Velorios de dos horas. Poca gente en la funeraria, y menos aún en el cementerio. El Día de Difuntos se conmemora en Venezuela con una enfermedad que obligó a secar las lágrimas y a despedirse con más rapidez y con el añadido del tapabocas

El velorio del compañero de trabajo no pasó de dos horas, y había que entrar por turnos para la despedida en una famosa funeraria de Caracas. Además, con tapabocas. La COVID-19 no recortó las lágrimas, pero sí, las despedidas. Obligó a ponerse mascarillas para encontrarse y decirse adiós, a hacer un rápido repaso del pasado para cerrar capítulos. A limitar el acceso al cementerio.

Con el coronavirus “han cambiado muchísimas cosas. Los familiares no pueden darle una despedida como antiguamente lo hacían; antes eran despedidas más largas.”, explica Joel Urribarri, director de la Cámara Nacional de Empresas Funerarias.

En una sociedad en la que los velorios son reencuentros de amigos y espacios para llorar y reír la epidemia cayó como un balde de agua fría.

Si el coronavirus no era suficiente, este año se sumó la escasez de gasolina, que ha llevado a planes de distribución, a ciudadanos que fingen no tener combustible para trasladar cadáveres y otras acciones similares. La semana pasada el mandatario Nicolás Maduro afirmó que quedaba combustible para 20 días.

Los integrantes del sector funerario en Venezuela se inventaron el “protocolo de despedida”, para garantizar un tiempo de permanencia con la persona fallecida.

“Este año 2020 nos ha cambiado mucho nuestro estilo de vida, e incluso para darles la despedida a nuestros seres queridos como debe ser”, refiere Urribarri en conversación con contrapunto.com.

Incluso, las pautas cambian si la persona tenía COVID-19 o estaba libre del virus de 2020. “En este momento se mantiene el protocolo de despedida, de dos o tres horas, para cuerpos sin COVID-19; pacientes con COVID-19 no tienen despedida, el cuerpo debe ser cremado y donde no hay crematorio debe ser inhumado en condiciones de seguridad. Nadie lo puede ver ni tocar. Eso sigue vigente”, recuerda Urribarri.

El tío murió y en la funeraria, en Caracas, acondicionaron un rinconcito para poder velarlo. Dos horas, ni un minuto más, dispusieron para el adiós. Al Cementerio del Este solo pudieron asistir dos personas.

“Como ciudadanos debemos protegernos; el virus no se ha acabado. Puede bajar la curva, peor tenemos los ejemplos de los países europeos: había bajado y volvió a subir”, subrayó Urribarri.

Puede haber excepciones en los protocolos, cómo no. Una que otra persona no acepta, y en la funeraria se acumulan decenas de personas. Pero los representantes del sector, subrayan, “estamos cumpliendo en 100% con esto”. Ese protocolo de despedida consiste en no más de 10 personas en la funeraria y no más de 10 en el cementerio.

Si el individuo fallece en un estado y sus allegados quieren inhumarlo en otro se encontrarán con que no pueden pasar. Los viajes entre un estado y otro no están permitidos por las autoridades.

Se supone que las personas que mueren por COVID-19 deben ser cremadas en alguno de los 11 hornos crematorios disponibles a escala nacional. De lo contrario, deben ser enterradas a mayor profundidad.