El ministerio de salud no otorga el tratamiento hormonal para la transición

Dentro de la comunidad LGBTIQ+, existe un grupo de personas “invisibilizadas” pero que se suman a las mismas peticiones, exigencias y derechos. Dicen no ser una “minoría”; por el contrario, “están presentes en una sociedad que los niega, producto del desconocimiento y del irrespeto a las ideas particulares”.

Se trata de los hombres trans, un grupo que debe enfrentarse a las presiones que inician en el seno familiar y transcienden a los social.

Quiteria Franco, coordinadora general de la ONG Unión Afirmativa, explica que la sociedad debe visibilizar los casos y revertir los estigmas que surgen a partir de los prejuicios.

Franco mencionó que hasta el 2018, la Organización Mundial de la Salud, consideraba la transexualidad como una enfermedad mental.

No fue sino meses después, cuando la retiró de la lista, y la catalogó como una disforia de género “sensación de incomodidad o angustia que pueden sentir las personas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer o de las características físicas relacionadas con el sexo”.

Para Quiteria, es necesario plantear discusiones abiertas, a través de espacios que permitan la participación de todos, y lograr una sociedad más inclusiva y respetuosa de las ideas particulares.

Vivir como hombre trans: una lucha familiar y social

Paul Martucci es fundador de la organización de hombres trans “Trascendiendo fronteras”.

Su experiencia inició a los 12 años de edad, cuando descubrió que no quería ser niña. No quería usar la falda escolar, ni zapatos femeninos, también manifestaba rechazo a la imposición familiar sobre el uso del vestido y demás accesorios.

Entre sus experiencias, relata “no ha sido fácil mostrar mi preferencia sexual en la calle, por mi total apariencia masculina. He sido agredida por policías, quienes me han tildado de ‘lesbiana agresora’ cuando he estado en la calle con mi pareja”, sostuvo.

“Suéltala lesbiana” , me gritaron unos guardias nacionales cuando vieron que tomaba el cabello de mi pareja, solo para hacerle una cola. Pensaron que la agredía”.

Jorbi Quiñones, es dirigente de la fundación Intersexo -también de hombres trans-. Refiere que en Venezuela -a diferencia del resto de los países de la región-, impera una sociedad que rechaza a los hombres trans, y a la comunidad LGBTIQ+ en genral.

Quiñones manifestó tener problemas con sus familiares, quienes se niegan a aceptar su preferencia, y por lo tanto no recibe apoyo para optar al tratamiento hormonal.

La transición

Julian David Pinto lleva dos años en el proceso de transición a través de los tratamientos hormonales.

Es presidente de la Fundación Unitrans, y enfoca su labor en guiar y ayudar a otros en el proceso.

A diferencia de las historias anteriores, Pinto si recibió el apoyo familiar, específicamente, el de su madre, quien lo crió sin la presencia del padre.

Pinto explica que los hombres trans que anhelan el cambio definitivo de apariencia, “desean que el proceso se dé muy rápido, y no aceptan que se trata de una serie de pasos médicos y evaluaciones de especialistas por separado”.

Además indica que no todos los hombres trans, tienen el alcance económico para costear el tratamiento hormonal.

En este aspecto, Paul Martucci se adelantó en crear un banco de hormonas para apoyar a algunos compañeros que no cuentan con $300 para iniciar o continuar su transición con asistencia de un médico endocrino.

El banco de hormonas fundado por Martucci -emprendimiento que surgió durante la pandemia-, ha distribuido 40 dosis de enantato de testosterona a 15 compañeros de 12 estados de Venezuela. 

Martucci relata que en Venezuela, este tipo de tratamiento no es otorgado por el Ministerio de Salud, mucho menos se consiguen en las farmacias.

“La oportunidad la brindan algunos gimnasios, que las importan y las ofertan a $60 el empaque de 10 ampollas. Este fármaco androgénico y esteroide anabólico también es usado por los fisicoculturistas y las dosis se aplican cada 21 días, por lo que una caja te alcanza para siete meses”.

Finalmente, indicó que la terapia puede ser de por vida , o hasta que la persona decida.