Sus guantes lo llevaron a tocar la gloria en dos oportunidades, siempre con la convicción de que iba a ser campeón del mundo. Es, sin duda alguna, parte importante de la historia deportiva de Venezuela

El doble campeón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y gloria deportiva de Venezuela conversó en exclusiva para Contrapunto acerca de lo que fue su carrera deportiva.

De comenzar en enfrentamientos colegiales a trompadas por un refresco o unas galletas, el nativo de Río Caribe se convirtió en doble campeón del mundo en 1989 y 1998, siempre con la convicción de alcanzar el éxito a través de constancia y sacrificio, dos palabras que construyen la vida de un boxeador.

Rojas nació en Río Caribe, en el estado Sucre, pero su carrera deportiva la desarrolló en el Tigrito, estado Anzoátegui. Él se describe de carácter fuerte, que ve como una virtud, pues lo llevó a formarse como boxeador.

“Tenía un carácter bravo, era muy peleón; por eso un amigo me dijo que si era tan guapo debía ir a entrenar a su gimnasio de boxeo, a lo que le hice caso, y al día siguiente estaba con los guantes en ese ring”, afirmó.

Para la época los ídolos del “Kiki” eran Betulio González y Muhammad Alí, dos boxeadores que seguía por su gran pegada y resistencia. En la rama aficionada Rojas estuvo en la selección nacional, pero sólo representó a Venezuela en el campeonato Batalla de Carabobo, donde obtuvo medalla de bronce.

Luego de un invicto de 20 combates como profesional, tuvo la oportunidad de ir a Barranquilla a pelear por el título mundial mosca de la AMB contra el local Fidel Bassa. En esa ocasión, Rojas estaba convencido de que la faja se vendría a Venezuela y fue así como hizo una pelea inteligente que le dio la victoria por decisión dividida.

“Yo sabía que ese título se venía para Venezuela. Estaba seguro de que iba a ser campeón mundial. Muchos me quisieron poner a pelear con Bassa fuera del ring y yo dije que eso lo resolveríamos dentro del mismo. Lo miré a los ojos y le dije ‘se acabó, yo voy a ser campeón, esa faja se viene para mi país’”.

Acerca del combate describió: “Fue una gran alegría para mí y para mi mamá que no quería que fuera boxeador. Recuerdo que a mi madre la montaron en un carro en El Tigrito. Toda la gente estalló de emoción”.

Al año siguiente, Rojas tuvo que pelear con problemas en su hombro y perdió el título en su primera defensa contra el coreano Yul-Woo Lee. “Yo intenté que alargaran un poco más el combate, pero prácticamente me hicieron pelear así. Igualmente me subí al ring, perdimos por decisión”.

El segundo título mundial lo conquistó en 1998 en la categoría súper mosca contra el japonés Satoshi Iida en tierras niponas. Rojas volvió a imponerse al dueño de casa, acostumbrado a pelear con la fanaticada en contra y obtuvo su otro título, ambos reconocidos por la AMB.

En 1999 cayó en la defensa de la faja mundial ante Hideki Todaka y, posteriormente, en 2004, se retiró luego de caer contra el boricua Eric Morel.

Luego de su carrera como boxeador, Rojas decidió iniciar sus estudios en Educación Física. A pesar de lo imposible que le resultó obtener un cupo en la UCV, gracias a Marcos Oviedo, según nos cuenta, pudo graduarse en el Pedagógico de Caracas. “Él me dijo que lo llamara cuando me graduara y al final así fue”, subrayó.

A las nuevas generaciones de boxeadores venezolanos les pide que tengan gallardía, conciencia y responsabilidad. “Recuerden que el deporte es un trabajo y si no se esfuerzan no obtendrán resultados, hay que tomar el deporte como un trabajo para verle los frutos”, finalizó.

Video: Felipe Cuervo/ Contrapunto