La industria petrolera de Venezuela, pilar económico de la nación, registró un retroceso en sus niveles de extracción durante el mes de diciembre, según el más reciente informe de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Los datos revelan una contracción en la actividad previo a los sucesos políticos del 3 de enero de 2026, que culminaron con la captura de Nicolás Maduro y la instauración de una presidencia encargada, reseñó EFE.
Existen marcadas discrepancias en las cifras reportadas por el organismo. De acuerdo con las fuentes primarias (datos suministrados directamente por el Gobierno venezolano), la producción alcanzó los 1.120.000 barriles por día (bpd) en diciembre, lo que representa una caída del 1,93 % —aproximadamente 22.000 bpd menos— en comparación con el promedio de noviembre (1.142.000 bpd).
Según el reporte, las fuentes secundarias del mercado ofrecen una perspectiva más crítica, situando la producción de diciembre en apenas 896.000 bpd. Bajo este parámetro, la disminución respecto a los 956.000 bpd de noviembre se traduce en una caída del 6,3 %. Estas variaciones estadísticas han sido una constante en los últimos años, dificultando una auditoría precisa del estado real del sector energético venezolano.
El control de Washington sobre el crudo venezolano
La publicación de estos datos coincide con una fase de intervención directa de los Estados Unidos en la comercialización del crudo. Tras la detención de Maduro y la designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada conforme a la Constitución, la administración Trump ha tomado medidas drásticas para salvaguardar los activos energéticos del país.
El pasado 10 de enero, el presidente de EEUU firmó una orden ejecutiva de «emergencia nacional» para proteger los ingresos petroleros venezolanos depositados en cuentas del Departamento del Tesoro. Esta medida busca evitar que acreedores internacionales o procesos judiciales externos confisquen los fondos, los cuales Washington define como «propiedad soberana» fundamental para la estabilidad regional.
Según el argumento de la Casa Blanca, la protección de estos recursos es estratégica para:
- Seguridad fronteriza: Financiar esfuerzos para frenar el flujo de inmigrantes ilegales.
- Lucha contra el narcotráfico: Reforzar las operaciones antinarcóticos en la zona.
- Geopolítica: Contrarrestar la influencia de adversarios internacionales en el hemisferio.
Desafíos para la reactivación industrial
A pesar de que Washington avanza en acuerdos para recibir y vender millones de barriles bajo supervisión estadounidense, la recuperación de la capacidad instalada enfrenta obstáculos operativos. Aunque el objetivo es potenciar inversiones en una infraestructura debilitada, varias multinacionales del sector energético han manifestado sus reservas.
Expertos de la industria señalan que las grandes corporaciones exigen garantías de seguridad física y marcos legales claros antes de retomar operaciones a gran escala o comprometer capital en los campos venezolanos. Mientras tanto, el control de la comercialización por parte de las autoridades estadounidenses marca el inicio de una nueva etapa en la relación histórica entre ambos países y su influencia en el mercado global de hidrocarburos.






