De entrada, la experta en migración María Montoya explica que no es correcto hablar de ola migratoria porque ese concepto no aplica para este fenómeno, y precisa que se debería describir como un movimiento masivo de personas. Después, la directora de Montoya Consulting indica que no ve venir ese movimiento masivo, sino un ingreso gradual al país. Se refiere no solo al regreso de venezolanas y venezolanos, sino también a la migración por razones empresariales que se abre luego de los sucesos del 3 de enero de 2026.
En cuanto a la primera, apunta que las venezolanas y los venezolanos «necesitan saber que van a tener oportunidades de trabajo en el país. Hasta ahora, es un deseo. Vienen a Venezuela de vacaciones en julio o agosto, o en diciembre para pasar el fin de año, y se llenan de esa energía abrumadora del país, que sí la tiene», y sueñan con estar de nuevo. «Pero no tienen un pensamiento sólido, real, en frío».
Desde 2002 hasta 2005, rememora, «Venezuela vivió una fuga enorme de capital intelectual: gente del sector petróleo que se fue después del paro petrolero de 2002. Costaba hasta un millón de dólares entrenar a un profesional de ese sector, y esos profesionales se fueron sin oportunidad de seguir ejerciendo el conocimiento que tenían, y ya están colocados». Algunos podrían preguntarse si hay condiciones para volver. Otros, seguirán enviando remesas para sus familias, y ya.
Sobre la segunda, cabe destacar que la mirada corporativa es diferente. «Las empresas que prestan servicios en ingeniería, construcción, tecnología, servicios administrativos, servicios gerenciales y servicios legales probablemente no tengan personal cualificado, lo que las llevará a recurrir a personal extranjero. Esas empresas seguramente van a recurrir a consultoras que prestan el servicio legal para expatriados», puntualiza.
Ese personal extranjero puede ingresar a Venezuela, precisa Montoya, con el compromiso de entrenar a trabajadores venezolanos y con la tramitación de una visa de transeúnte laboral válida por un año que puede ser renovada. «Ese expatriado va a tener como condición para su visa laboral que debe entrenar a venezolanos con base en sus conocimientos. Es una condición que pone el Ministerio del Trabajo», subraya.
Hay, enfatiza, una Ley de Migración y Extranjería vigente, con ocho categorías de visados. Para una estadía a largo plazo, la opción sería una visa de residente.


Para la venezolana o el venezolano que regresan «no hay requisitos adicionales», aclara la experta. Sencillamente «vienen a su país a trabajar», con un conocimiento adquirido que será de gran utilidad para el país. «También hay una oportunidad para las empresas de atrapar esos talentos, esos venezolanos que aprendieron muchas cosas».
Si quiere retornar, un connacional debe tener su pasaporte vigente; si no, le correspondería tramitar un salvoconducto. La formación que haya adquirido necesita ser avalada por títulos, certificaciones o la acreditación correspondiente, sea una preparación como barista o un máster en fisiología.
La consultora observa que en los años 2026 y 2027 se producirá tanto el retorno de venezolanos como el ingreso de extranjeros. Y, como lo advierte, «el venezolano que está aquí debe ‘ponerse las pilas’, porque vamos a comenzar a ver oportunidades reales de negocios».






