Como una «burla«, así califican los trabajadores venezolanos su situación económica actual. El pasado 12 de marzo se cumplieron cuatro años del último incremento salarial realizado en la nación el cual quedó establecido en 130 bolívares. Hace dos semanas, el Gobierno realizó un aumento del bono contra la Guerra Económica del 25%, esto significó en trabajadores del sector público, el equivalente a 30 dólares; a los jubilados, aproximadamente $20; y los pensionados de solo 10 dólares.
Este ingreso, de acuerdo a los trabajadores consultados por el equipo reporteril de Contrapunto.com durante una manifestación en exigencia de un incremento salarial, no va de la mano con la situación actual del país, el cual está sumido en una crisis económica, y no representa las necesidades de cada uno de los venezolanos.
Ante esto, cada trabajador busca realizar actividades extras que les permita tener ingresos adicionales para la compra de alimentos, medicinas y, además, poder ofrecer dinero a sus hijos para los estudios.
Yaneth Camacho, integrante del Sindicato Venezolano de Maestros (Sinvema), mencionó que el saber el oficio de costurera le ha permitido tener ingresos adicionales en «estos tiempos difíciles» para así adquirir los medicamentos necesarios para tratar la hipertensión y la diábetes que padece.
«Tenemos un sueldo mísero que no nos alcanza para cubrir nuestros gastos médicos, nuestra alimentación, estamos en condiciones deplorables (…) Tenemos que estar buscando actividades extras, yo me puse a coser, hago cualquier otra cosa para poder cubrir mis necesidades básicas, porque ni siquiera puedo decir que me puedo dar lujos de salir de paseo, de darle paseo a mis hijos», lamentó.
«No es posible que tengamos tantos años en esto y se quieran seguir burlando de nosotros», añadió.


Por otra parte, Fidel Jaramillo, secretario de organización de la Asociación de Profesionales de la UCV, enfatizó que el Gobierno venezolano emplea una «política de desalarización» que afecta notablemente a los trabajadores.
Sostuvo que esta crisis perjudica a la UCV al funcionar «a medias» por lo que se tuvo que implementar el llamado como «horario de emergencia» para que los trabajadores asistan dos o tres veces a la semana.
«Trabajamos así para que el poco ingreso que tiene el trabajador le permita una movilidad y acudir a su trabajo al menos dos o tres días», dijo al tiempo que sostuvo que se mantendrán en las calles para seguir demandando incremento del salario.


William Figueroa, secretario de finanzas de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), condenó el «caso omiso» que, resaltó, aplica el Gobierno ante las demandas de los trabajadores. Sin embargo, el dirigente afirmó que la única salida de los trabajadores es mantenerse en las calles hasta lograr anuncios importantes que, en parte, satisfagan las exigencias de los asalariados.
«Seguiremos manteniéndonos en la calle para seguir reclamando lo que por derecho nos corresponde y que está establecido en el artículo 91 de la Constitución, seguiremos reclamando las veces que sea necesario», mencionó.
Destacó las agilidades de los trabajadores de la educación en conseguir otros oficios para conseguir ingresos extras e indicó que los profesores a veces se «reinventan».
«Es por eso que vemos educadores de taxista, que colocan un tarantín en un mercado, que venden cualquier cosa en la calle, de taxistas, que venden teticas de cualquier cosa en sus casas para poder subsistir porque, lamentándolo mucho, las asignaciones que hoy percibe un trabajador de la educación no le permite vivir con dignidad», dijo.


«EL SALARIO NO ALCANZA Y TENEMOS QUE DESPATRIMONIALIZAR»
Nayrubí Ramírez, de la escuela de trabajo social de la UCV, concuerda con lo manifestado por la mayoría de los trabajadores: «el sueldo no alcanza». Es por ello que, según comenta, muchos maestros llegan a «despatrimonializar» sus bienes para así obtener algún ingreso.
En su caso, Ramírez mencionó que actualmente vende sus libros para poder sortear la crisis económica de la nación. Lamentó hacer esto, puesto que aseguró que los libros son objetos «valiosos e importantes» para la formación académica.
«En mi caso es la despatrimonialización, porque estoy vendiendo mis libros, lo que en algún momento fue importante para un docente, algo valioso, libros importantes que ya no ingresan al país, he logrado de alguna manera sostenerme», dijo al tiempo que sumó que cada venta de estos encuadernados oscilan entre los cinco y 10 dólares.








