Con un lema tan simple como “huelga por el clima”, la adolescente sueca Greta Thunberg hace salir a las calles a miles de jóvenes en todo el mundo, un movimiento que se va propagando, pese a las críticas de los adultos

Greta Thunberg, de 16 años, empezó el verano pasado su acción en solitario, instalándose cada viernes delante del Parlamento en Estocolmo para pedir a los diputados que actúen contra el cambio climático.

Unos meses más tarde, de Sídney a Bruselas, de Berlín a La Haya o a Londres, miles de jóvenes se han sumado a la iniciativa de esta huelga semanal en favor del clima, desfilando en las calles con eslóganes como “salvar nuestro futuro“.

Con frases como “nuestra casa se quema” o “quiero que empiecen a tener pánico”, la carismática joven sueca, que viajará a Bruselas el jueves y a París el viernes, “ha llegado al corazón de la gente porque lo cuenta con mucha integridad“, estima Karen O’Brien, socióloga de la Universidad de Oslo, especializada en cuestiones relacionadas con el cambio climático.

“A veces, una única persona valiente puede ser la chispa que enciende el fuego que estaba esperando prenderse”, dice a la AFP. Una cierta “inacción” mundial ha hecho que la iniciativa de Greta Thunberg se haya hecho oír, según ella.

Pero este movimiento “sin equivalente“, impulsado no por estudiantes sino por menores “nos molesta, a nosotros, los adultos”, estima por su parte Sylvain Wagnon, especialista en historia de la educación en la Universidad de Montpellier.

Se tendrá sin embargo que esperar a ver la envergadura de la “huelga mundial” del 15 de marzo, y observar “cómo van a actuar los países”.

“Hay una tendencia a decir: volved a casa, sois niños”, añade, en alusión a algunas reacciones “paternalistas”.

Seguir la via

En Alemania, donde las manifestaciones reúnen cada semana a más 15.000 estudiantes de decenas de ciudades, muchos critican que las protestas se lleven a cabo durante las horas lectivas.

En la primera gran movilización en Reino Unido la semana pasada, los servicios de la primera ministra británica, Theresa May, lamentó que los jóvenes perdieran “horas de clase”.

A lo que Greta Thunberg respondió: “las políticas, por su inacción, perdieron 30 años, es un poco peor”, dijo en Twitter. “¿Por qué tendríamos que estudiar para un futuro que pronto no existirá y si nadie hace nada para salvarlo?”, insiste en un video en el que hace un llamado a sumarse a su movimiento “Fridays for future” (“Viernes para el futuro”).

“Seguiremos haciendo huelga hasta que nuestras voces sean oídas y tengan un efecto”, dijo por su parte Holly Gilligrand, de 13 años, uno de los rostros del movimiento en Escocia.

A pesar de las críticas, esta iniciativa de los jóvenes también ha recibido muchos apoyos, especialmente del mundo científico y climático.

Para algunos activistas ecologistas, se trata de una nueva posibilidad para ejercer una presión más fuerte contra los gobiernos, cuyos compromisos son insuficientes para respetar los objetivos de Acuerdo de París de limitar el calentamiento del planeta a +2°C respecto a la era preindustrial.

“Pero esta esperanza depende de la capacidad de todo el mundo para seguir la vía abierta por estos jóvenes”, comenta Bill McKibben, cofundador de la oenegé 350.org. “No basta con mirarlos con admiración, porque estos jóvenes no tienen el poder de hacer que los cambios se produzcan. Nos toca a nosotros apoyarlos, y rápido”.

Con Información de AFP