Pantalones, camisas, blusas. En realidad, de todo. En el centro de acopio de la Universidad Central de Venezuela (UCV) se recibieron muchas prendas una vez que se abrieron las compuertas de la solidaridad tras los terremotos del 24 de junio. Alguna ropa hizo su viaje directo a La Guaira o a otros sitios donde las personas quedaron con lo puesto. Otra, permaneció en territorio ucevista en busca de un mejor destino. Destino que le ofrecieron las voluntarias de Manos y Retazos en un taller de costura instalado en la Facultad de Humanidades y Educación.
Con máquinas de coser llevadas por el voluntariado, y algunas donadas; con un orden de trabajo y una coordinación clara, Manos y Retazos ha logrado confeccionar más de 60 bolsos para llevar a los refugios. Este jueves 16 de julio, el afán de una docena de voluntarias y dos voluntarios era avanzar en los regalos que se entregarán este domingo, a propósito del Día del Niño, a la infancia trastocada por los sismos. La meta: 300 bolsos, los peluches que salgan.


«Todo comenzó porque, en el centro de acopio, se estaba desechando mucha ropa que estaba rota, manchada o no era de la ocasión», relata Fabbiana Lizardo, estudiante de sociología, modista y una de las coordinadoras de este equipo, mientras enseña las bolsas negras repletas de prendas. «Las bolsas están divididas por recorte textil, ropa que esté en muy bien estado, bluyines y camisas».
Las prendas, en un primer momento, se usarían para rellenar cojines. Pero Fabbiana se dio cuenta de que las personas que recibían las donaciones no tenían ni un bolso donde guardar su nueva indumentaria, razón por la cual pensó que era clave entregar bolsos.


Este jueves, un grupo recortaba el material para rellenar cojines o peluches. Otro grupo elaboraba trapillo con el cual se cosen camas para mascotas y bolsitos.
«Todos tenemos el alma rota. Mi hijo es estudiante de la UCV, miembro de la FCU, y prácticamente se vino a vivir a la universidad. Esta es una manera de aportar a mi país», contó una voluntaria que nunca había cosido en su vida. «Lo que hemos hecho es clasificar prendas, recortar, y vamos clasificando los materiales siguiendo las indicaciones de las chicas».


Victory Abi es activista de moda. Ella se ha dedicado, con Fabbiana y con Nixon Ávila, estudiante de artes de la UCV, a mantener este equipo bien hilvanado. «Tenemos nueve máquinas de coser que las han traído las personas o que las han donado otras personas que quieren apoyar el proyecto. Todas las voluntarias tienen experiencia en costura, y se rigen bajo la planificación que tenemos en el taller», detalló Victory. «En este momento hacemos cartucheras y peluches para el Día del Niño», y las ideas van surgiendo «con base en las necesidades que veamos en los refugios y en las personas afectadas por los terremotos».


«A todas estas prendas decidimos darles una segunda vida», señaló Victory. El voluntariado es clave para ello. «En las primeras dos semanas nos acompañaron unas 150 personas en promedio, pero ha bajado porque la gente comenzó a trabajar, tiene otras cosas que hacer. Ahora nuestro promedio es de 50 a 70 personas». No falta Trapillo, la mascota del equipo.


Adrián Pinto se acercó a Manos y Retazos hace una semana para llevar una donación. «Me gustó la idea, esta iniciativa de estos chicos, y me quedé. Vengo todos los días», comentó. Sin dejar de organizar la guata y los recortes para rellenar cojines (porque no quiere perder un monito de trabajo), Adrián refirió que nunca había hecho algo similar: «De costura sé lo básico, como coser un botón, o un ojal». Lo acompaña su esposa, Yaniska Trujillo, que sí tiene experiencia en el mundo de la costura. «En 1999 nos costó muchísimo dar colaboración. Nosotros tenemos años prestando servicio en las iglesias, y me parece que esta es una de las mejores maneras para prestar ayuda».
Agradecimiento es lo que se respira en este taller. «Somos privilegiados por estar vivos. Hay que darle gracias a dios y sumar nuestro granito de arena», aseveró Adrián. Esta es, como lo expresó Yanizka, una manera de dar amor. «Esta tragedia nos está pasando a todos.
De martes a viernes entre 9:00 am y 5:00 pm, y los sábados entre 10:00 am y 4:00 pm, los pasillos de escuelas como psicología y bibliotecología se convierten en un taller de costura en el que la materia prima principal es la solidaridad.





