En el rompecabezas venezolano del presente falta una pieza, de acuerdo con el análisis de Crisis Group.
«La pieza que falta en el rompecabezas, por ahora, es un movimiento democrático fuerte y unificado, capaz de articular las demandas de la mayoría de los venezolanos y de actuar como contrapeso y contraparte negociadora frente a las poderosas fuerzas que tienen los medios para resistirse al cambio. Los posibles componentes de dicho movimiento, incluidos los partidos políticos, carecen de recursos (tanto humanos como materiales) y necesitan urgentemente reconstruirse. Entre ellos se encuentran los sindicatos, las ONG y el movimiento estudiantil. Todos muestran signos de reactivación, pero necesitan unirse rápidamente en torno a una serie de demandas que presionen al gobierno de Rodríguez y que, además, establezcan una base para las negociaciones y un cierto grado de distanciamiento de Trump. Por ahora, no solo no hay consenso sobre si habrá una transición, cómo y cuándo, sino que tampoco existe un mecanismo claro y universalmente aceptado para negociar dicho acuerdo», escribe el analista Phil Gunson, consultor senior para Crisis Group.
«Mucho ha mejorado en Venezuela desde el 3 de enero. El gobierno está empezando a flexibilizar su hasta ahora férreo control sobre la economía y a permitir cierto grado de libertad política, lo que poco a poco está generando un debate público más abierto. Las relaciones con EEUU, pero también con Europa y los vecinos regionales de Venezuela, han mejorado notablemente y el país se siente menos aislado. Pero la mayor parte del trabajo aún está por hacerse», opina.
Gunson recuerda que EEUU «ejecutó una ofensiva relámpago en Caracas, la capital venezolana, en la que capturó al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores y los trasladó rápidamente a una cárcel en Nueva York. Pero en lugar de instalar a la líder de la oposición María Corina Machado como nueva dirigente de Venezuela, como muchos esperaban dada su afinidad mutua en ese momento, Trump optó por llegar a un acuerdo con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, dejándola en el palacio presidencial a cambio de que EEUU supervise las exportaciones de petróleo y un plan general para un cambio económico y, en un futuro indefinido, un cambio político».
La intervención del 3 de enero «violó el derecho internacional, incluida la Carta de la ONU, y constituyó una descarada demostración de fuerza unilateral. Sin embargo, Washington la percibe como un éxito extraordinario, sobre todo porque EEUU no sufrió bajas, no perdió ni una sola aeronave en las que transportó a sus comandos y solo causó dos víctimas civiles (casi 80 militares venezolanos y cubanos perdieron la vida). Trump también está muy complacido con lo que ha pasado desde ese día».
«Presentado por el propio Trump como el paradigma de una nueva era de intervenciones en el extranjero, el experimento venezolano es emblemático de un período de inmensa turbulencia en la política exterior estadounidense», refiere Gunson. «Simultáneamente, la incursión contra Maduro y la maniobra para controlar a Venezuela envalentonaron al presidente Trump más allá de las Américas, y su eco se ha sentido en todo el mundo. En los primeros días tras la incursión en Caracas, altos funcionarios estadounidenses reavivaron la ambición de anexar Groenlandia. La presión de Europa y la inestabilidad de los mercados financieros frenaron a Trump».
Crisis Group considera que «el temor de la administración Trump a que Machado descarrile los planes de transición organizando protestas que podrían provocar una dura reacción del gobierno y sus fuerzas, ha enfriado la relación entre Machado y Washington. Se ha informado que Trump y Rubio están intentando disuadir a Machado de regresar al país en un futuro próximo».
El análisis plantea que si en Venezuela se está produciendo una auténtica transición política, «esta está siendo liderada, guste o no, por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, quienes actúan en mayor o menor medida a instancias de Washington. Es lógico suponer que desean mantenerse en el poder, aprovechando lo que probablemente será un período de crecimiento económico y, tal vez, de estabilidad política que les permitiría fortalecer su posición e incluso ganar unas elecciones libres, si la convocatoria de comicios resulta inevitable».
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