Los salistas profesionales y los amateurs se han refugiado en estos torneos clandestinos para mantenerse activos y seguir haciendo lo que les gusta, además si ganan el relámpago es una entrada extra de dinero para sus necesidades

Con la economía paralizada, los hogares llenos, las calles vacías, pero sobre todo las canchas desoladas, se describían perfectamente los primeros meses de confinamiento desde la llegada de la COVID-19 a Venezuela. Deportistas fungiendo como vendedores, mototaxistas, colectores o cualquier oficio que los ayude a llevar el sustento a sus familias, abundan en las calles del país.

A medida que avanzaron los meses, desde aquel 13 de marzo, la economía se fue reactivando, la casa dejó de parecer un arresto domiciliario y las “caimaneras” de fútbol sala se convirtieron en el mejor pasatiempo para muchos venezolanos.

Lo práctico, sencillo y accesible del futsal lo hace uno de los deportes más practicados en el país y en estos tiempos de pandemia, como una de las mejores terapias.

Imagen referencial
Foto: Joyas HZ

Las 40×20 se convirtieron en el templo del antier, donde llegan los jugadores a reencontrarse con eso que el coronavirus les arrebató. En cada rincón de Caracas y otros estados del país donde haya una cancha, hay  un organizador interesado en traer de vuelta ese espectáculo de microfútbol, así sea por un día.

Los famosos relámpagos marcaron la tendencia  en este y varios deportes. Se pasó de un torneo largo que finalizaba en semanas a reducirse en 12 horas para conocer al ganador. Con ocho o 12 equipos se lanza la competición, muchas veces por sorteo para que los equipos se enfrenten en una primera ronda, los ganadores pasan a la siguiente fase semifinal (en caso de ser ocho equipos, si es de doce, se juegan sextoavos, donde pasan los tres equipos ganadores y un mejor perdedor), nuevamente se realiza un sorteo para revelar cómo serán los cruces y de allí salen los dos ganadores que se enfrentarán en la final para llevarse el premio.

Foto: Cortesía

Los salistas profesionales y los amateurs se han refugiado en estos torneos clandestinos para mantenerse activos y seguir haciendo lo que les gusta, además si ganan el relámpago es una entrada extra de dinero para sus necesidades.

Cabe recordar que el país tiene dos años sin disputar la Liga Superior de Futsal Venezuela (LSFV), primero por problemas económicos que afectaron a la realización de este certamen y ahora por la pandemia que ha golpeado al mundo entero.

Sin embargo, el movimiento Juntos por el Futsal Venezolano se encuentra realizando acciones destinadas a la construcción de una propuesta sólida, de la mano del empresario José Antonio Fernández “El Pibe”, para el resurgimiento de la liga profesional de esta disciplina, para mediados del próximo año, con el objetivo de volver a sentar al fútbol sala de Venezuela entre los más competitivos del mundo.

SONY DSC