El mercado energético global atraviesa una jornada de marcada volatilidad y reajustes estratégicos. El precio del barril de crudo Brent para entrega en marzo cerró hoy en el Mercado de Futuros de Londres con un incremento del 1,61 %, situándose en 66,52 dólares. Este valor, que supone un avance de 1,06 dólares respecto a la sesión anterior, representa el nivel más alto alcanzado por el referente europeo desde el pasado 23 de noviembre, reseñó EFE.
Mientras el Brent consolidaba su ascenso, el barril de Texas (WTI) mantuvo una trayectoria más discreta, superando apenas la barrera de los 60 dólares. Detrás de este repunte se esconde un complejo tablero geopolítico: los inversores reaccionan con cautela ante los renovados temores de interrupciones en el suministro de Irán. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su retórica contra Teherán, reiterando amenazas de intervención y advirtiendo sobre la imposición de aranceles unilaterales del 25 % a las naciones que mantengan vínculos comerciales con el país persa.
Este clima de incertidumbre se ve agravado por la escalada de tensiones en la guerra de Ucrania y un foco de conflicto inesperado en Groenlandia, donde el distanciamiento diplomático entre Washington y las potencias europeas, ante la posibilidad de una toma por la fuerza del territorio, ha encendido las alarmas en los mercados internacionales.
El factor Venezuela: Un gigante que busca despertar
En medio de esta inestabilidad, para los analistas de Reuters, las miradas se posan sobre Venezuela. Tras la captura en Estados Unidos de su antiguo líder, Nicolás Maduro, el país se perfila para una reactivación que podría transformar el mercado a largo plazo. Según un informe de la consultora Enverus, se proyecta que la producción venezolana podría incrementarse cerca de un 50 % en la próxima década, alcanzando los 1,5 millones de barriles diarios para 2035.
La administración Trump instó a las petroleras estadounidenses a movilizar inversiones por el orden de los 100.000 millones de dólares para reconstruir la infraestructura energética del país. No obstante, el camino hacia la recuperación se anticipa tortuoso. En un escenario de optimismo máximo y estabilidad política, Enverus estima que la producción podría escalar hasta los 3 millones de barriles diarios; una cifra ambiciosa si se considera que la producción actual oscila cerca del millón de barriles, muy lejos de los 4 millones registrados en los años 70.
Escepticismo en la industria y proyecciones de mercado
Pese al entusiasmo de la Casa Blanca, los capitanes de la industria mantienen la guardia alta. En una reciente reunión con el presidente Trump, el director ejecutivo de Exxon Mobil, Darren Woods, fue tajante al calificar la inversión en Venezuela como «inviable» en las condiciones actuales. La industria exige marcos legales robustos y garantías de seguridad física para sus empleados antes de comprometer capital en una red de oleoductos y plataformas que requiere ser reconstruida casi en su totalidad.
En cuanto al impacto en los precios globales, Al Salazar, director de investigación macroeconómica en Enverus, descarta que el retorno de Venezuela hunda las cotizaciones a corto plazo. «Anticipamos un excedente global de 1 a 2 millones de barriles diarios en la primera mitad de 2026», señaló Salazar. Sin embargo, hacia 2035, el mercado se encamina a un déficit estructural que permitiría absorber la oferta venezolana sin desestabilizar los precios, ofreciendo una ventana de oportunidad para que el país sudamericano recupere su rol como actor clave en la seguridad energética global.
Con información de EFE y Reuters






