Más de 70% sufren de ansiedad y 7 de cada 10 presentan síntomas de depresión, según un estudio realizado en 2020 por Médicos Unidos de Venezuela. La Organización Panamericana de la Salud también hizo una investigación. “El contacto directo con pacientes COVID-19 y afrontar conflictos con familiares de pacientes COVID-19, así como otras situaciones como la priorización de pacientes y tener compañeros de trabajo que murieron con COVID-19, son factores del trabajo asociados al malestar psicológico y síntomas depresivos del personal de salud por su alta carga de estrés asociada”, subraya Carmen Martínez-Viciana, asesora de Salud Mental y Uso de Sustancias de OPS/OMS para Centroamérica, Caribe Latino y México

Las razones que hicieron que el doctor C.A. se suicidara, en 2018, se las llevó este médico oriental como un gran secreto. Algunas personas cercanas consideran que la escasez que afrontaba día a día en el hospital en el que prestaba servicios -en el interior de Venezuela- lo vapuleó tanto, que le quitó las ganas de vivir. C.A. murió dos años antes de que el mundo entrara en la locura de la pandemia de COVID-19, seguramente azotado por la otra pandemia que el país ha sorteado: emergencia humanitaria compleja y una crisis multidimensional.

No hay datos oficiales de suicidio en trabajadores de la salud venezolanos asociados con la COVID-19. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) difundió un estudio que muestra el impacto de la pandemia en el sector. Según una nota de prensa del organismo entre 14,7% y 22% del personal de salud entrevistado en 2020 presentó síntomas que asomaban un episodio depresivo, y entre un 5 y 15% del personal dijo que pensó en suicidarse. Los números venezolanos de esta investigación, aportados por el estatal Instituto Arnoldo Gabaldón, indican que hubo ideación suicida entre 2% y 5% de los encuestados, así como 13% con sospecha de depresión y 3% con potencial depresión severa.

Una investigación adelantada por Médicos Unidos de Venezuela mostró de 70% a 77% de ansiedad en los trabajadores de salud en 2020, “lo cual excede la media mundial en casos de pandemia”. Los síntomas de depresión se reportaron entre 70% y 74%. También “se evidenciaron síntomas de ansiedad y depresión severa” entre 9,34% y 17,79%, “lo cual implica un nivel de afectación muy alto”.

Estos hallazgos “evidencian un grave problema de salud mental en el personal de salud en situación de pandemia en Venezuela”, concluye el estudio.

“Como ciudadanos que somos nos afecta la imposibilidad poder tener estabilidad económica para planificar a corto y mediano plazo”, enfatiza Jaime Lorenzo, director de Médicos Unidos de Venezuela (MUV). Para buscar cómo sobrevivir hay “una inmensa cantidad de miembros del personal de salud que está fuera del sistema de salud pública, con lo cual aumentas la presión sobre los que todavía Están” y hay que sumar, además, el temor a enfermarse.

Esto lleva a los trabajadores de la salud “a presentar angustia y depresión”, exacerbada por no tener las condiciones de trabajo en los centros públicos, señala Lorenzo, consultado por contrapunto.com. “No poder darles respuesta a los pacientes te da otro punto de angustia”.

Factores de riesgo y factores protectores

Carmen Martínez-Viciana, asesora de Salud Mental y Uso de Sustancias de OPS/OMS para Centroamérica, Caribe Latino y México, aclaró a contrapunto.com que el estudio de la organización “se dirigía al personal de salud en general, independientemente de su situación de salud mental previa. No se cuenta con información acerca del estado de salud mental previo a la pandemia en las personas encuestadas”. Recordó que los equipos de salud “han estado expuestos en general a los mismos estresores que la población general, y adicionalmente a aquellos relacionados con su trabajo en la respuesta sanitaria a la pandemia, lo cual supone una sobrecarga importante, con un riesgo para su propia salud mental”.

-El trato directo con los pacientes o con sus familiares parece ser un factor de riesgo para la salud mental. ¿Por qué? ¿Es solo por la pandemia, o son trabajadores que igual -con pandemia o sin ella- se sienten abrumados por el contacto con los pacientes o sus familiares?

-El contacto directo con pacientes COVID-19 y afrontar conflictos con familiares de pacientes COVID-19, así como otras situaciones como la priorización de pacientes y tener compañeros de trabajo que murieron con COVID-19, son factores del trabajo asociados al malestar psicológico y síntomas depresivos del personal de salud por su alta carga de estrés asociada. Por otra parte, otros factores relacionados con el trabajo como contar con una red de apoyo en el trabajo fueron factores protectores para el impacto psicológico en los equipos de salud.

-¿Qué factores impidieron que de las ideas suicidas se pasara al suicidio o al gesto suicida?

-El estudio evaluaba la presencia de ideas suicidas en el personal de salud en las dos semanas previas a la encuesta, sin ahondar en los factores protectores que previnieran otras conductas suicidas. En términos generales, los factores protectores de la salud mental identificados como más importantes fueron la confianza en la institución de salud en la que trabajaban y en el gobierno para manejar la pandemia, contar con el apoyo de compañeros de trabajo y considerarse una persona espiritual o religiosa.

-Si las consecuencias serán sostenidas en el tiempo, ¿qué atención y por cuánto tiempo necesitarán los trabajadores de la salud?

-Es fundamental detectar de forma temprana el malestar psicológico, los síntomas de ansiedad y depresión o cualquier otro problema de salud mental, así como prestar apoyo e intervenir dentro y fuera de los espacios laborales que sean específicos para los equipos de salud. Persisten brechas de acceso que, considerando la existencia de un grupo del personal de salud con síntomas de depresión severos e ideación suicida, es urgente reducir no solo mediante la disponibilidad de servicios de salud mental para este grupo, sino actuando sobre las barreras de acceso efectivo a estos cuidados. El hecho de prolongarse en el tiempo la pandemia, y por tanto la respuesta en primera línea, es un factor de riesgo que debe tenerse en cuenta tanto a nivel de políticas públicas como de estrategias específicas de las instituciones de salud, así como el fomento de las estrategias de autocuidado.