Durante su primera misa como sumo pontífice por el Miércoles de Ceniza, el Papa León XIV lanzó críticas a la situación internacional y utilizó la metáfora de las cenizas para referirse a las circunstancias difíciles que afronta el mundo.
«Hoy podemos reconocer la profecía contenida en estas palabras y sentir en las cenizas que nos imponen el peso de un mundo en llamas, de ciudades enteras desintegradas por la guerra: las cenizas del derecho internacional y la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas enteros y la armonía entre los pueblos, las cenizas del pensamiento crítico y la sabiduría local ancestral, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que habita en cada criatura», expresó el papa en la Basílica de Santa Sabina, en la colina del Aventino en Roma.

«Sabemos lo difícil que es cada vez más reunir a la gente y sentirse pueblo, sin caer en el nacionalismo y la agresividad. En comunión, donde cada uno encuentra su lugar. De hecho, aquí se está formando un pueblo que reconoce sus propios pecados, es decir, que el mal no proviene de supuestos enemigos, sino que ha tocado corazones, está en la propia vida y debe afrontarse con una valiente asunción de responsabilidad», argumentó.
Llamó la atención sobre la dificultad para arrepentirse. «Oponer al Dios vivo a la idolatría —nos enseña la Escritura— significa atreverse a abrazar la libertad y redescubrirla a través de un éxodo, un camino. Ya no paralizados, rígidos, seguros en nuestras posiciones, sino reunidos para avanzar y cambiar. ¡Qué raro es encontrar adultos arrepentidos, personas, empresas e instituciones que admitan sus errores!».
Reivindicó a la juventud: «De hecho, son los jóvenes quienes comprenden claramente que es posible una vida más justa y que hay responsabilidades por lo que está mal en la Iglesia y en el mundo. Por lo tanto, debemos empezar por donde podamos y con quienes estén dispuestos».






