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domingo, 08 marzo, 2026

La paz no es una utopía y las mujeres son pilares para su construcción

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La construcción de paz es una necesidad de la sociedad venezolana y el rol de la mujer se dibuja como protagonista en esta tarea.

Ellas son las grandes movilizadores, pero no reconocidas en un mundo de dirigentes “machos” que saben “como es que se bate el cobre”, pero que poco a poco han logrado entender el poder, la fuerza y la incidencia de quienes, con la moral de llevar a la familia adelante, exigen su espacio en la toma de decisiones.

Tres mujeres de Rediálogo, una organización y red de mujeres que define su razón de ser como “la construcción de paz, la resolución de coflictos y la promoción de los derechos humanos”, se acercaron a la redacción de Contrapunto.com para conversar acerca de esa visión de género como palanca para la valoración del rol femenino en la Venezuela de hoy.

Ellas son Sandra Álvarez, dirigente social, militante de un partido político de los Altos Mirandinos, María Teresa Piñero activista en el estado Portuguesa y la tachirense Andrea Leal Castellanos, quienes llegaron de la mano de la directora de Rediálogo, Alba Purroy.

En la conversación se coincidió en la idea de que la paz no es una utopía y las mujeres son pilares para su construcción.

Los argumentos fluían de un lado al otro como en un cruce de caminos y Contrapunto.com preguntaba tratanto, desde la visión masculina que busca urgar (a veces provocar) en el planteamiento de la construcción de paz con visión de género.

Desde esa posición le preguntamos a todas cómo era eso que las mujeres construyen paz “si en la casa pelean con nosotros los hombres».

Después de reirnos del chiste, Sandra Álvarez señaló que “en la casa es distinto a cuando estás en un trabajo o en un cargo político como yo. Obviamente tienes que tener la resolución del conflicto bien definido”.

“Me tocó trabajar en el diseño de políticas aeroportuarias y contemplé la perspectiva de género porque a lo largo de la historia este mundo de la aviación ha sido un tema masculino. Yo estaba trabajando con bomberos aeronáuticos”, comentó.

En su investigación para tratar de diseñar acciones eficiente, encontró un estudio que revelaba que el 20% de la plantilla que tenían en la gerencia eran mujeres y “la tradición indicaba que esos cargos eran para hombres”.

Ante la pregunta de cómo se construye de paz desde la mujer, desde la perspectiva de género, Álvarez contestó que debe existir una persona que abra la oportunidad de participación.

Indica que es necesario formarse y con esa esa madurez y las capacitaciones ayudan “en la resolución de conflicto, la mediación y el diálogo que son que son temas importantes en la capacitación de Rediálogo”.

En ese momento María Teresa Piñero entra a argumentar que cuando hace lo que denomina “transformación interna” se llega a la conclusión de que “no está srviendo pelear, pero voy a buscar la manera de decirlo distinto. Y cuando estamos en casa tenemos que poner el orden, con temple, pero con cariño”.

“Si estás en un ámbito comunitario hay que hablar con autoridad, pero sin autoritarismo. Puedo buscar una visión de resolver los conflictos entre ellos sin enfrentarnos y así tomar decisiones”, señala Piñero.

Alerta que “a veces somos muy radicales en las decisiones en el ámbito laboral y las mujeres, a pesar de tener fama de peleonas, decimos que hay que buscarle otra mirada».

Por su parte Andrea Leal señala que “no se debe hablar de la paz como una utopía y es necesario que las mujeres nos profesionalicemos en la construcción de paz. Hacernos especialistas en la paz y por eso hemos emprendido un camino de formación”.

“Todos los estudios de paz que se hacen en el mundo comienzan a partir del reconocimiento de qué es la violencia y por qué las mujeres se convierten en un objeto y un objetivo de la violencia en sus múltiples formas. La violencia estructural, violencia física y todas las violencias que están incluso tipificadas en Venezuela que tiene la ley, y a partir de que las mujeres comienzan a reconocer la violencia, eso se junta también con el camino histórico del feminismo, porque la negación de los derechos de las mujeres también es una forma de de violentarnos”·, señala Andrea Leal.

Indica que cuando las mujeres contactan con el trabajo de Rediálogo “hacen el click y comienzan a reconocer que muchas de las cosas que hemos hecho han sido fuente de violencia. Que nosotras también hemos ejercido violencia, que hemos fortalecido la violencia que muchas mujeres han recibido a través del fortalecimiento del patriarcado que es algo cultural en nuestro país, pero que también se reconocen como mujeres o agentes que han sembrado paz en los espacios de vida donde están”.

“Por eso es que hemos querido profesionalizar la paz en Venezuela. Que no sea solamente algo intuitivo, sino que tengamos noción técnica, teórica y metodológica de lo que puede ser un proceso de paz. Ya hemos andado bastante camino, hay más de 400 mujeres formadas en Venezuela a través de Rediálogo en nueve estados distintos del país”, dijo Andrea leal.

Cómo romper la tradición

En medio de la conversación preguntamos por qué si las mujeres son las grandes movilizadoras, el liderazgo final lo tienen en su mayoría hombres. ¿Cómo romper ese ciclo desde la construcción de paz?

“Metiéndote en el problema y también generando espacios en los que puedas impactar”, responde rápidamente Sandra Álvarez.

“Es generar espacios y también necesitamos a los hombres, porque no necesitamos solo la unión entre nosotras, sino también la unión con los hombres para generar espacios de diálogo y de mediación en la toma de decisiones”, sentencia Álvarez.

Andrea Leal señala que existe la necesidad de dar varios pasos “que como movimientos de mujeres, como redes de mujeres tenemos que ir dando. Primero es el reconocer que una mujer sola no puede”.

“No es una organización solita, sino es una red que está llamada y que está motorizada por la vinculación de mujeres que pertenecen a partidos políticos, a organizaciones, a sus comunidades, a consejos comunales, en la diversidad de las mujeres”, señala leal.

Destaca que “primero hay que reconocer que en red y en articulación tenemos más fuerza para romper, con espacios donde las mujeres tradicionalmente no han estado”.

“Hay que entender que la misión o la visión entre las mujeres no debe ser una visión de competencia, sino que debe ser cooperación. Yo trabajo en una zona de frontera y los espacios centralizados de toma de decisiones muy pocas veces contemplan la visión de las mujeres del interior, muchísimo menos las mujeres de una zona de frontera, muchísimo menos unas mujeres con discapacidad, muchísimo menos las mujeres indígenas”, alerta.

¿Cómo hablarle a los hombres?

Cuando preguntamos sobre la interacción con los hombres, surge en la converación que la violencia no es algo exclusivo del género masculino y señalan que todos podemos ser generarla.

“El primer paso es entender que el camino no es la confrontación, no es la segregación de los hombres de los espacios. No es la imposición. No se puede ver que la paridad es una imposición porque entonces genera rechazo”.

Indican que hay que romper con la lógica de la paridad como es usada en las organizaciones políticas, donde no importa “quiénes sean las mujeres o cómo se manejen la mujeres, y solo se trabaje en cumplir en la cuota que se impone”.

-¿Cómo construir espacios de respeto para alcanzar la paz?

Ante esta pregunta Andrea Leal señala que “el tema pasa, principalmente, por el fortalecimiento de la confianza y lo que nosotros llamamos la cohesión social. Nosotros hemos tenido espacios de diálogo con más de 30 mujeres donde hay una diversidad en todos los sentidos. Diversidad religiosa, que ha sido un tema importante para manejar en los espacios de diálogo, muy contrario a lo que la gente intuye, la religiosidad sigue siendo un tema importante para el venezolano, para las venezolanas”.

“Está la diversidad política que es un tema clave también, la diversidad de los lugares donde vienen las mujeres, las diversidades étnicas, las diversidades de todo tipo», indica Andrea Leal.

Agrega que quienes desde el exterior miran el conflicto venezolano señalan que la gente “tienen una voluntad para confiar en el otro, que es oro en polvo. Lo que pasa es que no está el espacio, el espacio donde te puedas sentar con el diferente”.

Alerta que la costumbre ha sido que “en los espacios de diálogo son para colocar la mesa, traer los actores y soltar el tema que está en la palestra en el momento en el medio de la mesa”.

“Si tú haces eso así puede pasar cualquier cosa. La verdad es que la experiencia nos dice que hay que conectarse desde lo humano. La agenda sobre la cual se dialoga es el último paso para hacer en los espacios de diálogo. Lo demás se construye en colectivo”, señala Leal.

Nos acercamos al final de la conversación y preguntamos acerca de los retos que se presentan en la realidad venezolana y es el momento en que la directora de Rediálogo, Alba Purroy, decide intervenir en la conversación y señala que resultaría importante trabajar soobre las causas y «saber cómo llegamos aquí».

«Hay que preguntarse: ¿Cuál es el origen de esto? ¿Cuáles fueron las causas profundas que dieron génesis a esto que estamos viendo hoy acá? ¿Qué ha pasado a lo largo de esta historia?» se pregunta Purroy y afirma que «las mujeres estamos llamadas a promover la recuperación de esa memoria para no repetir la historia».

A su juicio esto es un trabajo que «demanda de la articulación de muchas actorías, porque además no es una cosa que se construye entre dos personas nada más o entre dos grupos de personas. Demanda de mucha articulación Pero creo que las mujeres también deberíamos estar llamadas a promover esas articulaciones».

Habla de desarrollor un trabajo ciudadano de «más bajo perfil, menos visible, menos expuesto y sin estridencias».

«Se trata de escuchar al otro y a la otra porque hay dolores, porque hay heridas, hay intereses, necesidades, cosas que resolver, angustias, ansiedades, impactos, pero resulta que si ni siquiera nos permitimos escucharnos, entonces, ¿cómo vamos a avanzar hacia otra situación?», expone Alba Purroy

Finalmente sentencia: «Creo que en eso las mujeres, en este instante, tenemos mucho que aportar. Mi invitación es a que asumamos ese rol real de promover la escucha para entendernos, para reconocernos».

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