Al parecer la falta de una planificación seria ha dejado a Venezuela fuera del circuito de distribución de las vacunas que sus aliados producen. En este escenario el gobierno trata de diluir las responsabilidades y generar otros centros focos de discusión

A la gente poco le importa quien traiga las vacunas y los insumos. Requiere de soluciones concretas y prácticas. La ausencia de una estrategia coloca a Miraflores en una situación complicada ante sus bases y los estrategas buscan salir del aprieto.

Gobierno y G4 mantienen una puja en el tablero político que es ajena a los intereses de la población.

Hay un campeonato de culpas sobre el bloqueo de recursos y la poca transparencia del manejo de los dineros públicos que, al final, no se traducen en soluciones porque las respuestas necesarias no llegan.

Huyendo hacia delante

En este escenario el Gobierno se percata de sus problemas y aplica su fórmula exitosa: huir hacia delante.

En Miraflores esperaban el anuncio de Guaidó y su explicación del envío de una carta para pedir la liberación de los recursos congelados en Estados Unidos para comprar las vacunas del mecanismo COVAX, pero hay que esperar los trámites propios de la OFAC.

A la hora de escribir esta nota esos recursos no han sido liberados.

Tras esta jugada del opositor, Delcy Rodríguez anunció el pago de la cuota necesaria para acceder a estas vacunas. La idea es invertir la carga de la prueba a su adversario, en el plano nacional e internacional.

Ahora el retraso será culpa de quienes “secuestraron la plata de los venezolanos en exterior”. Ese será el discurso oficial.

Con eso le habla a su base dura y le proporciona un argumento para justificar la ausencia del Plan de Vacunación que sigue sin aparecer para la población desasistida.

Aun así, los estrategas del oficialismo saben que esto no es suficiente. Las bases del chavismo le piden respuestas y esta acción es solo un “tente en pie” discursivo.

Por eso volteó hacia Fedecámaras, que está bien posicionada con su propuesta de traer vacunas a la espera de la luz verde del Gobierno.

Maduro aprovechó una fecha emblemática para el chavismo, el 11 de abril, para atacarlos y asociarlos a hechos violentos que marcaron al país.

Necesita bajarle el peso a la institución social que junto a la Iglesia genera mayor respeto y confianza en la población, según las encuestas más reputadas del país.

Le urge generar un frente de batalla que distraiga la atención del ruido generado por la falta de vacunas.

Divide y vencerás

El Gobierno desde su posición de fuerza opta por tener varios frentes abiertos. Busca pelear con sus adversarios uno por uno.

Su tarea es evitar que éstos logren elementos unitarios y se conformen en un frente común que los pueda derrotar.

Su ofensiva le eleva el perfil político a los empresarios y logra que los partidos los ataquen y les digan cosas como: “ya le sirvieron, los usaron y ahora los desechan”.

Ese es precisamente el discurso que persigue el Gobierno de Maduro, para evitar el “click” necesario entre los factores de la sociedad civil y los partidos políticos.

El trabajo está hecho. Los empresarios no van a aguantar el ataque desde dos flancos y los partidos de oposición se distraen del adversario principal sobre el que deben concentrarse.

Desde Consecomercio hacen cintura como los buenos boxeadores y tratan de zafarse de este fuego cruzado. Le dicen a la clase política: “Ni conspiradores ni colaboracionistas, somos trabajadores”. Devuelven el golpe y se recogen. Bajan el perfil.

Contra el G4

Por otra parte, Jorge Rodríguez salió el martes pasado a atacar a la oposición con nuevos episodios de grabaciones y denuncias de manejos oscuros de dinero.

Suelta la sombra de dudas sobre los integrantes del G4 y pone la discusión pública fuera del escenario del Plan de Vacunación, que es lo que está haciendo daño.

Ahora la discusión pública se divide en varios temas y eso diluye la carga de responsabilidad que le reclama la gente al Gobierno de Maduro.

También distrae a sus adversarios porque los coloca a la defensiva y los obliga a dar respuesta a las acusaciones. Distrae el objetivo de poner en evidencia la falta de atención a los problemas concretos de la población.

El Gobierno los necesita ocupados en otra cosa y no conectados con la gente.

Los protagonistas

Mientras esto pasa, la oposición muerde el peine, la sociedad civil está sintonizada con el reclamo de la calle.

El movimiento estudiantil protesta, los dirigentes, intelectuales y activistas que llamaron al tuitazo #VACUNASYAPARATODOS colocaron la etiqueta en el número uno de las tendencias y hoy 19 de abril, llaman a cacerolazo.

El gremio de enfermeras llamó la atención sobre el tema de vacunación y exigió al Gobierno de Maduro la entrada del mecanismo COVAX el viernes pasado.

Exhortan a “sentarse” y llegar a acuerdos “que pongan por delante el interés por la salud de los venezolanos”. Hablan de la necesaria voluntad política para resolver los problemas de los venezolanos.

¿Quién está pagando el costo político de la falta de un Plan de vacunación?

El gobierno trata de diluirlo e intenta repartir culpas.

Ayer, Maduro aseguró que pagarán el resto de la cuota para acceder a las vacunas COVAX. Sin embargo, queda una pregunta en el aire: ¿Por qué estos recursos no salieron antes?

Al final, la gente sigue sin vacunas, sin una estrategia económica estructurada por parte del Estado para enfrentar la pandemia y las palabras de Eudomar Santos se imponen de manera dramática: “Como vaya viniendo vamos viendo”.

Todavía nos preguntamos hasta cuándo es sostenible la situación porque no tenemos bolas de cristal para ver el futuro. Solo andamos con los pies planos haciendo seguimiento a la coyuntura.

El juego sigue.