Víctor Álvarez: La transición debe ser sin Maduro y sin Guaidó

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“No se puede apostar por escalar el conflicto y agravar la crisis de gobernabilidad sin correr el riesgo de caer en cruentos enfrentamientos que lleven al país al borde de una guerra civil”

Víctor Álvarez es partidario de conseguir una alternativa a la polarización que se presenta en la vida política del país.

El economista, investigador, Premio Nacional de Ciencias y profesor universitario plantea un “gobierno de transición sin Maduro ni Guaidó”.

—¿En medio de la polarización hay quienes apoyarían ese gobierno de transición?

—Estoy seguro de que los sectores democráticos del oficialismo y la oposición, así como la comunidad internacional, verían con buenos ojos la conformación de un gobierno de coalición en función de que se creen las condiciones y se reactive la economía, se reinstitucionalicen los poderes públicos y que tengan la estatura para llamar a unas elecciones limpias y transparentes.

—¿Y quién presidiría ese eventual gobierno?

—Ni Maduro ni Guaidó. Pero tampoco puede ser encabezado por los responsables de la crisis que sufre Venezuela. Eso es políticamente y psicológicamente inviable y aplica igualmente al oficialismo como a la oposición. Tampoco para la comunidad internacional que ha manifestado su respaldo a uno u otro de los factores en pugna.

—Pero la polarización pareciera impedir que ese planteamiento sea viable.

—La solución a la crisis venezolana no puede basarse en el exterminio del contrario, a lo que inevitablemente conduce el desconocimiento entre los actores políticos. Un gobierno de coalición tendría la capacidad de moderar el tono de la diatriba política con la finalidad de crear un ambiente favorable al entendimiento nacional. Esto ayudaría a generar una creciente confianza entre las partes, podría bajar las tensiones y así avanzar hacia la creación de las condiciones adecuadas para el reencuentro y la reconciliación nacional. El problema para retomar el diálogo y avanzar se deriva tanto del extremismo opositor como del radicalismo del gobierno. Los “todo o nada” no están solo en la oposición: También abundan en el oficialismo.

Álvarez, quien en un momento fue parte del tren ministerial del presidente Hugo Chávez, reitera que cada uno de los factores en pugna tiene elementos perturbadores “que no están dispuestos a reconocerle al contrario ni a dar las garantías básicas para destrancar el juego”. Esto pone en riesgo la posibilidad real de lograr un acuerdo “que evite una salida violenta”, asegura.

“No se puede apostar por escalar el conflicto y agravar la crisis de gobernabilidad sin correr el riesgo de caer en cruentos enfrentamientos que lleven al país al borde de una guerra civil”, advierte Víctor Álvarez.

—El discurso de revancha tranca el juego de lado y lado.

—A toda costa hay que evitar una cacería de brujas que termine desatando una espiral de violencia y enguerrille al país. La solución pasa por el reconocimiento de ambas fuerzas como actores políticos que controlan importantes espacios de la vida política nacional. Incluso el chavismo, con lo menguado que está, controla 23 gobernaciones y 335 alcaldías del país, así como los consejos legislativos regionales y concejos municipales.

—¿No hay un discurso del lado opositor hacia el chavismo de base?

—Soy de los que piensa que, en vez de empujar al chavismo duro a la resistencia armada, es preferible lograr su desarme y participación en un gobierno de coalición, reconociendo sus derechos políticos y su espacio en la vida política nacional.

—Desde la oposición radical le preguntarán… ¿Qué se logra con eso?

—Se consigue que la fuerza política y social que es el chavismo, en vez sabotear la transición, apoye un gobierno de coalición que tendría como misión aplicar las reformas económicas, restituir las funciones de la AN, garantizar la seguridad jurídica y respeto por los derechos de propiedad, liberar los presos políticos, legalizar los partidos, renovar el poder electoral y convocar elecciones limpias.

—El costo político es un tema para quien asuma el gobierno.

—La idea es que el gobierno de transición, que no tendrá aspiración de perpetuarse, pueda entregar, a quien resulte ganador, una economía saneada. Así no tendrá que aplicar drásticas medidas que generen malestar social y desilusión y que provoquen un acelerado deterioro e, incluso, la rápida caída del nuevo gobierno.

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