El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, promete incentivos y compensar a petroleras que inviertan en Venezuela, con la meta de revitalizar el sector en 18 meses, pero la industria aún duda por la «poca claridad» del apoyo, la incertidumbre política y lo anticuado de la infraestructura venezolana, según expertos.
Tras la captura, el pasado día 3, del presidente venezolano, Nicolás Maduro, Trump sugirió que reembolsaría a las petroleras que inviertan en Venezuela, mientras que el secretario de Energía, Chris Wright informó el miércoles de un «diálogo activo» con las compañías de gas y petróleo sobre potenciales mecanismos de compensación.
Pero Wright, quien avisó que Estados Unidos controlará de forma «indefinida» las ventas de crudo venezolano, también reconoció que serán necesarios «decenas de miles de millones de dólares y un tiempo significativo» para revitalizar el sector.
Pese a las exhortaciones de Washington, el escenario permanece «extremadamente complicado» y «poco claro» para las petroleras, que hacen inversiones con horizontes de 10 a 25 años, comentó a EFE Diego Rivera Rivota, investigador en el Center on Global Energy Policy (CGEP) de la Universidad de Columbia.
«El hecho de que Trump diga ‘drill, baby, drill’ (‘perfora, nene, perfora’) no significa que vaya a aumentar la producción porque eso depende de decisiones privadas y comerciales de cada una de estas empresas, que tienen actividades en muchos otros campos geológicos», expuso en una entrevista.
Una potencia petrolera apagada
Después de capturar a Maduro, Trump ha priorizado el petróleo de Venezuela, que tiene las mayores reservas del mundo, el equivalente a 364.000 millones de barriles o el 17 % del total, aunque su producción solo representa el 1 % global, indicó Standard & Poor’s (S&P) en un análisis.
De 3 millones de barriles al día en enero de 2008, la producción de Venezuela ha caído a unos 963.000 en diciembre pasado «debido a falta de inversión en la infraestructura del país», que necesita «inversiones mayores para revitalizarse», pues tiene cerca de 28.000 pozos inactivos que requieren rehabilitación, agregó la consultora.
Fuera de los costos, «el reto mayor o el de entrada es la incertidumbre sobre cuáles van a ser las reglas del juego en Venezuela», advirtió Rivera Rivota.
Trump aseguró ahora que EEUU controlará Venezuela y su petróleo durante años, pero el investigador indicó que las compañías saben que la política estadounidense puede cambiar tras la elección presidencial de 2028 mientras que aún se desconoce cuánto tiempo seguirá el gobierno de la chavista Delcy Rodríguez, presidenta venezolana encargada.
Las petroleras, añadió el especialista, podrían poner en marcha infraestructura de activos existentes en dos años, pero los otros pozos requieren «comenzar de cero» e inversiones en exploración y perforación que se extenderían más allá de la gestión de Trump y requerirían anticipar cómo estará el mercado dentro de una década.






