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miércoles, 11 marzo, 2026

Enrique Ochoa Antich: Venezuela necesita un pacto de Estado para los derechos humanos

El defensor de derechos humanos postuló su nombre para la Defensoría del Pueblo. "El que me conoce sabe que es bastante difícil que yo pueda aceptar presiones indebidas, pero las presiones debidas son bienvenidas, porque el ciudadano va a presionar", sentenció / Texto, fotos y videos: Vanessa Davies

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Si alguien leyera el destino de Enrique Ochoa Antich, sin duda que encontraría que la defensa de los derechos humanos está marcada en su camino; y si quedaba alguna interrogante, El Caracazo la aclaró. «Yo me estaba retirando de la política como tantas veces me he retirado, y entonces le dije a Freddy Muñoz, secretario general del partido: ‘Mira, antes de retirarme de la política, yo quiero dejarle al MAS una secretaría para los derechos humanos. Y se creó. Y entonces, pam, ocurrió el 27 de febrero, se puso sobre la mesa el tema de los derechos humanos y me arrastró todo ese mundo», rememora.

Hoy, Ochoa Antich propone su nombre como defensor del Pueblo. «Me encantaría terminar mi vida pública, después de más de 50 años, como defensor del Pueblo, para dejarle la país una Defensoría diferente», argumenta.

-¿Por qué quiere ser defensor del Pueblo? ¿Qué haría diferente?

-En primer lugar, porque es una institución por la cual hemos peleado durante muchos años. Imagínate que la primera vez que quizás comenzamos a hablar del tema, en el caso personal, fue por allá en los años 80, con Gustavo Briceño. Él era presidente del capítulo venezolano del Instituto Latinoamericano del Ombudsman. Ese Instituto Latinoamericano estaba presidido por un argentino que vivía en Caracas. Y Gustavo Briceño, cuando vio las actividades que yo tenía en materia de derechos humanos, me buscó. Ellos me empezaron a dar la idea de lo que era la Defensoría, y empezamos a plantear ese tema que al final fue recogido en la Constitución. Pero ya se había convertido en una especie de demanda nacional. Por supuesto, haber observado que la Defensoría no ha calzado los puntos, que no ha generado en la sociedad la sensación de que los ciudadanos tienen un instrumento para defender sus derechos, pues es algo un poco triste, ¿no? Por ahí la llamé, en un último artículo, El palacio del silencio. Creo que se trata de recuperar, reconstruir, dotar a la sociedad venezolana de una Defensoría del Pueblo de verdad; es algo que vale mucho la pena. En segundo lugar, creo que Venezuela ha llegado a un momento en materia de derechos humanos, incluyendo derechos sociales, en que debe tener una especie de pacto de Estado sobre los derechos humanos. Tengo la convicción de que esta no es una deuda solamente de los últimos años. Es una deuda de la sociedad venezolana; no de los gobiernos, sino de la sociedad venezolana de muchísimos años atrás. De hecho, una de las cosas que uno decía en los 80 y en los 90 es que la democracia, que había llegado sobre la base del discurso de la honestidad y el respeto a los derechos humanos contrastándolo con la dictadura de Pérez Jiménez, había quebrantado su promesa. Si uno echa la mirada para atrás, pues es evidente que esa es una deuda que tiene la sociedad venezolana de hace 30, 40, 50, 60 años o tal vez más.

-Habla de una defensoría de verdad. ¿Qué sería una defensoría de verdad?

-Obviamente es una institución del Estado, eso es indiscutible; es un funcionario del Estado el defensor del pueblo, pero no debe ser una institución solamente del Estado en la gente, sino una institución de la gente en el Estado. Además, en los últimos tiempos ha habido este fenómeno que he planteado a las altas autoridades del ejecutivo nacional, y que a mí me parece que es una deformación, una atrofia del proyecto chavista: esta confusión entre partido y Estado. Es esto que yo he llamado partido-Estado. Entonces, en la medida en que el partido además copa todas las instituciones, la Defensoría pierde mucho de su condición de ser una institución autónoma. La Defensoría, por supuesto, debe tener una relación proactiva; no tiene por qué convertirse en una especie de enfant terrible, una molestia constante, porque el defensor, además de denunciar, tiene que buscar correctivos con el Estado. Esos correctivos son, en particular, con el ejecutivo y con el fiscal. Entonces, pretender, como quizá algunos piensen, que el defensor va a ser una especie de tábano contra el gobierno, un opositor permanente a todo lo que el ejecutivo diga, no es esa la idea tampoco, ¿no? Primero tiene que persuadir. Creo que la función básica del defensor frente al Estado es persuasiva; como sabemos, el defensor no tiene facultades coercitivas. El defensor del Pueblo lo que tiene es una autoridad moral frente a la sociedad; por eso la personalidad del defensor importa tanto para la Defensoría. La Defensoría es, en buena medida, lo que la personalidad del defensor sea. El defensor tiene que ser una persona muy sensible ante las injusticias, ante las arbitrariedades; tiene que ser una persona con capacidad de encuentro con los ciudadanos, y que si llega una gente protestando a la puerta de la Defensoría, salga a recibirla, salga a conversar. Una vez yo vi una marcha que estaba llegando con un documento a la Defensoría, pero a los participantes los dejaron en la avenida Libertador, y entonces el defensor mandó a un funcionario en vez de ir y darle la cara a la gente.

-¿Qué hemos tenido hasta ahora en la Defensoría? No lo personalizo en una persona u otra.

-Me parece bien lo que dices de que no es un asunto personal. Es un asunto de la fisiología del Estado que se ha construido, que hace que esas instituciones que deberían ser autónomas sean obsecuentes, disciplinadas respecto del ejecutivo y del partido. Justamente yo señalaba el otro día, en la reunión que tuvimos con la presidenta Delcy Rodríguez y con el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, que la Contraloría y la Defensoría deben encender las alarmas, y que el ejecutivo debería ser el primer interesado en que se enciendan las alarmas. Si se hubiesen encendido las alarmas, por ejemplo, en materia de corrupción, quizá se podría haber impedido que hubiéramos llegado al absurdo de tener cinco presidentes de Pdvsa, o no sé cuántos presos. O en materia de derechos humanos, quizá no habríamos llegado al absurdo de tener 10 mil personas que han sido beneficiadas por la Ley de Amnistía. Si esas instituciones funcionaran, pues frente a cualquier hecho se procede de inmediato. A veces hay una relación entre una cosa y otra, porque alguna vez le escuché decir a Braton que ellos estaban siempre pendientes de los hechos de corrupción en materia policial, ya que generalmente donde había habido corrupción había violaciones a los derechos humanos; el policía que se acostumbra a violar la ley, pues obviamente lo hace en cualquier campo.

-¿Pero entonces no hemos tenido una Defensoría que cumpla con las atribuciones?

-Para nada. Hemos tenido una Defensoría muy silenciosa, pero en particular creo yo que en los últimos tiempos, como te decía, hay una relación entre la persona y el cargo, ¿no? Hemos tenido un defensor cuya personalidad no se parece a la de un defensor. Todos los manuales del Ombudsman que alguna vez yo leí en mi vida señalan que el defensor de los derechos humanos tiene que apoyarse mucho en la opinión pública. Eso implica que tiene que ser alguien que sepa hacer bulla, que sepa estremecer a la opinión pública. Tiene que aparecer en los medios de comunicación, ir a los programas, tener un discurso inteligente para mantener la capacidad de persuasión y de negociación con el ejecutivo y con la fiscalía. Si está peleado con el fiscal, no logra nada. Es probable que el fiscal no le responda la llamada a la hora de pedir la libertad para un preso. Y es preferible mantener esos canales abiertos. Por eso digo yo que el defensor del Pueblo tiene que levantar la voz, pero tiene que saber el modo. Como decía Bolívar en la frase que Teodoro Petkoff puso en el libro Proceso a la izquierda, «con modo todo se puede». Entonces depende de que el defensor tenga un modo, pero lógicamente la personalidad tiene que ser la de un hombre que habla, que pone sobre la mesa el tema.

-¿Y qué se supone que hace el defensor?

-Cuando se dice que no tiene capacidad coercitiva, entonces la gente dice «¿para qué? ¿Por qué es importante? ¿Para qué? Bueno, el defensor tiene, en primer lugar, la capacidad de recibir las denuncias. Primero, recibe las denuncias, está pendiente de que haya los canales necesarios para recibir denuncias en materia muy diversa, porque se establecen no solamente derechos humanos como la vida, la libertad, la integridad física, etcétera, sino también otros derechos como los servicios públicos, sueldo, salario, pensiones. Una vez que se reciben las denuncias, el defensor abre una investigación. Una vez abierta la investigación, se trata de establecer cuál es la realidad del hecho, tanto como lo puede hacer un defensor. Puede presentar el caso en la fiscalía, puede hacer la sugerencia a las autoridades ejecutivas que están encargadas del asunto. Puede llegar, incluso, a presentar una denuncia formal en la fiscalía y en los tribunales. Tiene todas esas facultades que le permiten representar a la gente a la hora de plantear una demanda en materia de resguardo. Todo eso es lo que hace el defensor. Recibir a la gente, pronunciarse, investigar, canalizar. Y después ya depende de las autoridades del Ministerio Público, del Poder Ejecutivo. Yo aspiraría a que el defensor llegue a una policía y pueda reunirse con las autoridades policiales, que pueda llegar a hablar con las autoridades militares y que pueda lograr persuadir y convencer. La persuasión es lo primero, porque si tú logras que la autoridad que tuvo que ver con ese hecho comprenda el problema, la autoridad tiene que ver no solamente con ese hecho, sino con muchos otros hechos, ¿no? O la posibilidad de que muchas otras cosas ocurran. Por ejemplo, un policía comete un abuso, lo denuncias, lo metes preso o lo castigas, se resolvió ese problema; pero si el comandante de la policía comprende por la vía de la persuasión que eso no debe hacerse, porque el defensor logra crear la sensibilidad social, entonces, toma las medidas, y si tiene 20 mil policías, eso se está multiplicando por 20 mil. La idea es formar a otros también.

Ochoa Antich propone tres medidas para la Defensoría del Pueblo. La primera, que el Consejo Legislativo, las ONG, la sociedad civil, los gremios, las universidades de cada estado participen en la postulación del defensor estadal; y un mecanismo similar para los defensores municipales. La segunda, convocar a todas las organizaciones de derechos humanos para constituir un consejo de ONG de la Defensoría, y que ellas tengan una cita cada 15 días con el defensor «como mecanismo de consulta permanente». La tercera, «visitar a las cuatro bestias negras, que son las cárceles de Tocuyito, El Rodeo, Yare y Tocorón. Visitar las cuatro cárceles, ver si hay presos políticos que no han sido beneficiados por la Ley de Amnistía, tratar de terminar de resolver eso, ver los que sean beneficiables de acuerdo con la ley. Ese testimonio de la visita a las cárceles ya de alguna manera indicaría algo diferente».

Y suma una cuarta: «Conformar una comisión independiente de economistas, empresarios y sindicatos para discutir lo que podría ser una especie de pacto salarial antiinflacionario. De modo tal que esa comisión independiente le diga al país con claridad hasta dónde se puede llegar con el tema salarial. Porque todos sabemos, porque lo padecemos, que cuando se hacen aumentos salariales que tienen un impacto inflacionario, no sirven de absolutamente nada».

-¿En qué se diferenciaría eso del mecanismo tripartito?

-No es oficial. Yo suelo hablar de un mecanismo multipartito en el que además incluyo a los gremios, incluyo a los sindicatos, a los empresarios, el Estado. En este caso se trataría de una cosa puntual sobre el tema salarial para rendir un informe y decirle al país: «Mira, esto es lo que se puede hacer responsablemente». A veces se usa el tema de manera demagógica y hay que tener cuidado con eso. Sería contingente; es decir, no es un espacio permanente.

-¿Por qué dejarían entrar al defensor a las cárceles, que hasta ahora no ha sido posible?

-No sabemos si las han visitado o no, porque nunca se ha sabido qué es lo que hace el defensor. Pero eso es parte de la presión que tiene que lograrse con el gobierno. Yo tengo la impresión de que en este momento en el gobierno hay una comprensión mayor de la que existía antes sobre la necesidad de permitir que las instituciones funcionen como deben funcionar: con autonomía, con sus facultades a la plenitud, sin estar sobredeterminadas por los intereses del partido político de gobierno.

-¿Necesitamos legalmente algo que fortalezca más el rol del defensor? ¿O está bien como está?

-No es por falta de ley que no se actúa. No es por falta de Constitución, ni nada. Podría revisarse la ley, pero con esto se puede andar.

-Internacionalmente ¿cómo cómo está la figura del defensor en este momento?

-En las democracias es una institución que funciona bastante bien.

-¿Qué país latinoamericano, qué país vería como ejemplo?

-En América Latina hay muchos. En Colombia funciona bastante bien. ¿Podríamos ser algo como Colombia, por ejemplo? Sí, Colombia creo que puede ser un punto de referencia importante. España es otro punto de referencia importante.

-La relación con el Ejecutivo en las circunstancias en que está el Ejecutivo. La relación con Estados Unidos, ¿cómo la vería?

-Como una relación muy proactiva. La tarea más importante que tiene este gobierno, más allá de los partidos, más allá de la fractura gobierno-oposición, más allá de la fractura Estado-sociedad democrática, más allá de todo lo que hemos estado viviendo los venezolanos, es la reconstrucción de la soberanía perdida. Creo que la Defensoría puede hacer mucho respecto de esa tarea esencial que tenemos todos los venezolanos, que es reconstruir la soberanía.

-¿Qué puede hacer el Defensor para la reconstrucción de la soberanía?

-Tener una actitud participativa, ser solidario. Creo que lo primero es pedir que se levanten las sanciones.

-¿Y lo puede hacer el defensor?

-Pedirlo sí, por supuesto. El defensor tiene capacidad para hacer muchas cosas; el fiscal, también, el Contralor, todos los los funcionarios del Estado pueden hacerlo, porque son funcionarios del Estado. Son ciudadanos de la República.

-¿Cómo manejaría las presiones? Porque son cargos sometidos a mucha presión siempre.

-Quizá la única ventaja que le veo a tener la edad que tengo para el cargo es que puedo tener la serenidad que no habría tenido hace 20 años, ¿no? Cuando llegó Chávez, a veces pensaba que podía haber sido el defensor, pero no habría tenido la serenidad. Ahorita creo que tengo la serenidad para resistir sin desplantes, porque creo que los desplantes nunca ayudan. Creo que hay que resistir con serenidad, con tranquilidad. El que me conoce sabe que es bastante difícil que yo pueda aceptar presiones indebidas, pero las presiones debidas son bienvenidas, porque el ciudadano va a presionar.

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