Voto, coordinación, reconexión, preparación y protesta podrían ser elementos clave, en el año 2022, para los sectores que adversan al mandatario
A quienes creen en milagros en política les puede resultar útil la anécdota del dirigente opositor Rafael Simón Jiménez, quien cuenta que cuando al líder masista Freddy Muñoz le decían que podía ocurrir un milagro, respondía: «No, hijo, olvídate de eso; en política no hay milagros porque dios no se mete en cosas feas». Aquí «no hay milagro. El milagro es el trabajo, la constancia, la dedicación».
Si el escenario electoral del 21 de noviembre fragmentó aún más a las fuerzas políticas que se oponen al mandatario Nicolás Maduro, no deja de ser cierto que la decisión del TSJ de ordenar repetir las elecciones en el estado Barinas -ante el triunfo del candidato opositor- abre un nuevo escenario en la política venezolana.
Estos son cinco retos -de muchos otros- para las fuerzas políticas venezolanas.
1)Defensa del voto. Para Nicmer Evans, fundador del Movimiento por la Democracia y la Inclusión (MDI) y promotor del Movimiento por el Revocatorio, el voto debe ser preservado «no solamente como un elemento de generación de contradicciones en el chavismo, sino de defensa de la voluntad del pueblo venezolano». Lo sucedido en Barinas, con el conflicto que se generó a partir del triunfo del dirigente opositor Freddy Superlano, es muestra de «lo positivo que puede generar el hecho de que se vaya a votar».
Sin embargo, Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB, advierte que en el país hay clientelismo competitivo electoral: «Los gobiernos autoritarios generan muchos incentivos para que mucha gente se meta en las elecciones y para que el régimen autoritario las pueda ganar por dispersión del voto. Lo que hacen es aumentar el número de niños que van a la piñata para que a cada uno le toquen menos caramelos. Eso lo hicieron en las elecciones parlamentarias subiendo las curules de 167 a 277».
Esto «no es algo inédito», sentenció Alarcón en conversación con contrapunto.com antes de las elecciones del 21 de noviembre. «Lo hacen todos los países que tienen regímenes autoritarios y donde hay elecciones. Todas las autocracias electorales hacen ese mecanismo».
2) Instancia que reúna a las oposiciones. Como MDI, Evans insistió en que las fuerzas políticas que se asumen como oposición deben generar «un verdadero espacio de articulación entre los distintos bloques que existen para tomar decisiones conjuntas en función de los próximos hechos y situaciones que se van a derivar como consecuencia de la convocatoria al referéndum revocatorio y la convocatoria a las elecciones presidenciales».
A su juicio el Frente Amplio Venezuela Libre «fue una experiencia muy positiva» y «ojalá se pudiesen rescatar sus raíces». Por el contrario, evalúa que «la Plataforma Unitaria es una expresión que no representa a la mayoría de la oposición venezolana».
Pero destacó que hay que sincerar «quiénes realmente tienen un objetivo común, que es restablecer la democracia y buscar los mecanismos constitucionales para poder lograr este objetivo, y que pasa por el hecho de que Nicolás Maduro y su gobierno no sigan gobernando Venezuela».
3) Reconexión con la gente. Hay que estar «en todos los lugares y en todos los espacios sociales donde la gente sufre, donde la gente malvive, donde la gente está viviendo en la pobreza», señala Rafael Simón Jiménez. «Un político no puede aspirar al voto de la gente si no tiene ese compromiso. Esto no es un concurso de belleza, donde nos vamos a ganar los votos por cara bonita o por propaganda. El voto es la correspondencia que la gente hace con quien se preocupa por sus problemas, quien está a su lado, quien reclama por él, quien lo acompaña», expresó Jiménez durante un acto de Unión y Progreso. Es devolverle a la política «el compromiso social y el compromiso ético».

4)Preparación para próximos eventos electorales. «La oposición venezolana debe definir los métodos a través de los cuales escoger sus candidatos», expone Evans. «Debe generarse la máxima condición de consenso posible. Debe generarse una instancia que reúna a los distintos bloques de la oposición, porque Barinas demuestra que es posible hacerlo. Además tenemos que hacerlo hacia el referéndum revocatorio».
El MDI exhortó a la articulación de las fuerzas políticas de la oposición para «participar de manera unida en un proceso presidencial, y en las próximas elecciones parlamentarias. No podemos esperar a que lleguen los momentos para tomar decisiones. Hay que planificar los momentos y determinar las agendas, y no seguir bailando la agenda del pasito tuntún de quienes hoy ostentan el poder».
Incluso, indicó que, «a partir del día en que se active el mecanismo formalmente del referéndum revocatorio, la oposición venezolana debería estar, en simultáneo, preparando unas primarias, para que esas primarias se activen inmediatamente después de ganar el revocatorio, como un escenario, por supuesto; si no, tendremos más tiempo para poder organizar las primarias hacia 2024».
5)Protestas. Con mucha o poca participación se han mantenido las protestas por fallas en servicios públicos, costo de la vida o violación de derechos. Benigno Alarcón explica que la protesta política masiva «está venida a menos en Venezuela por dos razones fundamentales: el miedo a la represión, que ha sido muy cruenta; y por la falta de expectativas».
Según Alarcón, «para que una protesta se dé, y se masifique, la gente tiene que percibir que los beneficios de participar son superiores al riesgo de hacerlo, a las posibles consecuencias de hacerlo». Si las personas sienten que las van a meter presas a cambio de nada, no van; pero si sienten que participar es muy importante, entonces sí van. «Las expectativas juegan un rol muy importante, y son muy bajas», acota, porque «no han tenido resultado y porque han devenido en violencia».
Las protestas más efectivas, describe, son las que tienen mucha gente y no hay violencia. La gente «sí sale, pero sale en las protestas vecinales porque hay alguien que coordina, y porque las expectativas de éxito son mayores». Es decir, «cuando la gente ve un beneficio superior al riesgo de protestar, termina protestando».
La medición hecha por Delphos para la UCAB en julio pasado mostró que 40% de la población estaba dispuesta «a protestar por un cambio político», y que 52% lo haría si era para reclamar el estado de los servicios públicos.






