolero, duramente afectado por las restricciones impuestas desde 2019. Según la administración Trump, el objetivo es reactivar la industria venezolana y garantizar un flujo estable de crudo hacia Estados Unidos y sus aliados, en un momento de alta volatilidad energética global.
El Departamento de Energía detalló que las primeras operaciones comerciales comenzarán de inmediato, con un volumen inicial estimado entre 30 y 50 millones de barriles destinados al mercado estadounidense, cifra adelantada previamente por el presidente Donald Trump. Estas transacciones, según el comunicado oficial, “continuarán de manera indefinida” mientras se mantengan las condiciones acordadas.
Control financiero y supervisión estricta
Para evitar desvíos y garantizar transparencia, Washington anunció que todos los ingresos provenientes de la venta de petróleo venezolano serán depositados en cuentas controladas por Estados Unidos, ubicadas en bancos internacionales de alta reputación. La medida busca asegurar la “integridad” de los fondos y evitar que terminen en manos de estructuras vinculadas al antiguo régimen de Maduro.
Asimismo, la Casa Blanca subrayó que solo el petróleo que circule por canales autorizados y supervisados por EEUU será considerado legítimo, en cumplimiento de la legislación estadounidense y criterios de seguridad nacional.
Reactivación industrial y reconstrucción energética
Como parte del acuerdo, Washington autorizó la importación de equipos, repuestos y servicios especializados destinados a reactivar la infraestructura petrolera venezolana, que enfrenta años de deterioro por falta de inversión, corrupción y mala gestión.
Además, Estados Unidos anunció que trabajará directamente en la recuperación de la red eléctrica venezolana, considerada esencial para elevar la producción de crudo. El sistema eléctrico del país se encuentra en estado crítico desde hace más de una década, con apagones recurrentes y fallas estructurales que han limitado la capacidad operativa de PDVSA.
Un acuerdo con impacto regional
La decisión supone un cambio profundo en la política estadounidense hacia Venezuela y abre la puerta a una nueva etapa de cooperación energética. Analistas internacionales señalan que este movimiento podría:
- Reconfigurar el mercado petrolero del hemisferio occidental.
- Reducir la dependencia de crudo de Oriente Medio.
- Aumentar la influencia de Washington en la transición política venezolana.
- Impulsar la recuperación económica del país sudamericano, hoy en una fase de reordenamiento institucional tras la caída de Maduro.
El levantamiento progresivo de sanciones marca un punto de inflexión en la relación bilateral. Para Washington, representa una oportunidad estratégica; para Caracas, una vía para reconstruir su industria más importante. El éxito del acuerdo dependerá ahora de la estabilidad política interna y del cumplimiento estricto de los mecanismos de supervisión financiera y operativa establecidos por Estados Unidos.






