Desde la Red de Casas Don Bosco, señalan que especialistas se enfrentan a una generación de NNA con daños psicológicos y emocionales “irreparables” motivado al fenómeno de la migración pendular

En los últimos dos años, se ha registrado una migración pendular. “Esto quiere decir que hay niños que salen con sus padres, pero que en un lapso no mayor a una semana, son devueltos al país , con personas ajenas al círculo familiar: una conocida que se regresa, otro adulto a quien se le confía la vida de ese niño, niña o adolescente, durante un trayecto poco seguro. Otras veces, esos niños viajan solos”, aseguró Leonardo Rodríguez,  director Ejecutivo de la Red de Casas Don Bosco, en entrevista exclusiva para Contrapunto.com.

Reportes indican que los menores de edad migran en ocasiones sin pasaporte y evitan los controles migratorios, establecidos en fronteras, “lo cual indica que estos niños o adolescentes, viajan solos”, sostuvo Rodríguez, modalidad que se repite en países receptores como Colombia, Ecuador, Brasil, Perú – por las proximidades fronterizas-, “pero ninguno viaja solo a las Antillas. Las salidas por mar responden a  otra situación”, acotó. 

Informes emitidos por La Red de Casas Don Bosco, destacan que las migraciones pendulares se generan en Distrito Capital y los estados Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Mérida y Miranda. “Y son las zonas urbanas de esas entidades, los sectores con mayores demandas de migrantes: mujeres u hombres solos, otros con niños pero que, por dificultades que puedan presentarse, los niños o adolescentes se ven forzados a regresar”, sostuvo Ramírez. 

“Por el contrario, las migraciones desde las zonas rurales o de campo, la migración se da por grupo familiar completo”, añadió. 

Un estudio de necesidades reveló que las causas de migración tienen que ver con la necesidad de garantizar alimentos, acceso a servicios básicos, educación y seguridad. “Situaciones que son más difíciles de resolver en las ciudades, pero que en el campo, estas limitaciones son mucho más manejables, porque es una costumbre para esas familias. Por ejemplo, cocinar con leña, alumbrarse con velas, conseguir agua en pozos, quebradas”, aclaró Rodríguez. 

¿A qué se enfrenta el niño cuando queda solo?

El equipo multidisciplinario destacado en Las Casas Don Bosco, recibe a diario personas que quedan a cargo de niños, niñas o adolescentes, cuyos padres migraron. Otras veces, son las abuelas o parientes , quienes asumen el reto de la crianza. 

“Los cuidadores, abuelas , parientes, siempre acuden en busca de apoyo psicosocial, ya que los procesos de crianza no son seguros para estos niños, niñas  o adolescentes. Estos adultos -además-, deben enfrentares a grandes limitaciones, no cuentan con las herramientas para garantizar la crianza positiva. Desde allí parte el apoyo , de la mano de especialistas que los guíen en el proceso”.

Los programas de protección de la Red de Casas Don Bosco reseñan , que son mujeres mayores de 50 años de edad, quienes quedan a cargo de los niños, niñas o adolescentes. Pueden ser sus nietos, o niños que no pertenecen a su núcleo familiar. 

“No todos los hogares son seguros. Hemos tenido amenazas de violencia y abuso sexual. Lamentablemente, otros casos que se han materializado y que culminan en procesos judiciales, a través de los Consejos de Protección del NNA. Esto es algo que los padres desconocen, desde el momento en que abandonan a sus hijos a la suerte, en otro país, o regresarlos con desconocidos”. 

Desde noviembre del año pasado y a la fecha , La Red de Casas Don Bosco ha gestionado al menos , dos mil casos que implican la participación directa de órganos de protección de NNA víctimas de violencia basada en género y abuso sexual. 

Daño irremediable

Expertos de la Red de Casas Don Bosco afirman que los daños emocionales de NNA – a consecuencia de la migración de sus padres- son “irreparables”. Y aseguran que la ausencia de la figura materna “es y será siempre insustituible”

“Son procesos muy traumáticos. Estamos frente a una generación con tendrá secuelas en la salud mental terrible y no existen procesos o servicios para atender traumas generados por la separación. Pasará mucho tiempo para que estos procesos traumáticos cierren, por lo tanto tenemos un NNA conviviendo en duelo, aunado al resto de los problemas sociales que lo rodean”, puntualizó  Rodríguez. 

Finalmente expresó: “Estamos frente a un fenómeno de separación violenta. Es un tema de vínculos. El llamado es a los adultos: deben entender que el trauma de un niño abandonado en una frontera o enviado de vuelta con desconocidos, es mayor al trauma de un niño que viva debajo de un puente, pero que está con su padre, madre, o ambos. Es preferible vivir en pobreza , que abandonar a los niños”.

Rodríguez estima que deberán transcurrir al menos veinte años “para que los niños puedan reparar el daño emocional y traumático, motivado a la separación de su madre, como figura principal en su vida. “Los niños van a querer regresar a buscar sus vínculos”. 

Apoyo internacional

La Red de Casas Don Bosco trabaja en alianza con las Naciones Unidas, La Cruz Roja y otras organizaciones internacionales.

“La idea es tratar de reunificar a las familias. El niño que quedó en una frontera, y sus padres se encuentran en otro país. La idea es no perderle la pista. Por ejemplo, en los campamentos de Paracaima, Brasil, hemos logrado concretar trámites familiares; mientras que la Cruz Roja realiza un enlace internacional para localizar a las familias y para el envío de documentos de identidad”, explicó Rodríguez.