El padre Néstor Briceño, director de posgrados del Instituto de Estudios para Religiosos (ITER), analiza la encíclica Magnifica humanitas, y también, lo que la inteligencia artificial representa para la humanidad.
En Venezuela la encíclica «nos está diciendo cosas muy claras. Nos está diciendo ‘ustedes tienen que ponerse las pilas y empezar a estudiar doctrina social de la iglesia. Tienen que empezar realmente a estudiar cómo vivir el ser cristiano en medio de una situación política, económica y social que ha sido conflictiva y que está en crisis».
Lo primero «es que debemos vivir el respeto. Empecemos por ahí. El respeto para poder entender, para poder dialogar. El papa insiste mucho en el diálogo, cómo el diálogo debe estar presente para poder aceptar a la otra persona, porque si no aceptamos, no respetamos. Luego, indudablemente, colocar al ser humano en el centro. A veces nos perdemos porque, bueno, colocamos instituciones o colocamos ideología, que hasta es peor que poner una institución. Y no: al que tenemos que poner en el centro es al ser humano».
Para Briceño, «deberíamos imaginarnos a ese niñito de nuestro barrio que a lo mejor no tiene ni qué comer ese día y preguntarnos si eso que yo estoy haciendo lo está ayudando a él. ¿Cómo puedo yo realmente, desde mi quehacer diario, ayudar a que nuestra sociedad venezolana pueda ir surgiendo?».


Las ideologías, insiste, pueden dejarse a un lado. «Izquierda, derecha, centros, ya eso pasó de moda. El problema es que estamos empeñados, estamos nostálgicos. Estamos como aquellos que se visten todavía con los bluyines campana ancha porque piensan que son los pavos, los pavosaurios de los años 1970, ¿verdad? Pues estamos así, nostálgicos con las ideologías».
A su juicio, «cuando nosotros encontramos que la política es simplemente el arte de hacer que los seres humanos nos entendamos y no imponer lo que yo pienso, y cómo hacer que cada uno de estos pequeños grupos aporte para el beneficio común, estoy venciendo las ideologías. Ahora, si me paso la vida es peleando porque tienen que pensar todos como yo pienso o como pensó fulano de tal en 1848…». Se trata, enfatiza, de abrir la mente, el corazón y el alma.
El papa León XIV llama a desarmar la palabra. «Creo que hay que empezar a retomar la verdad. Cuando yo estoy abierto a la verdad, entonces estoy buscando el bien. Y si busco el bien, no voy a ser ofensivo. Si busco el bien, no voy a estar socavando la vida del otro, sino que voy a estar tratando de sumar al otro en este proyecto de hacer una Venezuela más vivible, una Venezuela donde el hermano valga para mí».
Es decir, que la otra persona no sea un enemigo. «Que no sea un contrincante, sino que sea un hermano de verdad, y que el otro me ayude en mi realización y yo ayude al otro en su realización. Porque cuando el otro gana, gano yo. Y ese es el problema de las ideologías, sea derecha o sea izquierda, porque te plantean que cuando el otro gana, tú pierdes. No, no, no. Es que, cuando el otro gana, si somos parte de una misma barca, de una misma patria, pues todos vamos a ganar».
Las redes sociales cumplen un rol en esta visión. Hay personas que creen que todo lo que aparece, es cierto, advierte Briceño. Ahora «no importa que sea verdad o que no sea verdad. Entonces, ¿qué es lo primero? Dejar de ser creyones. ¿Por qué? Porque si yo sigo creyendo en todo, voy a terminar rayado. Lo que tengo que hacer es de verdad ser dudador, buscador de la verdad y dudar, dudar, irme a la fuente».
En su análisis sobre la tecnología, sostiene que las máquinas no van a reemplazar al ser humano. «Las máquinas no te dan ese abracito. Las máquinas no te aman. Las máquinas no crean. Las máquinas son frías. Las máquinas pueden darte la ilusión de que te escuchan, darte la ilusión de que saben lo que tú sientes. Pero cuando uno de verdad vive la humanidad, entiende que la máquina es una herramienta que se te sirve».
¿Se va a pasar nuestro cerebro a las computadoras? «Imposible. Las teorías aguantan mucho, el papel aguanta mucho. Podré pasar mis impulsos eléctricos a la computadora, pero mis ideas, mi alma, mi ser, mi integridad, no. Como creyente, yo prefiero pasarlo después a un cuerpo glorioso ya en el cielo. ¿Si botan esa computadora a un basurero o si la desenchufan? ¿O si pasa de moda y no tengo para pagar el upgrade?».





