Un mes de los bombardeos de Estados Unidos en Caracas, La Guaira y Miranda. Un mes de la salida por la fuerza del mandatario Nicolás Maduro y de su esposa, la diputada Cilia Flores, por acción de tropas estadounidenses. Un mes de la presidencia encargada de Delcy Rodríguez. Menos de cinco días del anuncio de Rodríguez de una ley de amnistía. El mes de enero de 2026 ha sido una vida entera de acontecimientos. Para Carlota Salazar, abogada especialista en participación ciudadana y coordinadora de Construcción de Ciudadanía, una de las cosas más importantes es que, según su visión, comenzó un proceso de transición en el país.
«El chavismo, que continúa gobernando el país, ha ejecutado acciones orientadas a aliviar el nivel de conflictividad», enfatiza Salazar en respuesta a un cuestionario de contrapunto.com.
-¿Qué cosas han cambiado?
-Considero que se ha iniciado un proceso de transición en el país, inédito porque lo detona una intervención militar y el hecho de llevar a Nicolás Maduro ante la justicia norteamericana; por lo tanto, todo se está construyendo, y en este marco el rol de los partidos políticos opositores y de la sociedad civil es muy importante a los efectos de presionar para concretar el objetivo final, que son las elecciones libres y plurales. A un mes, siento que el ambiente ha cambiado: reclamos, protestas y hasta demandas por reivindicaciones sociales que no veíamos un mes atrás. El chavismo, que continúa gobernando el país, ha ejecutado acciones orientadas a aliviar el nivel de conflictividad: libertad, por cuenta gotas, de los presos políticos y el anuncio de la ley de amnistía es un avance.

La norma debe pasar por un proceso legislativo que debería evitar la impunidad, insiste: «Que se reivindiquen los daños a las víctimas y que se establezcan los delitos objeto de la ley porque, como en efecto dijo la presidenta encargada, no será para narcotráfico y asesinos, pero tampoco debe serlo para los corruptos del chavismo que expoliaron el erario público, pienso yo. La promulgación exprés de la nueva ley de hidrocarburos que da apertura a la inversión extranjera, así como la creación de espacios plurales e encuentro y diálogo, son buenas noticias».
-¿Era posible iniciar estos cambios sin la intervención de EEUU?
-Definitivamente no. El chavismo no salía de sus trece. Tenía marcada el hacha de guerra contra sus adversarios políticos por las denuncias del fraude electoral del 2024. Además, mantenía una permanente confrontación con los EEUU y con los aliados históricos para abrazar a Irán, China y Rusia como aliados. Había profundizado la polarización y el miedo para acallar, con lo cual logró tener al país en una calma chicha que se reavivó con la intervención. Es la intervención, sin hacer juicio de valor sobre la misma, la que crea un proceso de transición en el país hacia unas elecciones libres y plurales, que el chavismo -sin ella- nunca hubiera aceptado. Y además, continuará en ese camino por la amenaza a la que está sometido.
-¿Que destacaría?
-Que tenemos una oportunidad de oro para llevar una transición con la intervención de todos los actores políticos hacia unas elecciones libres y plurales. Pero además, se nos abre la posibilidad real de la reconciliación nacional. Siempre hay factores que se resisten a la reconciliación_ ya he oído «con malandros no se dialoga», «queremos justicia»… pero los procesos políticos generan sus liderazgos y aquí hay gente que sí quiere construir, crear, hacer, proponer… y esos son los que tendrán relevancia para los cambios que vienen. No podemos tener un país para chavistas, pero tampoco para los de Vente, ni para adecos… ni un bando es bueno y el otro es malo. Esas dicotomías tienen que terminar; exterminar al otro es imposible y debemos aprender a reconocer su valor para mejorar el nuestro. Necesitamos un país para todos los venezolanos en igualdad, con equidad, con respeto, pluralidad… donde podamos oírnos y construir nuestro futuro. Valga la cuña, un Estado Ciudadano que tenga por norte el fortalecimiento de la sociedad para que forme parte de la hechura de las políticas públicas que beneficien a las comunidades.

Es hora, subraya, de tomar en cuenta «las necesidades de la gente humilde, su padecimiento cuando enferma y no tiene para comprar los insumos, cuando sus hijos tienen que trabajar para ayudar a la casa y no pueden estudiar, cuando el rancho se inunda, cuando no tienen para llevar comida a su casa porque con el sueldo mínimo no basta, o los viejitos que no pueden ya ni comprar medicinas con la jubilación».
Esos, sostiene Salazar, «son los temas en la Venezuela que viene, donde no cabe la viveza criolla, el ‘ponme donde haya’, o el pasar por encima de los demás. Destacaría que podemos recobrar la capacidad de soñar con un mejor país».






