Equipo científico vincula el lupus con el virus que causa «la enfermedad del beso»

Esta asociación lleva años apuntándose pero este estudio es el primero, según científicos de Stanford Medicine (Estados Unidos), que demuestra el mecanismo por el cual se produce. Y la clave está en una pequeña fracción de las células B y sus alteraciones / Texto: EFE

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Unos 5 millones de personas en todo el mundo padecen lupus, una enfermedad en la que el sistema inmunitario ataca el contenido de los núcleos celulares. Ahora, un equipo científico vincula el desarrollo de esta enfermedad con un virus que casi todos los humanos portan: el de Epstein-Barr (VEB).

Esta asociación lleva años apuntándose pero este estudio es el primero, según científicos de Stanford Medicine (Estados Unidos), que demuestra el mecanismo por el cual se produce. Y la clave está en una pequeña fracción de las células B y sus alteraciones.

«Este es el hallazgo más impactante que ha surgido de mi laboratorio en toda mi carrera», resume William Robinson, quien añade: «Creemos que se aplica al 100 % de los casos de lupus». Los hallazgos se publican en la revista Science Translational Medicine.

Cuando se llega a la edad adulta, la gran mayoría de los humanos han sido infectados por el VEB. La infección, que se transmite por la saliva, suele producirse en la infancia al compartir una cuchara o beber del mismo, o tal vez durante la adolescencia, al intercambiar un beso.

Este puede causar mononucleosis, «la enfermedad del beso». «Prácticamente la única forma de no contraer el VEB es vivir en una burbuja», apunta Robinson.

El VEB pertenece a una gran familia de virus, incluidos los responsables de la varicela y el herpes, que pueden depositar su material genético en el núcleo de las células infectadas. Allí, permanece latente, aunque en determinadas condiciones puede reactivarse.

Desde hace tiempo se sospecha que existe la relación entre VEB y lupus eritematoso sistémico, pero hasta ahora, según los autores, no se había podido demostrar.

Entre los tipos de células en las que el VEB se instala de forma permanente se encuentran las células inmunitarias B.

Aunque el VEB latente es omnipresente, en el sentido de que casi todo el mundo lo porta, solo reside en una pequeña fracción de las células B, por eso era prácticamente imposible identificar las infectadas y distinguirlas de las no infectadas con los métodos existentes.

Para avanzar en este sentido, el equipo de Stanford Medicine desarrolló un sistema de secuenciación de alta precisión. Descubrió que menos de 1 de cada 10.000 células B de una persona típica infectada por el VEB, pero por lo demás sana, alberga un genoma viral latente.

En los pacientes con lupus, la proporción de células B infectadas por el VEB aumenta a aproximadamente 1 de cada 400, lo que supone una diferencia de 25 veces.

Junto con bioinformática y experimentación con cultivos celulares, los investigadores descubrieron cómo un número tan pequeño de células infectadas puede provocar un potente ataque inmunológico contra los propios tejidos.

Un efecto en cascada

Se sabe que el VEB latente, a pesar de su inactividad casi total, ocasionalmente empuja a la célula B en la que ha estado durmiendo a producir una única proteína viral, la EBNA2.

Los investigadores demostraron que esta proteína actúa como un interruptor molecular -en lenguaje genético, un factor de transcripción- que activa una serie de genes del genoma de la célula B que anteriormente estaban inactivos.

Al menos dos de los genes activados por la EBNA2 son recetas para proteínas que, en sí mismas, son factores de transcripción que activan una variedad de otros genes humanos proinflamatorios.

El efecto es que el linfocito B se vuelve altamente inflamatorio: comienza a estimular otras células inmunitarias (células T auxiliares) que comparten una predilección por atacar los componentes nucleares de las células.

Estas células T colaboradoras reclutan multitud de otras células B antinucleares. Cuando esa «milicia» se refuerza, no importa si alguna de las células B antinucleares recién reclutadas está infectada por el VEB o no (la gran mayoría no lo está). Si hay suficientes, el resultado es un brote de lupus, resumen los autores.

La gran mayoría de las personas con VEB nunca desarrollan lupus, pero si alrededor del 95 % de la población lo lleva latente, ¿por qué algunos desarrollan autoinmunidad? Robinson especula que tal vez solo ciertas cepas del VEB estimulan esta transformación de las células B infectadas en células «impulsoras».

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