Organizaciones internacionales y grupos de ayuda han emitido una alerta urgente sobre el impacto crítico que la guerra en Oriente Medio está teniendo en la distribución de alimentos y medicinas a nivel mundial. Según denuncian estas entidades, la violencia no solo ha provocado crisis locales, sino que ha fracturado rutas logísticas vitales, amenazando con agravar el sufrimiento de millones de personas en regiones vulnerables de África y Asia.
La parálisis de vías marítimas estratégicas, como el estrecho de Ormuz, y la afectación de centros logísticos en Dubái, Doha y Abu Dabi, han obligado a las agencias a recurrir a rutas alternativas más extensas y costosas. Naciones Unidas ha calificado esta situación como la interrupción de la cadena de suministro más significativa desde la pandemia del COVID-19, registrando aumentos de hasta un 20% en los costos de envío.
Impacto en la salud y la alimentación
El desvío de mercancías está generando retrasos que ponen en riesgo vidas humanas. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) informó que mantiene decenas de miles de toneladas de víveres bloqueadas en tránsito. Por su parte, el Comité Internacional de Rescate (IRC) reportó medicamentos valuados en 130.000 dólares varados en Dubái con destino a Sudán, mientras que suministros nutricionales para niños en Somalia permanecen detenidos en India.
Madiha Raza, directora asociada del IRC, advirtió sobre la gravedad de la situación actual: “La guerra contra Irán y la interrupción del estrecho de Ormuz corren el riesgo de sobrepasar los límites de las operaciones humanitarias”.
La urgencia se extiende a las campañas de vacunación. Jean-Cedric Meeus, jefe de logística de UNICEF, detalló que el envío de vacunas a Irán ahora debe realizarse mediante una combinación de transporte aéreo hacia Turquía y terrestre hacia su destino final, lo que añade 10 días al trayecto y encarece la operación en un 20%.
El dilema de la priorización
El alza en los combustibles y las primas de seguro ha reducido el poder adquisitivo de las organizaciones humanitarias, obligándolas a tomar decisiones difíciles sobre el terreno. Janti Soeripto, presidenta de Save the Children en Estados Unidos, explicó las consecuencias directas de esta inflación logística: “Al final, sacrificas o el número de niños a los que atiendes… o sacrificas la cantidad de artículos que puedes permitirte comprar”.
En países como Nigeria y Somalia, el incremento del 50% en el precio del combustible ya dificulta el funcionamiento de generadores en clínicas y reduce la movilidad de los equipos de salud.
Amenaza de hambre aguda y falta de fertilizantes
La crisis logística impacta directamente en la producción agrícola global. Dado que el 30% del fertilizante mundial transita por el estrecho de Ormuz, agricultores en África oriental y el sur de Asia enfrentan una escasez inminente antes de la temporada de siembra. El PMA proyecta que, si el conflicto persiste hasta junio, 45 millones de personas adicionales podrían caer en situación de hambre aguda.
Expertos señalan que, a diferencia de crisis anteriores como la de Ucrania, la respuesta internacional de financiamiento ha sido más lenta. Sam Vigersky, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores, sugirió que esto responde a un cambio en las prioridades gubernamentales: “Están tomando decisiones difíciles entre la seguridad de defensa y la ayuda humanitaria. No es un problema de capacidad, es una decisión de política”.
Desde el gobierno de los Estados Unidos, el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, defendió la gestión de su país afirmando que siguen siendo el “país más generoso del mundo” en asistencia humanitaria, anunciando la liberación de 50 millones de dólares adicionales para la emergencia en el Líbano. No obstante, los grupos de ayuda sostienen que sin un alto el fuego y un incremento significativo en los fondos para cubrir los sobrecostos, el impacto del conflicto se sentirá durante meses después de que cesen las hostilidades.
Con información de AP
