Un estudio realizado en agosto pasado reveló que 25% de los venezolanos no estaban vacunados contra la COVID-19 y no deseaban inmunizarse. No vacunarse es un derecho, afirma José Carlos, venezolano que se inmunizó “por coacción”. Los antivacunas usan la información parcial que tienen, aseguró Jarbas Barbosa, subdirector de la Organización Panamericana de la Salud

El jueves 21 de octubre pocas personas esperaban para vacunarse contra la COVID-19 en uno de los puestos activos en Caracas. “Esto ha bajado mucho”, subrayó uno de los trabajadores. “Yo voy por mi barrio diciéndole a la gente ‘vacúnate’, porque hay gente renuente”, agregó. La enfermera a cargo de la vacunación relató que en los primeros tiempos atendían a más de mil personas por día, y hoy no llegan a 400. Dosis de Sputnik V y Sinopharm esperaban a los pacientes. Pero los pacientes no llegaron.

Con 80 años de edad, Francisca reitera que no se va a poner la vacuna. Ni rusa, ni china, ni ninguna. Sus amigos le dicen bruta, ignorante; sus hijos y nietos le reclaman, le hablan sobre la ciencia. “Yo no me voy a poner nada”, reitera.

Un estudio realizado en agosto pasado reveló que 25% de los venezolanos no estaban vacunados contra la COVID-19 y no deseaban inmunizarse. “La alta proporción de personas que dicen que no quieren ser vacunadas revela la prioridad que debe darse a una adecuada motivación y una campaña informativa”, detalla la investigación realizada por la Universidad Simón Bolívar y la encuestadora Delphos. “Por otro lado, indica que si se mantiene la proporción de personas que no desean vacunarse, el país no podrá alcanzar la meta de 70% de la población vacunada contra la COVID-19”.

En ese 25% se encuentra José Carlos, quien no rechaza las vacunas pero sí objeta la inmunización contra la COVID-19. “No me defino como antivacuna total, porque en otros momentos de mi vida me he colocado vacunas” y “siempre tuve mis vacunas de pequeño”, comenta. Las vacunas anticovid le generan desconfianza: “Es un proceso experimental todavía. Las otras vacunas que me he aplicado pasaron un largo tiempo con estudios, con ensayos. Es evidente que estas también tienen que pasar por ese proceso”.

Pone en duda que sean eficaces. “Desde mi libertad decido no ser parte de ese proceso de estudio. Es por eso mi postura sobre la vacuna contra la COVID-19. Me parece que es algo muy rápido, que no hay una confianza 100%, que en la mayoría de los casos la OMS las ha aprobado por emergencia, porque dicen que es mejor tener algo, que nada; pero no sabemos si ese algo que tenemos es completamente eficaz, es confiable”.

¿Cuánto de su posición se debe a las teorías conspiranoicas? Solo él puede confirmarlo o negarlo. “Pareciera que había gente preparada para sacar su vacuna primero, gente que conocía más el virus… Parece. Son teorías conspirativas, no tengo pruebas de eso. Sí les doy valor a esas teorías que dicen que el virus fue creado, y a que la misma gente que creó el virus pudo hacer la vacuna”. Cree que todo es un negocio: “Genero una enfermedad que vaya a necesitar algo que yo mismo voy a hacer”.

Los antivacunas usan la información parcial que tienen, aseguró Jarbas Barbosa, subdirector de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Durante la rueda de prensa semanal del organismo el pasado 6 de octubre, Barbosa reiteró que la mejor manera de protegerse es vacunarse. “La vacuna tiene efecto doble: protección individual para protegerse contra la enfermedad, y un efecto colectivo, porque las personas vacunadas transmiten menos el virus. Si en una localidad la cobertura de vacunación es grande se reducirá la transmisión del virus”, razonó.

Las creencias personales y lo que dicen los amigos y familiares pesan en la aceptación de la vacunación, subrayó Carissa Etienne, directora de la OPS. Es necesario aumentar el nivel de aceptación de las vacunas en América Latina y el Caribe, indicó Etienne, e invitar a la gente a escuchar la información con base científica. Tenemos escasez de vacunas en muchos países, pero en los que están disponibles hay personas que no acuden a vacunarse, criticó.

Estas vacunas, vuelve José Carlos, “no te brindan una inmunidad. Te dicen que igual te vas a enfermar, pero te va a dar con síntomas más leves”. Es “un motivo válido” pero “lo ideal es que no me enferme”. La aparición de variantes le da nuevos argumentos: “Me parece un poquito absurda la vacuna. ¿Es efectiva o no es efectiva? ¿Va a ser efectiva para todas las variantes? ¿Van a seguir saliendo variantes? Si hemos alcanzado un grado de inmunidad de rebaño en algunos países, ¿por qué sigue mutando, sigue cambiando?”.

Ninguna vacuna tiene 100% de tasa de eficacia, aclaró Barbosa. Sabemos que personas de edad avanzada tienen más debilidad en su sistema inmune, por lo que la tasa de eficacia puede ser menor que en la población promedio. Pero las vacunas son muy importantes para reducir los casos graves y las hospitalizaciones, enfatizó.

No fue la información, sino la presión, lo que llevó a José Carlos a colocarse las dos dosis de sinopharm. “Me vacuné bajo coacción, en contra de mi voluntad, porque no creo en esta vacunación. Sin embargo ya tengo las dos dosis, no tuve ningún problema”, refiere. “En mi trabajo querían que todas las personas se vacunen, el que no se vacune sería segregado. Pensé que si esto daba tranquilidad lo haría, renunciando a un derecho que tengo yo, que es no vacunarme. Por eso lo hice: bajo coacción”.

-¿Por qué considera que no vacunarse es un derecho?

-Porque es mi cuerpo, es mi decisión. Sé que lo dicen otras personas que defienden otras días. Yo decido si me coloco algo que me puede hacer daño, que no está probado. Se dice que está en fase de prueba, todo podría considerarse en fase de prueba porque estamos en un periodo muy corto para decir que es definitivo que realmente sirve. Por eso siento que tengo el derecho a decidir si colocar eso o no en mi cuerpo.

Que las vacunas empleadas en Venezuela sean chinas o rusas le atiza la suspicacia. “Me vacuné con una vacuna china, pero me habría gustado vacunarme con algo americano. Me daba más confianza. También el debate político llega a ese punto. Uno dice que todo lo que viene de China es chimbo, aunque debería tener más confianza en la china porque, según lo que yo creo, los chinos crearon el virus”.

La pandemia es compleja, enfatizó Jarbas Barbosa. “Debido a que ha habido tantos enfrentamientos políticos al respecto, pedimos a los políticos que no usen la vacuna como herramienta política de unos en contra de otros”. Las vacunas “están para proteger a las personas. Se sabe que las vacunas son seguras, que salvan a miles de personas. La vacunación es la mejor manera de recuperar la economía y recuperar las pérdidas ocasionadas por la pandemia”.

Como subdirector de la OPS pidió identificar a los grupos renuentes y llegarles a las personas con información basada en evidencia científica. En esto es clave “que enfermeras y médicos estén bien informados, porque ellos reciben a quienes se van a vacunar” y que se establezca una estrategia de comunicación clara.