No le va a ser fácil a la Administración Trump imponer la violencia en Venezuela, advierte el historiador que se identifica como bolivariano “por convicción”

Si algo tienen los tachirenses es la tozudez, y el profesor Manuel Carrero, como buen hombre de los Andes, no se queda atrás en la persistencia de las ideas que cree correctas. Formado como docente en geografía e historia en el Instituto Pedagógico de Caracas, y alumno de eminencias como Federico Brito Figueroa, Carrero considera que no hay una transición política en Venezuela que implique dejar atrás el chavismo. Tampoco cree que el presidente de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó, pueda ser comparado con Wolfgang Larrazábal, el militar que sirvió como puente entre Pérez Jiménez y la democracia.

Para el investigador del Centro Nacional de Historia, Venezuela afronta en el presente un ataque internacional similar al que sufrió el país en 1902, con el bloqueo a las costas. “Desde entonces hasta ahora no creo que haya un caso de las mismas dimensiones. Ha habido situaciones, pero no como ahora”, señala en entrevista con Contrapunto.

Hoy hay un escenario nacional, regional e internacional “alborotado” en lo que concierne a Venezuela, analiza Carrero, quien se define como bolivariano por convicción y pasión.

-¿Qué pasa en el escenario nacional?

-Pienso que en la historia de Venezuela ha habido dos constituciones nada más: la de 1830 y la de 1999. Los demás son textos constitucionales con los que se hicieron cambios de escenografía. Con la de 1999 hubo cambios estructurales. Cambió la relación de poder y se desacomodó a los que estructuralmente han tenido el país en sus manos desde 1830. Los grupos de poder pierden el control, pero no totalmente, porque mantienen lo medular del control financiero y económico. Estamos en una situación dialéctica entre dos posiciones encontradas: la oligarquía y el pueblo.

-¿Qué pasa en el regional?

-Nuestros países transitan una situación simular a la de un joven que tiene 14 años y se enfrenta al padre y se porta de forma irreverente. Algunos países se le han plantado así a Estados Unidos, mientras el “padre” actúa por la vía del hecho. Hay un conflicto entre el centro de poder hegemónico y la situación nuestra. Estados Unidos no ha tenido la inteligencia de abordar el problema de América Latina con un poco de responsabilidad; nos trata como la situación fuese la misma que hace 100 años.

-¿Qué sucede en el internacional?

-Estados Unidos afronta un alto costo para intentar mantener su dominio en el mundo. Está en una situación en la que otras naciones le disputan la hegemonía; pero quiere regresar a hegemonizar, y para eso necesita el rol determinante de las oligarquías.

-Pero parece que estamos en una fase más agresiva ahora.

-Estamos viendo una cantidad de determinaciones que Estados Unidos no había tomado con ningún país de América, salvo Cuba. Quiere acabar con la situación de Venezuela, pero se equivoca, porque Venezuela es un punto fundamental en el desarrollo de la política mundial hoy. No le va a ser fácil a Estados Unidos tomar decisiones e imponer la violencia. Los pueblos del mundo están pendientes de lo que suceda en Venezuela. Estados Unidos parece estar haciendo tanteos, pero el problema de Venezuela dejó de ser de Venezuela. Haber llevado el caso a la ONU implica algunas cosas. Hace 30 años no lo habría hecho.

-¿Por qué lo lleva a la ONU?

-Porque la experiencia de Libia le sirvió para embarcar a otras potencias y para justificar ante el mundo lo que hoy ya no puede hacer. Donald Trump no tiene experiencia en el manejo de la política mundial, que es un consenso del vecindario. Puede cometer muchas torpezas, y probablemente las otras potencias, que tienen experiencia, lo detengan. No es de extrañar que haya conversaciones no públicas, porque la situación de Venezuela no es solo de Venezuela: es un problema de las relaciones mundiales.

-Desde el Gobierno se quiere tratar a los que de oponen como traidores. Esto no es nuevo, pero ¿realmente sirve para algo?

-Hay escenarios en los que hay una extrema derecha con posiciones radicales y hay vías sensatas. El presidente Maduro ha llamado a tener paciencia y temple de acero; las políticas de la extrema derecha y de la extrema izquierda no conducen a un buen desenvolvimiento. Creo que a Maduro de mucho le tienen que haber servido su tiempo con el presidente Chávez y los años conversando con personalidades del mundo. Se ha convertido en un hombre equilibrado, da muestras de inteligencia y de no desesperarse, cocina la política a su ritmo, ha sabido conducir esto y medir los pasos que da. Hay posiciones condenables, como la del señor Guaidó. Si es o no traidor a la patria, para eso están los tribunales. Vayamos por la vía de la ley, y el que sea culpable, que asuma su responsabilidad.

-¿Puede ser Guaidó el Larrazábal de este tiempo?

-No. Larrazábal fue un hombre con trayectoria, con estudios. Habría que ver qué ha escrito el señor Guaidó. Tanto así, que para que fuese conocido tuvieron que hacer un montaje en la autopista Caracas-La Guaira. Él debe saber que está haciendo el rol del tonto útil.

-¿No se compara con Larrazábal?

-No tiene ningún punto de comparación. Incluso, lo han comparado con el Libertador.

-Otros historiadores dicen que este es un momento de transición.

-Hay una situación que se ha prolongado en Venezuela desde hace 20 años, que es la pugna entre el chavismo y el poder financiero económico. Hay cosas que el chavismo no estaba preparado para manejar, como las áreas de la economía que expropió, pero hay cosas loables, hay avances. En otras palabras, si se hace una suma, es mucho mayor el saldo favorable a la causa del chavismo, del socialismo o como lo quieran llamar. Ese saldo favorable es el que aún mantiene a una parte de la nación fiel al chavismo.

-¿No estamos en transición?

-Estamos transitando un tiempo largo de transición porque no se terminan de despejar las posiciones. Más de la mitad del país es chavista duro. El chavismo no está contento, y aplaudo que no lo esté, porque no se hace complaciente.

-Hay sectores que hablan de una transición porque se terminó el chavismo.

-Hay un deslinde del chavismo resteado de eso que se llamó chavismo light. El chavismo no puede ser ignorado; es una fuerza con la que cualquiera quisiera contar. No estamos en una transición con la salida del chavismo del poder. Para nada. No veo signos en el tiempo. Pero sí hay una situación crítica. En Venezuela hay dificultades, pero no transición ni debilitamiento de la institución armada o del Estado.

-¿Ve posible el escenario de una invasión estadounidense?

-Con la soberbia de Estados Unidos no se descarta nada, pero no veo una invasión inminente.

-Se necesita un espíritu nacional para afrontar una situación como esta. ¿Lo hay en este momento? ¿Cómo logramos la cohesión en este momento?

-El Libertador se convirtió en un enlace para la nación. Si Maduro no ha tenido eso es, en buen medida, porque el Libertador y Hugo Chávez copan la emocionalidad del imaginario colectivo venezolano.

-¿Cómo se cohesiona al resto de la sociedad?

-Es sumamente difícil, porque es una parte de la sociedad que no comulga con las ideas de Bolívar ni con las de Chávez. Es un trabajo que deben desarrollar quienes administran la nación. No es un trabajo que se resuelve de la noche a la mañana.