La comisión presidencial insiste en separar los “casos importados” de los “casos comunitarios”. Pero la realidad es que “el virus está entre nosotros”, advierte la infectóloga Patricia Valenzuela. El país tiene 1.952 casos reportados

Si el coronavirus tuviese boca seguro se reiría al acercarse a la cola que, de lunes a viernes, se forma en la parada para Catia. Allí no existe el distanciamiento físico, y el tapabocas no siempre está en su mejor momento. Pero lo mejor llega cuando el porpuesto se marcha: la gente se desborda por las puertas, y de poder hacerlo, se saldría por las ventanas. Si alguien tiene la COVID-19, con o sin síntomas, puede enfermar a las 40 o 50 personas que se apiñan en la unidad.

Por la vía de los hechos la cuarentena se terminó mucho antes del inicio de la flexibilización formal, anunciado por las autoridades de salud para el lunes 1 de junio. La necesidad de buscar agua sacó a los ciudadanos a las calles; también lo hizo la urgencia de resolver el día a día. En un país con un salario mínimo integral de cuatro dólares es obvio que las familias no pueden quedarse en casa.

Ya se suman dos factores que explicarían el aumento vertiginoso en los casos de COVID-19 en Venezuela: la gente se vio obligada a volver a las calles para ganarse el sustento mucho o resolver la crisis de servicios públicos antes de la desescalada oficial, y lo ha hecho como ha podido.

La comisión presidencial para la pandemia insiste en separar los “casos importados” (venezolanos infectados en el exterior) de los “casos comunitarios”. Pero la infectóloga Patricia Valenzuela advierte que estas diferencias son para los epidemiólogos y no para la población, y advierte que lo importante es que “el virus está entre nosotros”.

Esta división también fue criticada en redes sociales por la experta en nutrición Susana Raffalli.

Venezuela está, evidentemente, “en otra fase de la pandemia”, con un incremento exponencial, señala Valenzuela. Además de la flexibilización que hizo la población por su cuenta, hace énfasis en el regreso de venezolanos del extranjero. Más de 5 millones de venezolanos migraron, según cifras de Naciones Unidas, y unos 50 mil han regresado, según datos del gobierno del mandatario Nicolás Maduro.

El venezolano se vio obligado a dejar la cuarentena hace tiempo para buscar su sustento o conseguir agua y echar gasolina, y en esas actividades deja de poner en práctica las medidas de prevención de la COVID-19, explica.

Del 16 de mayo en adelante comenzó el aumento en el número de casos. No parece coincidencia que estas cifras se crucen con el incremento en la capacidad de realización de pruebas PCR por parte del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel.

El 8 de mayo, la Acfiman presentó un análisis, “Estado actual de la epidemia de la COVID-19 en Venezuela y sus posibles trayectorias bajo varios escenarios”, en el cual se estima un subregistro de hasta 95% en el número de pacientes y se calculan entre mil y 4 mil casos nuevos diariamente durante el pico de la pandemia, que podría producirse entre junio y septiembre de este año. Se basa en modelos matemáticos que arrojaron esas conclusiones. Junio apenas comienza.