La industria del cacao en Venezuela presenta un contraste marcado entre su potencial genético y su rendimiento productivo actual. Andreina Portillo López, ingeniera agrónoma y directora general de la Fundación para el Desarrollo del Cacao (Funda Cacao), destacó en una entrevista para Fedecámaras Radio que el país cuenta con la diversidad de cacao más amplia del mundo, siendo un referente en la producción de granos finos de aroma.
Durante su intervención en el programa Análisis de Entorno, Portillo resaltó variedades emblemáticas que otorgan prestigio al país, tales como el Porcelana, el Azar, los Criollos de Mérida y el cacao de Chuao. Esta riqueza biológica posiciona al rubro venezolano en un estrato de excelencia internacional.
«Nosotros los venezolanos somos reconocidos, porque tenemos la diversidad genética más amplia que puede existir en el mundo y producimos cacaos de excelente calidad», afirmó la especialista.
A pesar de la calidad excepcional del fruto, la participación de Venezuela en el mercado global es limitada. Según datos compartidos por la directora de Funda Cacao, la producción nacional representa apenas el 0.4% de la oferta mundial. Las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para el año 2024 sitúan la cosecha anual en unas 29,000 toneladas, una cifra que se encuentra significativamente por debajo de competidores regionales como Ecuador.
Uno de los principales obstáculos para el sector radica en los bajos niveles de eficiencia por unidad de superficie. Portillo López señaló que los rendimientos actuales en las unidades de producción venezolanas se sitúan entre los 350 y 400 kilos por hectárea.
Esta cifra dista de los estándares necesarios para garantizar la sostenibilidad económica de los productores. Según la experta, para que una hacienda sea considerada rentable, debería alcanzar un mínimo de 1,000 kilos de cacao seco por hectárea al año, lo que implica la necesidad de mejorar los procesos técnicos y el manejo de los cultivos para cerrar la brecha productiva.






