El reciente lanzamiento del plan piloto para comercializar gasolina de 97 octanos en Venezuela ha generado diversas interrogantes sobre su impacto real en el parque automotor nacional. Para Oswaldo Felizzola, coordinador del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA, esta medida tiene un alcance sumamente limitado, pues se dirige exclusivamente a un mercado selecto de vehículos de alta gama y motores turbo.
Según el especialista, este segmento representa apenas unas 60,000 unidades, una cifra marginal frente a los 4 millones de vehículos que circulan en el país. Para el grueso de los conductores venezolanos, cuyos automóviles datan mayoritariamente del periodo 2000-2010, la gasolina de 95 octanos se mantiene como la opción más equilibrada tanto técnica como económicamente.
Felizzola enfatizó que las características actuales de los vehículos en Venezuela no exigen este nuevo combustible premium. “Para el parque automotor venezolano actual, donde casi la edad promedio es de veinticinco años, cualquiera de las gasolinas tradicionales de noventa y uno, noventa y cinco, está más que suficientemente bien para funcionar”.
Más allá del octanaje, el experto advirtió sobre problemas estructurales en la calidad del combustible. Actualmente, el sistema de refinación nacional opera apenas al 20% de su capacidad instalada. Esta precariedad operativa se traduce en gasolina con «desechos sólidos» o partículas en suspensión, un factor que obliga a los usuarios a cambiar filtros de combustible con frecuencia para evitar daños mecánicos.
En cuanto al futuro de la industria, el coordinador del IESA fue directo al señalar que la responsabilidad financiera de la reconstrucción recaerá sobre el consumidor local a través del pago de precios reales.
Durante su intervención en el programa “Análisis de Entorno”, Felizzola aclaró que el alivio de las sanciones no debe malinterpretarse como una solución para el suministro de combustible: “Nosotros los venezolanos somos los que tenemos que financiar el proceso de recuperación de la refinación venezolana. No esperemos que estas licencias que está dando la Casa Blanca sean para aumentar la producción petrolera, no refinación”.






