En una nueva escalada de las operaciones antinarcóticos en el Hemisferio Occidental, fuerzas de los Estados Unidos atacaron un buque presuntamente vinculado al tráfico de sustancias ilícitas en aguas internacionales del Océano Pacífico. La operación resultó en la muerte de dos tripulantes de la embarcación interceptada, consolidando la postura de «tolerancia cero» impuesta por la administración de Donald Trump.
Este incidente se enmarca en la denominada Operación Lanza del Sur, una ambiciosa y agresiva campaña militar y policial lanzada por Washington para desmantelar las rutas de suministro de los carteles de la droga hacia Norteamérica. Desde su implementación en agosto de 2025, la campaña ha estado marcada por un uso contundente de la fuerza, acumulando hasta la fecha un saldo de 119 fallecidos en diversos enfrentamientos y operativos de interceptación.
La administración Trump ha defendido estas acciones como una medida necesaria para frenar la crisis de fentanilo y otras drogas que afectan la salud pública en Estados Unidos. La estrategia se basa en:
- La interceptación de «narcosubmarinos» y embarcaciones de perfil bajo en corredores marítimos clave.
- El despliegue reforzado de activos de la Guardia Costera y el Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM).
- Una política de combate directo en aguas internacionales bajo mandatos de seguridad nacional.
«La situación con Venezuela y las rutas de tráfico está avanzando muy bien (…) estamos satisfechos con los resultados de nuestras operaciones», expresó recientemente el presidente Trump en el Despacho Oval, reafirmando que el control de las fronteras y las rutas marítimas es una prioridad política absoluta.
El aumento de la letalidad en estas operaciones ha generado un intenso debate sobre el cumplimiento de las normas internacionales en alta mar. Mientras Washington sostiene que actúa bajo la premisa de la defensa propia y la interdicción de activos criminales, diversos sectores de la sociedad civil han expresado preocupación por la desaparición de un «orden basado en normas» en la geopolítica actual.
Por su parte, el gobierno de los Estados Unidos ha extendido invitaciones a otros países para cooperar en la vigilancia de estas rutas, vinculando la estabilidad del mercado energético y la seguridad regional con el éxito de estas misiones de interdicción.






