“No hay condiciones para una elección libre y justa en Venezuela”. “Solo aceptamos unas elecciones presidenciales”. Eran las frases favoritas de Juan Guaidó hasta que el opositor Sergio Garrido arrasó en Barinas, cuna de Hugo Chávez, contra el oficialista Jorge Arreaza. Y se obró el milagro: el que se dice “presidente interino” del país cambió el discurso

El mismo que se mostraba contrario a que el antichavismo participara en unas elecciones, el que se negó a apoyar a quienes optaron por presentarse a los comicios legislativos de diciembre de 2020 o a los regionales y locales de noviembre de 2021, el que solo aceptaría la convocatoria de unas presidenciales con unas condiciones determinadas, de pronto, se anotó el tanto como propio.

Como si Guaidó fuera el triunfador de Barinas, nada más conocerse la victoria de Garrido, la consigna dio un giro inmediato, y lo que antes era rechazo frontal a cualquier elección en Venezuela, hasta que se acordaran cambios en el sistema, pasó a ser la panacea de una lucha que nunca encabezó, pero se adjudicó.

Incluso un día antes de la repetición de los comicios en el feudo chavista, Guaidó, con desconfianza manifiesta, escribió en su cuenta de Twitter: “Llamamos a todos los venezolanos a estar atentos a la situación de Barinas (…)! ¡Nos mantenemos en pie de lucha por elecciones libres y justas!”, en las que, como él mismo insistió, no confiaba.

GOLPE DE TIMÓN

Garrido no solo venció a Arreaza, sino que arrasó superando al aspirante chavista, excanciller y exyerno de Chávez en 14,09 puntos, al obtener el 55,36 % de los sufragios frente al 41,27 % del oficialista, en unos comicios que, a juzgar por el discurso recurrente de Guaidó, nunca deberían haberse celebrado, por no ser presidenciales ni, según él, justos y libres.

Pero de pronto, todo cambió. Guaidó presumió de la victoria en primera persona, aunque no sin alguna que otra contradicción en el ambiguo discurso. El que ganó fue Garrido, un miembro de la oposición, un espacio político donde no se ubica el que se niega a aceptar que es opositor, al hacerse llamar “presidente” de un “Gobierno” sin atribuciones.

Aun así, en clara muestra de que poco se cree su propia “presidencia”, el día que Garrido se hizo con el triunfo desde la oposición, Guaidó se alzó como defensor de “la voluntad de una poderosa mayoría que no se rinde, ni lo hará, hasta ver de nuevo la democracia en Venezuela”, un país en “dictadura”, que, al otro lado del discurso, él mismo asegura gobernar.

Sin embargo, después de que el nuevo gobernador de Barinas fuera juramentado para el cargo, obligado a gestionar los presupuestos estatales que le corresponden a su región y a solicitar ayudas para Barinas, se reunió con el presidente Nicolás Maduro, quien le prometió su apoyo y disposición a trabajar de manera conjunta por la tierra de Chávez.

CADA VEZ MÁS SOLO

En poco más de dos años, Guaidó pasó de estar arropado por la mayoría opositora que cerraba filas en torno a él, a quedarse solo en su negativa a participar en unos comicios, una postura de la que, poco a poco, se fueron desmarcando quienes otrora apostaron fuerte por la figura del joven político que prometía un cambio que nunca llegó.

Y en donde el exdiputado, desde su condición de “presidente”, se negaba a concurrir a elecciones, otros opositores, como el propio Garrido, vieron la oportunidad de ir ganando terreno político y espacios, tanto en el Parlamento, como en las gobernaciones y alcaldías.

De este modo, el antichavismo se hizo con 4 estados, de los 23 con los que cuenta el país, y con 121 alcaldías, de las 334 que conforman la nación, unos territorios que, de haberse cumplido la voluntad de Guaidó, estarían en manos chavistas.

Y así, “en Venezuela no hay condiciones para unos comicios libres, justos y verificables”, hasta que alguien, contra todo pronóstico, sin alharacas y con humildad, se hace con el triunfo. Y solo se aceptan “elecciones presidenciales”, hasta que un hombre cercano al pueblo arrasa en unas regionales… aunque sean otros quienes se apunten el mérito. EFE