A José Antonio, profesor universitario radicado en Caracas, lo chequearon unos 16 médicos y llegó a tomar 20 pastillas al día. Más que el coronavirus, lo que la casi lo mata fue el exceso de medicinas. Pacientes con COVID-19 leve “han sido víctimas de la prescripción de medicamentos que no tienen evidencia científica que los soporten”, alerta la doctora Patricia Valenzuela, vicepresidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología

No es el primer venezolano a quien la COVID-19 puso en un antes y un después, pero en su caso el “después” fue casi su tumba. José Antonio, profesor universitario, es un sobreviviente, pero no del virus, sino de los medicamentos para combatirlo. La última doctora que lo evaluó le dijo que botara todas las medicinas y que solo usara un protector gástrico (omeprazol); así le salvó la vida.

A José Antonio le diagnosticaron COVID-19 por las radiografías y los síntomas del núcleo familiar. No pudo hacerse los exámenes definitivos (la prueba de reacción en cadena de la polimerasa o PCR) porque no tenía el dinero para costearlas. “En mi caso solo perdí el olfato y el gusto, y en la radiografía se observaba la típica mancha blanca que aparece en los casos de COVID-19”, explica a contrapunto.com.

“Yo no tuve complicaciones por COVID”, insiste, “sino por el tratamiento”. Le recetaron antibióticos en dos etapas (azitromicina y levofloxacina), dos antialérgicos (cetirizina y loratadina), acetaminofén cada seis horas. “Me vi con varios médicos sin comentarles de la COVID. Eran muy jóvenes. Ya no te evalúan con el estetoscopio; me preguntaron los síntomas y me dieron una prescripción. Una gran mayoría ni siquiera pensó que podía ser COVID”.

Se hizo exámenes de sangre, varias radiografías, tomografía de tórax, dos ecocardiogramas y tres electrocardiogramas. La sola enumeración cansa. Lo evaluaron más de 14 médicos. La doctora que lo logró curar no le cobró la consulta, pero otro doctor, incluso, “me sacó la cuenta previa para saber de cuánto tenía que disponer”. Los médicos más jóvenes -los que están en el proceso de formación- son los que están en el área de salud pública; los de más edad se han marchado del país o dejaron los hospitales debido a los bajos sueldos.

Le recetaron “cosas para gripe, como antialérgicos y analgésicos”, además de vitamina C, vitamina D, zinc, multivitamínico. Debido a los reiterados ahogos que padecía otros médicos consideraron que tenía problemas pulmonares. Incluso, recuerda, “una infectóloga -de salud pública- me mandó ivermectina”. Este medicamento, según pautas nacionales e internacionales, ya no debe utilizarse.

Entre vitaminas y medicinas “al día tomaba fácil 20 pastillas”. Claro que pudo sentir alivio en algunos momentos, pero “como el tratamiento no era el adecuado, regresaban con más intensidad los mismos malestares”. Lo suyo, en fin de cuentas, era una inflamación del estómago por tantos medicamentos, que le causaba ahogo y que los médicos intentaban curar con más medicamentos que volvían a irritarle el estómago.

José Antonio insiste en que la pandemia ha implicado un desgaste de los bolsillos y un desencuentro con algunos médicos. El paciente “ve mermados sus ingresos por un gasto exagerado, porque piden exámenes que son costosísimos” y no faltan los casos en que se aprovechan de los seguros privados, expone. Además, si tiene otras dificultades de salud parece imposible acceder a un tratamiento integral. “El error está en no haber diagnostica de forma integral otros efectos u otros daños en el cuerpo que podías tener”.

A su juicio hay que llamar la atención sobre “la deshumanización de la medicina, porque no te atienden de forma integral”. Hoy día cualquier síntoma de gripe se asume como COVID-19, y como las pruebas para el diagnóstico son tan costosas y el tratamiento es sintomático se recurre a los protocolos de tratamiento. “El problema es la fragmentación del individuo; no lo ven como un todo integral, sino como una cosa particular, te curan una cosa y no importa si te dañan el estómago o el hígado”. Algo tan sencillo como tomar la tensión o la temperatura no se lo hicieron.

Sociedad de Infectología: Largas listas de medicamentos no son lo mejor

La Sociedad Venezolana de Infectología expresó su preocupación porque “se ha observado, en algunos profesionales de salud, prácticas inadecuadas que demuestran insuficiente conocimiento médico”. En un comunicado difundido el pasado 18 de enero el organismo científico advirtió que recetar “largas listas de medicamentos no siempre es mejor, ya que potencian toxicidades e interacciones”. Reiteró que hay suficiente evidencia médica que confirma que ivermectina, azitromicina e hidroxicloroquina “no sirven contra COVID-19”.

La Sociedad también alertó que indicar múltiples antibióticos, o en dosis muy altas, “promueve mayor toxicidad, aparición de efectos adversos y costos inadecuados”. Y confirmó que dioxido de cloro y ozonoterapia “no deben utilizarse bajo ninguna circunstancia por no tener ningún respaldo científico, causar toxicidades y riesgos potenciales inaceptables y ser considerados pseudociencia y hasta fraude de salud”.

Patricia Valenzuela: Tratamiento sintomático

La doctora Patricia Valenzuela, vicepresidenta de la SVI, acota que nos movemos entre las malas indicaciones y la sobremedicación, y comenta que pacientes con casos de COVID leves “han sido víctimas de la prescripción de medicamentos que no tienen evidencia científica que los soporten”.

Por eso, detalla Valenzuela, “vemos indicaciones médicas de un sinfín de ítems que pueden ser: tres antibióticos, dos esteroides, dos analgésicos antiinflamatorios”.

“Ni siquiera estando hospitalizados los pacientes con COVID-19 tienen clara una indicación de antibióticos. Lo que sabemos con certeza es que el paciente que presenta una forma leve de COVID-19 puede permanecer en su casa, y eso es hasta 85% de los pacientes”, puntualiza. “El tratamiento es sintomático: antipirético para bajar la fiebre, o un analgésico inflamatorio no esteroideo, y el antialérgico porque hay congestión nasal importante”.

Es una exageración la lista de medicinas a la que se le añaden vitaminas A, C y D “que tampoco tienen evidencia científica para su indicación”. Aunque suene muy fuerte, subraya, “parecen malas indicaciones a pesar de insistir en que COVID-19 es una infección viral, que los antibióticos no son activos contra el virus, que los esteroides tienen indicación en pacientes hospitalizados, que hospitalizamos al paciente cuando tiene saturación de menos de 94”.

Las malas indicaciones y las sobremedicaciones se deben a la inexperiencia en la materia, el temor a no atender correctamente al paciente, la poca actualización de algunos trabajadores de la salud a pesar de que la información científica sobre ensayos clínicos y análisis está disponible de manera gratuita. “Desde la Sociedad Venezolana de Infectología nos hemos enfocado en mantener la educación médica continua y en educar a las comunidades”.

Patricia Valenzuela pide recordar “que COVID-19 es una infección viral y que los antibióticos no son activos contra el virus y tampoco los antiparasitarios” como ivermectina. Por eso se emplean medicamentos para bajar la fiebre, antialérgicos (por la congestión nasal). Un dato clave que remarca la infectóloga: “Siempre hay que interrogar a la persona sobre alergias o afecciones de base, como úlcera o gastritis”.

José Antonio perdió varios kilos de peso. Todavía su voz no recupera la tesitura. Vive las mismas penurias que todos los profesores universitarios. Pero consiguió vivir para contarlo.