Hablar de justicia en el contexto venezolano puede ser equivalente a provocar un incendio que no se puede extinguir. El grupo de diplomacia ciudadana del Foro Cívico, sin embargo, decidió correr el riesgo y promovió este jueves la conversación sobre este tema en una Mesa de Convergencia con tres ponentes, un panel para la discusión y un público que los acompañó. Mariela Ramírez, coordinadora del grupo, instó a imaginar un futuro para Venezuela más allá de la inercia y señaló que el diálogo permite vencer el estancamiento en el memorial de agravios.


El análisis de Antonio González Plessman, defensor de derechos humanos y codirector del Colectivo Surgentes, visibiliza las luces y sombras de la Ley de Amnistía. Como lo refirió, la norma tiene exclusiones en su diseño e implementación, porque al solo incluir 13 momentos, quedaron por fuera muchos presos políticos, como los detenidos por la llamada ley del odio, los trabajadores que se movilizaron hace más de 10 aós, los campesinos judicializados, los militares y civiles acusados de rebelión ni los detenidos por los casos «Tancol» (campesinos pobres en su mayoría).
Pero hay un dato positivo, resaltó González, y es que, según datos oficiales, se han registrado más de 8 mil libertades en un mes.
La defensora de derechos humanos Lissette González recordó que hay múltiples relatos sobre lo sucedido, e insistió en que la construcción de memoria es un proceso político, por lo que todas las verdades hay que conformarlas en un relato común. Es perentorio, dijo construir memoria compartida.
González sostuvo que la violencia estatal no comenzó en 1999, porque en las décadas anteriores hubo muertes, tortura y desapariciones forzadas. Se preguntó cómo parar la rueda para que las víctimas de hoy no sean los victimarios de mañana, y acotó que el concepto de perdón es difícil y tiene un profundo significado político.
El abogado e investigador Jaiber Núñez, de la UCAB, insistió en que la justicia no se limita al concepto de crimen y castigo, y comentó que la justicia restaurativa -que ve perfectamente aplicable en Venezuela- se centra en la víctima y no en el victimario.
Núñez detalló que los espacios de diálogo entre la víctima y el victimario, que se conozca la verdad de los hechos y la responsabilidad ante la víctima son elementos de esa justicia restaurativa. Aclaró, igualmente, que este enfoque no promueve la impunidad, porque la justicia tradicional debe seguir actuando.


La discusión se llevó a cabo con base en las reglas Chatham House: se puede registrar lo que se comentó, pero no quién lo hizo.
Se planteó, entre otras cosas, que los intereses de los sectores populares no están representados; que se debe escuchar al sufriente; que se debe entender qué construyó al que perpetró la violencia. Se especificó que el chavismo radical debe tener un lugar en la Venezuela que viene; que la amnistía no es olvido; que la reconciliación es un proceso complejo y no es «pasar la página».
El moderador de la discusión, el periodista Jaime Bello-León, apuntó que dialogar es una necesidad como respirar; es decir, si no respiramos, morimos… ¿Y qué pasa si no dialogamos?.






