Legisladores republicanos en Estados Unidos iniciaron acciones ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) y el Congreso para exigir sanciones, multas e incluso penas de prisión contra el artista Bad Bunny, así como contra ejecutivos de la NFL y la cadena NBC, tras el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026.
El político Randy Fine calificó la presentación como «ilegal», fundamentando su postura en el uso de lenguaje que, según su traducción al inglés, incluía términos altisonantes como «dick», «ass» y «fuck». Fine envió una carta a la presidenta de la FCC, Brenda Carr, solicitando la revisión de las licencias de transmisión de las entidades involucradas debido a lo que describió como: “Toda la otra desagradable suciedad pornográfica que se vio en el pequeño concierto”.
A esta iniciativa se sumó Andy Ogles, congresista federal por Tennessee, quien dirigió una misiva al Comité de Energía y Comercio del Congreso solicitando una investigación formal. Ogles acusa a la NFL y a la NBC de «facilitar esta transmisión indecente» y describe el contenido musical como una: “Glorificación de la sodomía y otras innombrables depravaciones”.
El legislador Ogles argumentó que la audiencia infantil fue expuesta a «muestras explícitas de actos sexuales» y comportamientos que calificó de desvergonzados por parte del cantante puertorriqueño. En una entrevista con el canal Real America’s Voice, el congresista comparó el evento con el incidente del Super Bowl 2004: “Esto podría ser peor que el incidente en el que quedó descubierto el pezón de la cantante Janet Jackson”.
Mientras los sectores conservadores impulsan estas medidas disciplinarias, el espectáculo ha recibido valoraciones contrastantes en el ámbito internacional, como la de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien destacó el mensaje de unión del show, y el apoyo de figuras como Ricky Martin, quien expresó su emoción por la presentación.






