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Benigno Alarcón: En las elecciones del #27Jul puede haber más participación por casos puntuales como Chacao o Baruta

«El gobierno, desde el 28 de julio del año pasado, ha tratado de normalizar la situación, y una de las herramientas para intentar normalizar la situación es lo electoral», explicó el director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB

La casa no se entrega, dice el alcalde de Chacao y candidato a la reelección, Gustavo Duque. «Baruta es nuestro hogar y defendemos tu casa», sostiene el mandatario baruteño y aspirante a continuar en el cargo, Darwin González. Es probable que en ambos municipios más gente salga a votar el 27 de julio, evalúa Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB.

Este viernes 11 de julio comienza formalmente la campaña electoral para los comicios locales del 27 de julio. Y empiezan las preguntas: ¿La gente sufragará? ¿La oposición dejará de gobernar en los municipios donde hoy tiene espacios? ¿Obtendrá el oficialismo todos los cargos en disputa?

«El gobierno, desde el 28 de julio del año pasado, ha tratado de normalizar la situación, y una de las herramientas para intentar normalizar la situación es lo electoral: trata de llamar a elecciones, trata de que se celebren elecciones, decir que no ha pasado nada y que somos un país democrático donde se celebran elecciones», explica Alarcón. «Pero pareciera no haberlo logrado, a juzgar por la baja participación en las elecciones del 25 de mayo. A juzgar por los resultados «es evidente que la situación no se ha normalizado y que continúa sin normalizarse».

El analista -en conversación con medios de comunicación en el contexto de un seminario sobre libertad de expresión celebrado en el Centro- anticipa que, para el 27 de julio, posiblemente «vamos a ver que la situación sigue sin normalizarse». No obstante, señala que puede haber casos puntuales de municipios «donde vote algo más de personas porque prefieren que esté ese alcalde en vez de otro, pero la realidad del asunto es que no vamos a ver una participación masiva, como algunos tratan de decir por allí, porque las condiciones que se generaron a partir de la elección presidencial de 2024, y que generaron consecuencias de cara a las elecciones del 25 de mayo, donde los niveles de participación fueron muy bajos, no han cambiado. Al no cambiar las condiciones no podemos esperar que el comportamiento de la gente cambie de manera significativa».

Alarcón prefiere no asomar datos de participación. «Pero nuestras mediciones pasadas, de la elección pasada, daban un 20 % de participación; se habla de entre 15 % y 20 %. La realidad del asunto es que yo esperaría intuitivamente que para la elección próxima pueda haber algo más de participación por los casos puntuales: por la gente que no quiere que Chacao caiga en otras manos, por la gente que no quiere que Baruta caiga en otras manos, por la gente que no quiere que El Hatillo caiga en otras manos, y así con municipios del interior del país».

Aparte de esos casos «no vamos a ver un comportamiento distinto al que nosotros hemos visto».

La caracterización de la oposición es fundamental para este análisis. «En la oposición sistémica, que participa en los llamados a elecciones que hace el gobierno tienes dos grupos: uno, que nunca tuvo arrastre, que no tuvo mayor peso electoral, que es la Alianza Democrática»; y otro grupo, formado por Capriles y Un Nuevo Tiempo, que «en la última elección no obtuvo mejores resultados». Según su intuición la oposición «que juega con el sistema se termina homogeneizando»; o «lejos de ganar puntos y ganar legitimidad» la gente los ve como algo más. «Ese grupo termina pesando muy poco, posiblemente 5 % o 6 % de la totalidad del electorado».

En mayo pasado las mediciones indicaban que el liderazgo de María Corina Machado «se mantenía; con algún daño, pero se mantenía tremendamente, aunque con una pregunta que la gente se hace: ella lo ha hecho todo, pero no podido. ¿Será que podrá? ¿Será que en algún momento lo logrará? La duda está allí y se va a mantener mientras no haya resultado».

Entre tantas cosas, la gente mira la coherencia, coincide Alarcón. Y la valora. Y lo que perciben en Machado, aun cuando no haya logrado un cambio político, es la persistencia.

En cuanto a la situación del país, resaltó que persiste la inflación, y esto «viene aderezado con una dosis muy alta de represión de la información», y pareciera que es delito hablar de temas económicos porque se piensa que, si no se habla, no está ocurriendo. La represión, acotó, se hace «de manera más quirúrgica»: apunta hacia ciertos actores, no generalizada, y buscaría «acallar aquellas voces que puedan decir cosas que sean incómodas para el gobierno en un momento determinado».

Alarcón expresó que llama la atención el énfasis del gobierno en la lealtad militar en las últimas. «Uno se pregunta qué pasa, qué está pasando», comentó. «El patriotismo se pone de primero, el nacionalismo se pone de primero» y eso forma «una constante en los discursos de la última semana». El gobierno parece no tener ánimo de negociar el poder, y cada vez que se habla de mecanismos «que pueden poner en riesgo el control del poder, se acaba la negociación».

El venezolano, por su parte, quiere un cambio político, pero ha variado su convicción de que puede lograrlo. «En la medida en que la gente cree que no lo puede tener, toma dos decisiones: se va o busca adaptarse al país en el que le tocó vivir».

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