Los militares son “un sujeto político al que hay que tomar en cuenta” para cualquier negociación, subraya el sociólogo y analista. Nicolás Maduro “tiene una posición ambivalente con las negociaciones” en Barbados. “Hay una oposición social que no está vinculada con la oposición política”, advierte

“Violencia” es la palabra que a Trino Márquez le simpatiza menos de un diccionario de sociología. Con otras puede convivir, pero no con esa. Sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), prefiere el diálogo al choque, el entendimiento al conflicto.

Más que proponer una reiteración del Pacto de Punto Fijo que suscribieron tres partidos políticos y que gobernó el país entre 1958 y 1998, Márquez insiste en que Venezuela necesita un acuerdo de gobernabilidad que debe marchar paralelamente con las elecciones presidenciales.

“Sin un acuerdo es casi imposible que haya elecciones presidenciales”, afirma en conversación con Contrapunto.

Libros es lo que más hay en la oficina de Márquez en la encuestadora Consultores 21, ubicada en La Urbina. “Estamos viviendo mal porque el deterioro de la calidad de vida ha sido en todos los renglones; todos los indicadores señalan un retroceso significativo, especialmente a partir de 2013 o 2014”, señala.

Marca la diferencia con los 10 años anteriores, y no por defender a Hugo Chávez, sino “porque hubo una época de bonanza, los precios petroleros crecieron y hubo una política dirigida a distribuir los ingresos, aunque creo que de forma irracional”.

A la distancia analiza que “los sucesos de abril de 2002 modificaron drásticamente la actitud de Chávez frente al empresariado nacional” y que “a partir de ese momento hubo un proyecto de exterminio del empresariado nacional”. Se optó, según su evaluación, “por un modelo soviético cubano, de fortalecer las empresas del Estado y crear una burocracia estatal”, además de la expropiación de grandes empresas.

“Eso es parte de lo que nos ha traído a lo que vivimos hoy”, subraya. En 20 años se han perdido unas 9 mil empresas y existe una relación directa, asevera, entre la muerte de las industrias y la calidad de vida de la gente. “Si no tenemos industrias prósperas es imposible que haya empleos de calidad”, expone. Pero además si no tienes empresas que estén produciendo bienes y servicios la oferta de bienes y servicios disminuye, y la escalada de los precios es inmediata. La inflación se desata”.

El vivir mal se evidencia en que no hay acceso a servicios de buena calidad y en detalles como que, debido a la falta de gas, 4% de los hogares venezolanos cocinan con leña; es decir, unas 250 mil familias. “Las familias no tienen acceso a la principal fuente de energía, que es el gas doméstico que necesitan para cocinar, para asearse, para tener agua caliente y agua potable”.

Los datos sobre la alimentación no son mejores. “El venezolano está comiendo muy mal: De cada tres venezolanos dos comen dos veces o menos al día”, detalla. La ingesta mayoritaria es de harinas, arroz, pastas, porque “el consumo de proteínas de origen animal se ha reducido de manera muy drástica; el consumo de carne ha caído a una vez cada 15 días o una vez al mes en las familias de menores ingresos”.

Las élites políticas están desconectadas de lo que sucede, aunque Márquez remarca que el gobierno de Maduro “es el que lleva la principal responsabilidad, porque maneja el presupuesto, define las políticas públicas”.

Por ejemplo, una medida rápida que podría implementar a partir del 1 de octubre es recuperar al 100% el Programa de Alimentación Escolar (PAE), apunta, con redes de solidaridad y el aporte de todos los sectores. Pero eso pasa por reconocer que el PAE no está funcionando, que la deserción es alta y que hasta el ausentismo de los profesores es muy alto. “Para esto no necesitamos ir a Oslo, a Barbados o al FMI; solo se necesita un acuerdo entre nosotros” que debería empezar por admitir lo que está mal. ¿Por qué Maduro no lo hace? “Porque tienen un temor atávico al fracaso”.

No obstante, se ha mantenido en el poder, con el peso del extendido rechazo popular. Márquez lo atribuye a que “el régimen ha creado una sensación de invencibilidad” con medios como la hegemonía comunicacional, el carnet de la patria y la represión.

Con la hegemonía comunicacional “para el gobierno es relativamente sencillo crear la sensación de que las cosas no marchan tan mal como dicen la oposición o el vecino”. El carnet de la patria, según su visión, es “un mecanismo de cooptación que opera como mecanismo de chantaje y extorsión” y que está en poder de 75% de la población.

“Un tercer elemento es que la gente ha internalizado la idea de que el gobierno está dispuesto a reprimirla o castigarla”, razona. La actuación de los cuerpos de seguridad responde “a un diseño, que es internalizar el miedo”, con el punto de partida de que hay que reprimir con más fuerza “donde consideran que no se puede expandir ni reproducir la protesta”.

El cuarto elemento que suma Márquez, sin temor al qué dirán, es que “la oposición ha fracasado” porque “se ha planteado salidas inmediatistas, desconectadas de las necesidades de la gente y del ritmo de la gente”. Lo resume de la siguiente manera: “Hay una oposición social que no está vinculada con la oposición política”. El quinto es “la destrucción del tejido social: los partidos políticos, que fueron esenciales en el proceso de modernización de la nación; los sindicatos, como centros de organización y reivindicación. Eso ha contribuido a que la gente no se movilice”.

-Hay una oposición social que no está vinculada con la oposición política. ¿Como se conectan?

-La clave es la inexistencia de partidos políticos, porque en el partido se definen políticas, se deciden en medio de procesos colectivos de discusión y de participación. El adeco, el copeyano, el comunista o el masista estaban conectados con la gente. Nuestra dirigencia política, y por supuesto Guaidó, se mueve en medio de una atmósfera demasiado vaporosa, porque necesita tener anclas.

Trino Márquez reitera que “sin acuerdos de gobernabilidad no habrá estabilidad ni recuperación del país.

-¿Pasan por el chavismo?

-Por supuesto. Uno de los grandes fracasos de Mauricio Macri, que lo va a llevar a la derrota, es no haber orquestado un acuerdo con el kirchnerismo. Si alguien pretendiese gobernar sin un acuerdo de gobernabilidad que incluya a todos los sectores, el sector más moderado o consciente del chavismo, olvídese. A los colectivos hay que reducirlos, no puedes tener sindicatos que pidan todas las reivindicaciones que no le pidieron a Maduro. Para los acuerdos de gobernabilidad necesitas de manera imprescindible al chavismo; a todos.  

-¿Esos acuerdos están en Barbados?

-Si no están en Barbados deberían estar. El presupuesto de Barbados es que hay elecciones presidenciales. En 1958 cayó Pérez Jiménez, todo el país sabía que había que elegir un presidente que no fuese autócrata, pero todo el mundo sabía que la elección no era suficiente para estabilizar la democracia, y mucho menos fortalecerla, porque había habido una experiencia muy negativa antes. En el trienio adeco (1945-1948) los adecos fueron arrogantes, excluyentes. Un país no se gobierna solamente con mayoría; un país se gobierna incluyendo a las minorías, que pueden transformarse en mayorías.

En ese momento, rememora, se convino en tres cosas: el acuerdo marco del Pacto de Punto Fijo, el programa mínimo de gobierno y los acuerdos obrero-patronales entre Fedecámaras y la CTV. Pero con base en las lecciones aprendidas “no repetiría la exclusión del Partido Comunista de Venezuela”, que originó la lucha armada.

-¿Qué no repetiría?

-Nada que tenga que ver con exclusión. Venezuela tiene que volver a ser inclusiva y universal. Cualquier ajuste de cuentas tiene que evitarse. Entramos en una delgada línea que separa la impunidad de la justicia. Hay que recuperar el estado de derecho, hay que recuperar la credibilidad en jueces y aparato judicial. La gente que ha saqueado el país o ha cometido crímenes de lesa humanidad debería ser enjuiciada. Al señor que creo una empresa de maletín para importar plantas eléctricas, y no creó un kilovatio, hay que enjuiciarlo, pero tiene derecho a una defensa. Hay que aprender de la experiencia de otros países: en Argentina, Chile, Nicaragua se crearon comisiones de alta respetabilidad. Ese es el tipo de experiencia positiva que hay que incorporar a nuestro proceso de reconciliación.

Aunque hay mucho resentimiento, e incluso odio, “lo peor que podría hacer un nuevo gobierno es crear un ambiente propicio para la venganza·.

-¿Usted crearía un nuevo pacto de Punto Fijo?

-Es un acuerdo de gobernabilidad que debe marcha simultáneamente con las elecciones presidenciales. Sin un acuerdo es casi imposible que haya elecciones presidenciales. ¿Qué puede reducir la fuerza aparente de Maduro? Que logres convencer al sector militar, sin el cual no hay nada. Contra los militares aquí no se va a mover nada.

-¿Cómo se incluye el sector militar?

-Lo primero es que hay que sincerarse. Los militares son un factor político de primer orden, y ellos no lo ocultan. En cada alocución de Padrino, de Ceballos, de Suárez Chourio dicen “Chávez vive, la patria sigue”; dicen que son una fuerza socialista y antiimperialista.

-¿Eso qué significa?

-Que son un actor político. No son un partido político, pero son un sujeto político al que hay que tomar en cuenta. Hecho este reconocimiento, hay que decirles que no puede haber un acuerdo de gobernabilidad sin su presencia, porque son la única fuerza con legitimidad para contener. Deben encarnar los intereses de la república, del a nación. Ustedes tiene que reinstitucionalizarse, es un acuerdo básico y hay que decírselos.

-¿Cómo los sienta?

-Podrían formar parte de un consejo consultivo, o los consultas directamente. Al Alto Mando.

“Proferir amenazas a los militares no tiene sentido”, afirma Márquez.

No descarta que Nicolás Maduro “sea objeto de una negociación, porque se ha convertido en un problema nacional y regional de grandes dimensiones”. Llega a esta conclusión porque “el deterioro del país es demasiado grave”, y aunque no ha habido un estallido social, “puede haber una sorpresa”.

Nadie, repite, “puede decir que no hay una conjunción de fuerzas, porque el nivel de martirio al que está sometido el pueblo venezolano no tiene calificativos, y eso se lo deben estar diciendo a Maduro: ‘No siga tensando la cuerda, no agregue más presión a esa olla, deje una válvula de escape y propicie esas elecciones’”.

Maduro, en su criterio, “tiene una posición ambivalente con las negociaciones” y es “el centro de un conjunto de contradicciones”, porque “se debe dar cuenta de que va a salir afectado él y el proyecto que representa”, pero “por otro lado no quiere salir. Hay dos fuerzas claramente en tensión”.