Casi todos los miércoles en la mañana se reúnen en el centro de Caracas varias decenas de jubiladas y jubilados del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) para exigir que se aumente el monto de las pensiones y reclamar deudas pendientes. Pero varios días a la semana también se juntan decenas de adultas y adultos mayores -la iniciativa del Club Tobías- para cantar, bailar y compartir en centros comerciales.
Las dos realidades están presentes en Venezuela, y así quedó claro durante el evento «Desafíos y oportunidades del envejecimiento poblacional en Venezuela, una mirada desde la asistencia humanitaria y las agendas de desarrollo», organizado por Convite y realizado el jueves 26 de febrero en Caracas.

Por una parte, Yanireth Fernández, coordinadora de la evaluación anual de condiciones de vida y salud de personas mayores de Convite, evidenció las dificultades narradas por las 1.802 personas encuestadas: 55 % está trabajando y 23 % lo hace en la economía informal, por ejemplo. Por otra, María Alejandra Hernández, representante del Dividendo Voluntario para la Comunidad, comentó los resultados de un estudio que muestra el deseo de disfrutar y vivir nuevas experiencias que tiene la población mayor.
De acuerdo con Fernández, los pocos ingresos han obligado a los encuestados a implementar estrategias como comprar alimentos menos costosos (lo hace 73 %), reducir el tamaño de las raciones (52 %) o consumir vísceras y piel (32 %). Incluso, para 48 de cada 100 la principal fuente de alimentos es el CLAP. Hay, como podría esperarse, ansiedad y angustia por la incertidumbre económica.
Pero Hernández compartió otra visión sobre esta población que sigue creciendo en el país: lo primero, que quieren vivir con calidad y dignidad, con el ingreso que generan o con las remesas que reciben. Lo segundo, que sienten (55 %) que las empresas no están satisfaciendo sus necesidades. Esta investigación los divide en cuatro grupos: sofisticados, artesanos del oficio, austeros tradicionales y resilientes exploradores.
La representante del DVC subrayó que no son «pobrecitos» sino personas con capacidad de consumo: se calcula que pueden gastar unos 12 millones de dólares al año. La empresa Rattan, que se ha unido a la alianza plateada que promueven el Dividendo y BID-LAB, recibe unos 400 mil dólares por consumo silver.
Como quieren seguir estudiando y formándose, desean programas educativos, dispositivos y aplicaciones (como recordatorio de medicamentos), descuentos en productos esenciales y aplicaciones para la movilidad segura. Anhelan disfrutar de experiencias significativas y de entretenimiento, por lo que una oportunidad de negocios es organización de eventos culturales y la oferta turística con accesibilidad garantizada, como lo describió Hernández.
La clave, al tratar de interpretar ambos estudios, pareciera incluir productos básicos para los austeros tradicionales y experiencias exclusivas para los sofisticados.






