Extraer a Nicolás Maduro como lo hicieron en Honduras con Manuel Zelaya, sacar a Maduro y bombardear su base de apoyo o un ataque como el lanzado contra Irak son las rutas que evalúa Trump, afirma el analista e investigador en geopolítica

No hay un momento del día en el que a Miguel Ángel Contreras, profesor e investigador en el área de geoopolítica, no lo amargue la posibilidad de que la crisis venezolana tenga un desenlace trágico. Contreras ha analizado todos los escenarios que se abren en Venezuela con la juramentación de Nicolás Maduro en el TSJ y la de Juan Guaidó en la calle, y su conclusión es que es cuestión de tiempo que Estados Unidos (EEUU) actúe abiertamente en el país.

Tres son los caminos que puede tomar esa intervención: Extraer a Nicolás Maduro como lo hicieron en Honduras con Manuel Zelaya, sacar a Maduro y bombardear su base de apoyo o un ataque como el lanzado contra Irak son las rutas que evalúa Trump, afirma el analista.

-¿Ve posible el escenario de una invasión de Estados Unidos?

-Estados Unidos ha venido tomando decisiones que forman parte de un guion ya establecido que se ha diseñado para este tipo de situaciones.

-¿Como cuáles?

-En los últimos tiempos han cambiado las características del diseño imperial estadounidense, porque se está enfrentando a otro tipo de situaciones, como la pérdida del poder económico a escala global. Por eso en Libia y Siria Estados Unidos usó ese guion.

-¿Cuál es el guion?

-Llamar la atención sobre una situación anómala, que vulnera los intereses de la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo segundo es el diseño de una campaña informativa global, que incluye demonizar y deshumanizar al otro que se pretende aniquilar política, simbólica y territorialmente, porque implica la secesión del territorio. Lo tercero es el corte de financiamiento de organizaciones multilaterales. Es muy fácil iniciar un boicot a las transacciones comerciales. Todo ocurre simultáneamente. Es la combinación de dos tipos de estrategia: la de la diplomacia indirecta, que es ir cercando diplomáticamente el país o el territorio; y la otra es el juego psicológico de la conmoción y el pavor: el uso de la fuerza con el objetivo de rendir al otro.

-¿Esto se monta sobre una base real?

-Una de las cosas que ha venido ocurriendo en los últimos años es la evidente crisis social, que se expresa de distinta forma: atomización, fragmentación e individuación de la experiencia. Al no tener recursos para mantener la procura existencial, darse los alimentos necesarios para vivir, la persona fragmenta su propio campo de experiencia porque tiene que dedicarse todo el día a la búsqueda de alimentos. La persona está sometida a un principio de sobrevivencia. Esa crisis social no se había convertido en una crisis política porque había estado cabalgando sobre la atomización política de la oposición.

-¿Qué lo hizo cambiar?

-En los últimos tiempos esa atomización fue llevando a la oposición a la búsqueda de salidas extremas. Por no tener salidas constitucionales y democráticas para corregir y para discutir, el acorralamiento llevó a que las posiciones extremas sean las que dominen en este momento. Estamos sometidos a dos minorías.

-¿Cuáles?

-Una parte es la oposición extrema y otra parte es el gobierno que se empeña en mantener el todo o nada. Ha habido un consenso internacional que se ha venido gestando hace bastante tiempo. Desde 2013 y 2014 ya hubo un consenso sobre la necesidad de quebrar la situación venezolana. Sin embargo, no había logrado el objetivo. Estaba el tema económico, que fue el cierre de los mecanismos de financiación de Venezuela, el obligar a pagar grandes cantidades para cancelar compromisos adquiridos con los bonos. Eso fue quebrando la situación venezolana, con la ausencia de una política económica integral.

-¿El Gobierno es corresponsable?

-El gobierno es corresponsable claramente de lo que suceda, incluso en el peor escenario. Estamos en la necesidad del ejercicio de política democrática, informar a la población de los escenarios que estamos enfrentando y la necesidad de abrir canales de negociación para subvertir esos escenarios, que en fin de cuentas no van a favorecer a ninguno, sino que van a destruir el sentido de país que tenemos.

-¿Cuáles son esos escenarios?

-Uno es el de la operación ejecutiva, ya ensayado por Estados Unidos, que sería la extracción del presidente Maduro como se hizo con Manuel Zelaya en Honduras o Jean Aristide en Haití. Otro escenario sería algo como lo que le hicieron a Manuel Noriega en Panamá: no solo la extracción, sino el bombardeo a sitios estratégicos y seguramente a poblaciones civiles, donde puede estar la base social. El tercer escenario es el de la guerra convencional.

-¿Ingreso de tropas?

-Con ingreso de tropas al país y ataques aéreos. Las guerras convencionales ya no son tipo Vietnam, sino tipo Irak. Es una guerra para inocular el miedo como la estrategia fundamental, destruir bases sociales y mecanismos de solidaridad, destruir la vida como la hemos vivido.

-Pero ya la vida la tenemos destruida. ¿Cuál es la diferencia?

-La diferencia es que uno, todavía, puede valerse de distintas estrategias para sobrevivir. Eso existe desde hace mucho tiempo, porque los sectores populares siempre han estado sometidos a esa lógica de la sobrevivencia. ¿Cuál es la diferencia? Que estamos buscando una solución invocando a Belcebú y a todos los demonios.

-Pero hay gente anhelando la invasión.

-Uno de los temas centrales de una invasión es tener un consentimiento en el territorio. La construcción de ese consentimiento se ha venido fraguando desde hace mucho tiempo. Estamos ante una crisis dramática, que nos lleva a la búsqueda de situaciones límite: Todo o nada. La situación es tan dramática, que pareciera no tocar fondo.

-¿En qué momento se unieron lo social y lo político?

-Desde diciembre de 2018 en adelante, cuando nos enfrentamos a unas angustiosas, dramáticas y austeras fiestas navideñas. Cuando se nombró al diputado Guaidó como presidente de la AN se diseñaron escenarios que avanzaran en la dirección de unir lo social y lo político. En este escenario apareció el 23 de enero: la gente reencontró la calle y eso se convirtió en un punto de inflexión. Se activó lo que llamo el retorno de lo reprimido: de nuevo se reactivaron las identidades que habían hecho vida en la oposición en los últimos 20 años. Se activaron imaginarios que tienen resentimiento, venganza y la imposibilidad de la negociación. Es, de nuevo, el juego suma cero.

-¿Es peor lo que puede venir?

-Lo primero es que va a generar la aparición de una fuerza extraña a Venezuela tomando cuerpo dentro del país. Va a tener distintos tipos de comportamiento, y si la fuerza entra, entra destruyendo, y no como un cuerpo de paz. Eso va a activar mecanismos internos de guerra civil. Entonces nos enfrentaremos a una cosa todavía peor: el otro con el que haces vida cotidiana se convierte en tu enemigo. Antes tenías opiniones disímiles, pero la situación límite te obliga a ver el otro como a un enemigo. Instalar la lógica del enemigo interno destruiría la propia república.

-¿A qué se refiere con la destrucción de la república?

-Destruiría lo que hemos estado construyendo por la vía de la relación entre venezolanos. Estamos ante un proceso de desinstitucionalización, que es un elemento más de la crisis que estamos enfrentando, pero instalar la lógica del enemigo interno no fracciona la relación entre gobierno y sociedad: destruye la relación de la sociedad consigo misma.