Jaiber Núñez: La experiencia indica que si los victimarios piden perdón sincero hay un alivio en las víctimas

Hacer justicia es también centrarnos en lo que necesita la víctima, enfatiza el abogado e investigador de la UCAB / Texto y fotos: Vanessa Davies

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Escuchar a un abogado decir que la justicia no es solo crimen y castigo no deja de sorprender. Pero esas son las palabras que utilizó el pasado jueves Jaiber Núñez, abogado e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), para referirse a una visión distinta que puede abrir las puertas en Venezuela: la justicia restaurativa.

«Muchas veces uno como abogado identifica la justicia con crimen y castigo, con la relación entre victimario y Estado y todo lo que tiene que ver con el proceso penal», señala Núñez. Pero «la justicia restaurativa es un enfoque diferente, en la misma búsqueda de justicia, que persigue centrarnos en la víctima, centrarnos en lo que necesita la víctima para trascender esa situación tan desagradable y traumática y poder encontrar paz y mejora de la situación».

Esto, aclara, «no reemplaza el enfoque tradicional. Una de las controversias que se suscita cuando hay justicia restaurativa es la idea de que es impunidad, y no es así». Todo lo contrario: «La justicia restaurativa parte del reconocimiento del daño provocado por el victimario, y conocer, desde las perspectivas de las víctimas, qué puede hacer la sociedad, qué puede hacer el Estado, qué podemos hacer cada uno de nosotros para ayudarla en ese proceso de superar el dolor y la tragedia, que es una tragedia muy personal».

En Venezuela «tenemos una oportunidad histórica», remarca. «La verdad es que tenemos un largo camino por recorrer, pero desde la voluntad y el reconocimiento de los diferentes actores políticos de la realidad que queremos superar» hay campo para construir entre todos.

Voluntarios y sinceros

Los esquemas de la justicia restaurativa, precisa Núñez, deben ser voluntarios «y partir del reconocimiento sincero; en la medida en que se implemente de esta manera, podrá lograr efectos positivos para lo que queremos, que es atender a las víctimas».

La restauración y el proceso penal marchan paralelamente, puntualiza el abogado. «Lo que estamos buscando es que el sistema de administración de justicia, que está en una situación en la que no ha sido capaz de dar satisfacción a ese anhelo de justicia, empiece a implementar esos elementos de justicia restaurativa para atender a ese conjunto de personas que ha sufrido graves violaciones de derechos humanos, y ayudarlas en ese proceso tan difícil y tan personal».

Para la restauración, como lo subraya, hay estándares internacionales, «y la experiencia comparada siempre da lineamientos de buenas prácticas, pero el esquema actual parte de preguntarle a la víctima qué necesita, porque el dolor es personal; lo que ha ocurrido en cada uno de los casos es diferente y la forma en que la persona ha tratado de sobrellevar eso es distinta». Advierte que, si solo se trabaja con los estándares, se puede producir la revictimización: «Tratando de hacer el bien, terminas en una situación en la que la persona queda mucho peor; por eso, esto necesita un abordaje multidisciplinario y muy humano».

Para la justicia restaurativa no es preciso aprobar leyes, sentencia: «Lo que se necesita es la voluntad. La voluntad de la sociedad, tanto de los actores políticos como de la sociedad civil de entrar en esta senda y empezar a plantearse diferentes mecanismos de justicia restaurativa. No hay una receta única para cada país, hay que entender el propio contexto sociopolítico en el que se quiere aplicar este tipo de iniciativas» y tener siempre en cuenta la voz de la gente.

¿Que los victimarios pidan perdón restaura algo? «La experiencia comparada dice que sí. Evidentemente no todos los casos son iguales, no todas las violaciones de derechos humanos son de la misma entidad, pero lo que sí se ha visto en la experiencia comparada es que un arrepentimiento sincero y la colaboración que puedan prestar estos victimarios en el esclarecimiento de la verdad puede proporcionar algún alivio».

-¿Saber lo que sucedió no es poner el dedo en la llaga nuevamente?

-La verdad tiene dos dimensiones, y eso está estudiado desde la perspectiva de la justicia transicional. Una dimensión personal, en la que no todas las víctimas quieren conocer todos los detalles y eso debe entenderse. Y una dimensión colectiva, porque la sociedad tiene el derecho de saber qué ocurrió para tomar las medidas y que eso no vuelva a ocurrir.

Crear una comisión de la verdad, con lineamientos claros y un mandato de común acuerdo, puede ser un mecanismo, señala, «pero esto no es una receta; esto debe adaptarse a la realidad de cada contexto».

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