Se vivió una sesión solemne en el Congreso, aunque interrumpida y demorada, acompañada de protestas en las calles
Tras varias horas de retrasos, discusiones y desacuerdos en el Congreso de Guatemala, Bernardo Arévalo juró como nuevo presidente de Guatemala pasada la medianoche del domingo 14 de enero, junto con su compañera Karin Herrera Aguilar, en la vicepresidencia.
El presidente electo y la vicepresidenta tomaron juramento de fidelidad a la Constitución Política en una ceremonia que se realizó en la Gran Sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Posteriormente, procedió a la entrega de insignias de mando y firma del Libro de Oro, donde constan todas las actas de tomas de posesión y finalmente pronunció su primer discurso como nuevo presidente.
En su discurso, Arévalo destacó que el hecho de finalmente asumir el poder evidencia que la democracia guatemalteca «tiene la fortaleza necesaria para resistir y mediante la unidad y la confianza se puede transformar el panorama político del país“.
Agradeció la solidaridad de las “naciones hermanas“ de Guatemala, alegando que el apoyo fue “fundamental para el éxito de los esfuerzos emprendidos por la sociedad guatemalteca en defensa de sus instituciones democráticas y la preservación del estado de derecho».
En sus declaraciones, aseguró que el Gobierno bajo su cargo no permitirá que se promuevan agendas políticas o que se preserven privilegios por medio de la violencia.
«No toleraremos la intolerancia y la arbitrariedad. No permitiremos que nuestras instituciones se dobleguen otra vez ante la corrupción y la impunidad», aseveró.
«Nos encontramos ante una oportunidad histórica para revertir décadas de abandono social y deterioro institucional, recuperar la visión y los principios acordados en el marco del proceso de paz. Asimismo, manifestó que la actual crisis política ofrece al país «la oportunidad única de edificar una institucionalidad democrática robusta y saludable sobre los escombros de este muro de corrupción que estamos empezando a derribar».
Destacó que se realizarán «inversiones significativas y responsables» en servicios fundamentales, como electricidad, agua, saneamiento y vivienda, y que se ampliará el acceso y la calidad de los servicios de salud sobre la base de «principios que promueven la salud: la universalidad y la progresividad».
Previamente, se vivió un pleno solemne en el Congreso, interrumpido y demorado. Tras más de cinco horas de receso y varias horas más de labores, finalmente concedió la investidura a los 160 diputados, 23 de ellos del partido de Arévalo, Movimiento Semilla. No obstante, el pleno determinó que asumieran sus cargos como «independientes» y no como miembros de su coalición política.
Tras ser juramentados los nuevos diputados, Samuel Pérez, del Movimiento Semilla, fue elegido presidente del Congreso. La nueva Junta Directiva fue luego juramentada por la X Legislatura.
Durante la jornada se presentaron manifestaciones en el exterior de la sede legislativa, encabezadas por grupos indígenas y otros partidarios del presidente electo, en tanto que no se definía la planilla que encabezaría el nuevo Gobierno.
La llegada al poder de Arévalo y Herrera, que estarán al frente del país durante el período 2024-2028, se mantuvo en entredicho hasta esta última semana debido a distintas investigaciones judiciales que abrió el Ministerio Público (MP) guatemalteco contra ambos, su partido político Semilla e incluso el proceso electoral que le dio la victoria, al considerar que sus resultados debían ser nulos.






