Las estrellas marinas se apagan en Mochima

Texto: Vanessa Davies. Fotos: Cortesía Ángel Fariña

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Un reporte hecho en 2001 encontró dos estrellas por cada 10 metros cuadrados. La investigación liderada por el profesor Ángel Fariña, del Núcleo Sucre de la Universidad de Oriente (UDO) y realizada con el apoyo de dos estudiantes de bachillerato, constató una reducción drástica: una estrella por cada 100 metros cuadrados. El turismo depredador y posibles factores locales podrían ser la causa de esta catástrofe ambiental

Con los ojos llenos durante años del mar de Mochima (Sucre) el profesor Ángel Fariña puede decir a ciencia cierta si hay algo raro. Cuatro décadas de buceo le han permitido ver fenómenos como un descenso en el tamaño de la población de estrellas. Pero el fenómeno parece haberse acelerado.

«Se ha observado un aparente descenso en el tamaño de la población de estrellas cojín, de la especie Oreaster reticulatus, en la bahía de Mochima, que nos motivó a validar esta apreciación con un estudio de campo actualizado, ya que el último trabajo realizado sobre estos organismos fue publicado en el 2001 y en un solo punto de la bahía. De manera tal, que se desconoce la situación presente de estas estrellas en términos de aspectos elementales como su distribución y abundancia. En países vecinos como Brasil y Colombia, los descensos poblacionales han llevado a ubicarlas en los libros rojos de fauna», explica Fariñas, del Departamento de Biología de la Escuela de Ciencias de la Universidad de Oriente (núcleo Sucre).

Lo cierto es que, en zonas donde tradicionalmente era común encontrarlas, «ahora no están presentes», precisa.

Para tratar de entender qué sucede con las estrellas, Fariña y un equipo de estudiantes hicieron recorridos por el sector costero de la bahía «para determinar los lugares en específico donde se encontraban las estrellas y así poder escoger las zonas en las cuales íbamos a efectuar el estudio más detallado. En estas zonas establecimos transectos de 150 metros cuadrados (50 x 3 m), a lo largo de los cuales se realizaron censos visuales mediante buceo con snorkel. Esto lo hicimos en dos rangos de profundidades, en áreas y tipos de sustratos donde previamente se registró la presencia de las estrellas. Se contó el número de individuos y se tomaron medidas de cada uno, con el fin de determinar su estructura de tallas y el grado de madurez asociado al tamaño. En este trabajo me acompañaron los estudiantes de bachillerato Diego Navarro y Pedro Bruzual, quienes efectúan esta investigación como parte de su proyecto de quinto año».

Los resultados obtenidos hasta ahora, «comparados con el trabajo de Martín y colaboradores (2001), muestran un descenso muy importante del número de individuos por unidad de área. Es decir, ellos reportaron 2 estrellas por cada 10 metros cuadrados, y nosotros hemos hallado, en promedio, 1 estrella por cada 100 metros cuadrados, en el mismo tipo de sustrato. Además, en lugares donde antes era frecuente verlas ahora no están presentes», advierte.

Las estrellas de mar de esta especie son muy llamativas y atractivas, de gran tamaño en estado adulto, y con una movilidad muy lenta, por lo que son fácilmente observables incluso desde fuera del agua. Es por ello que resulta frecuente que las personas se las lleven como “recuerdo” o las manipulen irresponsablemente causándoles daños irreparables. Además, son comercializadas como adornos luego de ser secadas al solo o disecadas por otros medios. Ellas se encuentran en zonas con mucho auge turístico como Morrocoy, Margarita, Mochima, La Ciénaga, y por ello están particularmente vulnerables».

Este es un proceso de vieja data, recuerda Fariña, «que se agudiza a medida que la explotación turística se intensifica».

En el caso de Mochima, además del impacto del turismo depredador, el profesor refiere que hace unos años «hubo un desbordamiento de la laguna de oxidación para el tratamiento de las aguas servidas, que impactó negativamente en los espacios cercanos al pueblo, los cuales constituyen el hábitat preferido de estos organismos. A pesar de que no hubo una evaluación real del impacto de este fenómeno, la contaminación generada pudo también haber afectado a la población de estrellas».

Se está alertando de cambios en el mar, y en el caso de Venezuela, hay que sumar «las dificultades que tienen los investigadores para continuar haciendo las salidas de campo y estar en ese continuo monitoreo de lo que sucede en el agua, a no ser que sean situaciones catastróficas que no hay cómo esconder, como la introducción de un coral blanco de Tailandia que ahora está tomando el lugar de otras especies en nuestros mares», recuerda el oceanógrafo José Ramón Delgado, director de la Fundación Caribe Sur.

En otros países también se ha registrado mortandad de estrellas de mar, como lo notificó El New York Times. Investigadores hallaron que el principal sospechoso es el calentamiento de los océanos.

Como lo recuerda Fariña «en todo ecosistema se mantiene un equilibrio entre depredadores y presas, entre productores y consumidores, donde cada especie juega un papel crucial para que ese equilibrio se sostenga en el tiempo». Por eso «la eliminación de una de esas especies o la reducción a niveles poblacionales mínimos, pudiera otorgarles ventajas a otras especies que a su vez consumirían excesivamente a sus presas, y así se generaría una cadena de desequilibrios con consecuencias impredecibles».

Estas estrellas «juegan un papel importante regulando otras poblaciones de invertebrados marinos como varias especies de erizos. A pesar de que los erizos ayudan al sostenimiento de los arrecifes controlando el crecimiento de las algas, se ha registrado que pueden dañar a los corales cuando se encuentran en densidades muy altas, e incluso destruir arrecifes. Algunos arrecifes en zonas internas de la bahía ya se están viendo afectados por este efecto. Sería temerario afirmar que es producto de la disminución en la cantidad de estrellas, ya que los erizos tienen otros depredadores, pero como se puede observar, el balance natural es vital en los ecosistemas».

El trabajo de Fariña, como investigador de la UDO, «es monitorear los recursos marinos periódicamente e informar los hallazgos. Sin este estudio, por ejemplo, no se sabría sobre la disminución en la población de estrellas ni se podrían tomar medidas al respecto; se llegaría a niveles irreversibles. En este caso todavía se pueden tomar acciones, entre las cuales urge una medida de veda permanente y la prohibición expresa de su manipulación. Además del aporte científico, con datos concretos, estamos haciendo una campaña de concientización para crear un compromiso de todos y salvar a nuestras estrellas de mar».

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