En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y redefinición de cadenas de suministro, junto a una transición energética más lenta de lo previsto, Sudamérica vuelve a posicionarse como una región estratégica para la seguridad energética global. Lejos de ser una promesa futura, su relevancia responde a una realidad concreta: abundancia de recursos, diversidad energética y una ubicación geográfica clave.
Para el ingeniero peruano Jorge Miroslav Jara Salas, dedicado a la industria petrolera por más de tres décadas y con experiencia global, el momento actual exige una lectura menos ideológica y más técnica del mapa energético mundial.

“El mundo no está dejando de necesitar energía; está diversificando cómo la usa. Y en ese escenario, Sudamérica tiene un rol fundamental que jugar”, afirma el especialista.
Venezuela y el retorno de un actor clave
Dentro de este tablero regional, Venezuela vuelve a ocupar un lugar central. Con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y una de las concentraciones más importantes de crudo pesado y extrapesado, su reinserción progresiva en el mercado internacional reactiva el potencial energético sudamericano.
El ingeniero Jorge Jara Salas es enfático al respecto:
“El crudo pesado venezolano no es un problema, es una ventaja estratégica. Es abundante, es demandado y genera valor más allá de los combustibles tradicionales”.
Una región diversa y complementaria
El concepto de hub energético no se construye desde un solo país. Brasil, con su desarrollo offshore; Argentina, con el potencial de Vaca Muerta; y Guyana, como nuevo actor emergente, conforman junto a Venezuela un ecosistema energético diverso y complementario.
“La fortaleza de Sudamérica está en su variedad de recursos y en la posibilidad de integrarlos de forma inteligente”, señala Jara Salas. “Gas, crudo liviano, pesado y no convencional pueden coexistir si hay planificación”.
Esta integración permitiría no solo abastecer mercados externos, sino también fortalecer el consumo regional, reducir dependencias y generar cadenas de valor local.
El verdadero desafío: visión y continuidad
Sin embargo, el principal reto no está bajo tierra. Está en la superficie.
Infraestructura e inversión sostenida, junto a políticas energéticas que trasciendan ciclos políticos, serán determinantes para consolidar a Sudamérica como hub energético.
“La exploración y el desarrollo energético no pueden pensarse a cuatro años. Son decisiones que marcan generaciones”, advierte Jorge Jara Salas.
En un escenario global donde la transición energética requiere orden, realismo y recursos, Sudamérica tiene la oportunidad y la responsabilidad de ofrecer energía confiable y estratégica.
Más que recursos: una decisión de futuro
Sudamérica no es una promesa energética: es una realidad en construcción. Con Venezuela nuevamente integrada al mercado, y con países que avanzan en distintos frentes energéticos, la región puede convertirse en uno de los pilares del suministro global en las próximas décadas.
Como concluye Jorge Miroslav Jara Salas: “No se trata de elegir entre pasado o futuro energético, sino de entender que sin energía no hay desarrollo posible”.






