Rogelio Pérez Perdomo: A pesar de la destrucción del Estado los venezolanos tratamos de convivir lo más armónicamente posible

Vanessa Davies

“Venezuela en el siglo XX hizo un esfuerzo de modernización y se creó una clase media muy poderosa, muy numerosa. Esta sociedad ha continuado funcionando y no está dispuesta a perder sus hábitos mentales”, asegura el exdecano de derecho de la Universidad Metropolitana. No obstante, señala que lo que queda del Estado “prácticamente está convertido en un grupo armado adicional a otros grupos armados”. A su juicio, en una reconstrucción del Estado y del sistema de justicia “la idea de caída y mesa limpia es peligrosísima”

Rogelio Pérez Perdomo no cree que Venezuela esté sumergida en la anomia. Por el contrario, destaca que, a pesar de un estado de derecho desmigajado, la sociedad siga conviviendo. El exdecano de la Facultad de Estudios Jurídicos y Políticos de la Universidad Metropolitana no se considera un gurú de los nuevos tiempos, ni mucho menos. Pero llama la atención sobre las fortalezas que todavía persisten en los venezolanos.

En conversación con contrapunto.com -a propósito de la publicación de un artículo en la revista Democratización del Instituto de Estudios Políticos Forma-
habla sobre el sistema judicial, la política y los políticos y, también, la ley antibloqueo.

“El sistema judicial venezolano funcionaba bastante mal. ¿Quiénes litigaban hacia 1995? Sin duda que funcionaba mal, pero al menos funcionaba. Si uno ve las estadísticas, cada vez hay menos gente que recurre al sistema judicial, sobre todo en la parte civil, mercantil. Entonces queda reducido a un aparato represivo: la parte penal”

En una reconstrucción del Estado “habría que ponerle mucha atención al sistema de justicia”, expone. ¿Por dónde empezaría? ¿Cambiaría jueces? “Esa idea de caída y mesa limpia es peligrosísima. Es un proceso muy complicado y que debe estar sujeto a muchas negociaciones” de distintos sectores. “Reconstruir el Estado es una tarea enorme. Si los académicos vamos a tener un lugar en esto, contribuiremos, pero no es seguro que podamos tenerlo. Depende de a quién le tocará hacer esa reconstrucción”.

Constituyente, contratos y la palabra

Desmenuza la ley antibloqueo. La asamblea constituyente fue “la creación de un organismo todopoderoso, que podía cambiar la Constitución” y realmente “lo único importante que ha producido, desde el punto de vista sustantivo, es esa ley constitucional, muy heterodoxa desde el punto de vista del derecho, y anómala desde todo el punto de vista. ¿Por qué no produjeron un cambio en la Constitución? Probablemente porque no había acuerdo” entre los políticos del gobierno.

-¿Qué consecuencias tiene una norma como esa para el estado de derecho?

-Es que han destruido el estado de derecho. Se ha destruido el Estado. En buena parte por la destrucción del Estado es que hay esa incapacidad para actuar. Me llamó muchísimo la atención el caso del general Rodríguez Torres. Sin duda que los grupos irregulares armados destruyen el monopolio de la fuerza, que es característico del Estado. El general Rodríguez Torres estaba por controlar de alguna manera, no muy ortodoxa, a estos grupos armados. ¿Qué ocurrió? Obviamente, no tuvo el poder para hacerlo. ¿Lo había consultado antes con el presidente? ¿No había consultado lo que iba a hacer? En todo caso el asunto fue que lo intentó y no pudo. No creo que los ministros actúen sin haberlo conversado con el presidente. En todo caso, le tocó que lo sacrificaran y ha ocurrido todo esto.

-Usted habla de la destrucción del Estado, pero la gente sigue relacionándose, sigue resolviendo y haciendo cosas, al margen del Estado o aplastada por el Estado.

-El Estado prácticamente está convertido en un grupo armado adicional a otros grupos armados. No tiene realmente un control de la fuerza. No hay un monopolio de la fuerza, que sería lo característico del Estado. Ha habido una destrucción, no solo de las empresas del Estado, sino también de los organismos del Estado. El Poder Judicial está destruido. Una de las preguntas que a mí me interesa es qué significado tienen los contratos si no se puede ir a los tribunales. Cuando la gente hace un contrato y alguien incumple el remedio es ir a los tribunales. Ahora se hacen los contratos, sabiendo que no se puede ir a los tribunales. ¿Qué sentido tiene entonces el contrato? Los contratos que estoy viendo ahora tienen dos cosas: establecen una cláusula de arbitraje; en caso de conflicto vamos a buscar unos árbitros, que es una forma no estatal de resolver el conflicto. La otra cosa, que ocurre con más frecuencia, es que los abogados negocian. Como ninguno de los abogados quiere ir ante el tribunal llegan a una solución; la solución es negociada. El contrato se ha convertido en una promesa solemne, se lleva ante la notaría para solemnizar y poner claro cuáles son nuestras obligaciones. No es el antiguo “pacto de caballeros”; el contrato se escribe y los abogados intervienen. El Estado está excluido.

Convivencia, no anomia

-¿Eso no habla bien de nosotros como sociedad?

-Creo que sí. Es una larga conversación que he sostenido con Roberto Briceño-León. Briceño-León sostiene que vivimos en una situación de anomia, que hemos perdido lo normativo.

-Usted dice que no.

-Estos son mis ejemplos para decir que no vivimos en un mundo anómico. Sería mucho mejor que el Estado funcionara y que el derecho funcionara como debe funcionar. Eso no quiere decir que nos hemos rendido y que Venezuela se ha convertido en un estado de naturaleza tipo Hobbes, donde nos estamos matando. Convivimos, tenemos una capacidad de convivencia y creo que eso es muy importante.

-¿A qué la atribuye?

-Tengo la impresión de que Venezuela en el siglo XX hizo un esfuerzo de modernización y se creó una clase media muy poderosa, muy numerosa. Esta sociedad ha continuado funcionando y no está dispuesta a perder sus hábitos mentales. Una vez que se ha creado un hábito ese hábito se mantiene. Esa es probablemente una de las explicaciones. Y lo otro probablemente es que estamos conscientes de la alternativa: no voy a robar a mis vecinos por varios motivos, he internalizado que no debo robar y sé que si entro en conflicto con mis vecinos va a ser un infierno. Tratamos de convivir lo más armónicamente posible. Por eso es que no se produce la guerra de todos contra todos, que era la predicción de Hobbes si desaparece el Estado.

-¿Corremos el riesgo de llegar al todo contra todos?

-No estamos en eso y espero que no lleguemos. Mi bola de cristal está muy empañada últimamente. Uno no sabe qué va a pasar en Venezuela. De pronto ese es uno de los peligros: que se produzca una violencia muy generalizada en una determinada situación. Lo que estoy viendo es que no se ha producido esa violencia generalizada, algunas personas dicen que se produce en algunos sectores de la sociedad venezolana. Mi visión de la sociedad venezolana es muy limitada, y ahora, con la cuarentena, mucho más limitada. No sé si ese estado de naturaleza existe unas cuadras más allá, pero donde yo vivo no existe esa violencia.


Estos son mis ejemplos para decir que no vivimos en un mundo anómico. Sería mucho mejor que el Estado funcionara y que el derecho funcionara como debe funcionar. Eso no quiere decir que nos hemos rendido y que Venezuela se ha convertido en un estado de naturaleza tipo Hobbes, donde nos estamos matando. Convivimos, tenemos una capacidad de convivencia y creo que eso es muy importante

-Usted dice que no hay sistema de justicia, pero algo hay. Hay sentencias, injustas o no. Hay jueces. ¿Qué es eso que hay?

-El antiguo aparato del Estado existe, pero ya no tiene las funciones del Estado. El Estado requiere tener una cierta neutralidad. El Estado, con la legitimidad propia del Estado, ya no la tiene. Para esto existen fuerzas policiales, pero en este momento tememos tanto a los policías como a los delincuentes. No hay una distinción clara entre policías y delincuentes porque el Estado ha perdido. Lo que veo es que hay determinadas áreas donde no dejan entrar a la policía porque son “zonas de paz”, son zonas controladas por grupos armados. ¿Qué quiere decir eso? Que la policía es un grupo armado más, tal vez más poderoso pero no tiene el monopolio del poder, no tiene el monopolio de la fuerza.

Negociaciones sin capacidad de decisión

-Ante la disolución del estado de derecho, ¿cuál es la vía que tenemos para dirimir los conflictos, si no son las elecciones?

-No me he planteado esa tarea. No soy político, ni los políticos me consultan.

-Una cosa es hacer un contrato y otra cosa es una situación de alcance nacional.

-Leyendo noticias parece que hay determinados momentos en los que ha habido negociaciones entre la oposición y el gobierno. Llegaron a ciertos momentos en que estuvieron cercanos a acuerdos. ¿Por qué fracasaron esos acuerdos? Sin duda, porque hay divisiones en el gobierno y dentro de la oposición. En algún momento será posible que se llegue a un acuerdo. Recientemente hubo un esfuerzo de Capriles y la Unión Europea. Eso ha podido tener éxito y destrancar el juego. Borrell dice, y probablemente es verdad, que era una negociación que la había pedido el 4G. Yo trato de leer detrás de la noticia. Probablemente hay gente que está haciendo un esfuerzo para destrancar el juego, pero, ¿por qué hay obstáculos para destrancarlo? Porque no hay nadie que tenga el poder para decidir. En el gobierno, ciertamente, no; y probablemente tampoco en la oposición.

-Usted plantea que los ciudadanos nos estamos entendiendo y estamos tratando de honrar nuestra palabra, pero los políticos no tienen palabra, no la pueden honrar.

-Tienen conflictos, y eso es normal en las personas que están en política, porque la política es un juego de poder. Yo no soy político porque no quiero entrar en el juego del poder. El que está allí es porque le interesa el poder. En política tiene que haber conflicto, pero también tiene que haber una manera de entenderse. Hasta ahora no se ha logrado. ¿No se va a lograr? Yo espero que sí. En algún momento probablemente haya un acuerdo, probablemente a un costo grande. Hasta ahora ha habido una especie de bloqueo interno para cualquier solución, pero esto es como las ollas de presión: hay que tener cuidado, una olla de presión a la que no se le deja escapar la presión en algún momento puede explotar con graves daños. Ojalá no ocurra. La ley antibloqueo me parece que es un esfuerzo para tratar de desbloquear, con muy poca probabilidad de éxito, y además, contraproducente, porque es una ley que hace los contratos secretos, es muy poco transparente y en consecuencia no puede generar seguridad jurídica. Se quieren negocios e inversiones, pero sin seguridad jurídica es complicado que lo logremos. Lo que me imagino es que es un esfuerzo que se quedará a medio camino, porque no pudieron hacer el esfuerzo completo de generar una situación que realmente tenga la capacidad de atraer capital.

-¿Es el Estado confiable como para que alguien venga, ponga dinero, proyectos?

-Usted tiene 100 millones de dólares. ¿Los va a invertir en un contrato secreto y sin muchas garantías de estabilidad política?